Óscar Puente quiere cambiar el mapa de la bicicleta en España
¿Por qué se usa tan poco la bicicleta en el país que, sobre el papel, tiene el mejor clima de Europa para pedalear? Esa pregunta la lanzó el ministro
Óscar Puente en redes sociales con un argumento incómodo: en España se recurre al clima como excusa para no subirse a la bici, mientras los países nórdicos, «más fríos y pluviosos», son los que la usan con mayor intensidad del continente. Su cierre fue tajante:
«Ese mapa hay que cambiarlo». Detrás de la frase hay un diagnóstico sobre movilidad, hábitos y orografía que ha abierto varios frentes a la vez.
Qué dijo Óscar Puente sobre la bicicleta en España
El mensaje señala una contradicción:
clima favorable y baja intensidad de uso en España, frente a frío y lluvia con el mayor uso de Europa en el norte. Puente no aporta cifras —habla de un mapa— pero sí una tesis: el argumento meteorológico no sostiene el diagnóstico. La respuesta mayoritaria no niega el dato de fondo; discute la causa. Y ahí aparece el primer frente, el geográfico.
¿Es España un país llano para ir en bicicleta?
No, y ese es el eje de la réplica. Se sostiene que
España es el país más montañoso de Europa después de Suiza, mientras los países del norte que se citan serían una llanura casi perfecta. Los desniveles no invitan a pedalear, resume otra intervención. La comparación con
Países Bajos —sin una cuesta relevante en buena parte de su territorio— aparece en el debate: el ministro estaría midiendo realidades topográficas que no admiten comparación. El debate se apoya en la experiencia, no en planes de movilidad: quien ha subido cuestas con la compra a cuestas sabe de qué se habla.
El cierzo de Zaragoza y el calor de Sevilla: el clima sí pesa
El clima como excusa tiene su propio expediente. En Zaragoza, según un relato de esos días, el
cierzo soplaba a 50 km/h y hubo que empujar la puerta del coche con todo el cuerpo; un contenedor de basura orgánica acabó arrastrado por el viento. En
Sevilla, el ejemplo recurrente es pedalear en julio. La costa norte añade otra variable: ir a trabajar a las seis de la mañana, dos valles más allá, supone una hora de ida y otra de vuelta. El clima nórdico es más frío, sí, pero también más llano y, según se repite en el hilo, con una red ciclista mucho más desarrollada que la española.
La acusación de hipocresía: avión, limusina y coche oficial
Una parte del debate no discute la idea, discute al mensajero. Circula un mensaje según el cual una ministra socialista española habría viajado en avión privado a una conferencia sobre clima y,
100 metros antes del recinto, habría bajado de la limusina para subirse a una bicicleta con los coches de seguridad detrás. En el plano personal, varios reproches apuntan a que el propio ministro no predica con el ejemplo y le emplazan a hacer él ese recorrido, con referencias a coche oficial y chófer. Hay también quien defiende lo contrario: ejecutivos y cargos públicos a menudo no pueden moverse en bici sin generar otro problema mayor.
Carriles bici que se quitan y patinetes que se multan
La crítica se vuelve concreta cuando baja al asfalto. Se recuerda que en
Valladolid se están retirando carriles bici antes impulsados, y que el
patinete eléctrico —más práctico para trayectos cortos, según varios testimonios— acumula multas, regulaciones y prohibiciones de acceso al tren sin que se habiliten zonas donde dejarlo. La comparación internacional juega en contra: hay quien cifra en
100 años de ventaja la infraestructura ciclista del resto de Europa. Quien sí pedalea aporta su parte: años de uso, patinete eléctrico cuando no puede llegar sudado al trabajo y renuncia a coche de empresa y a un chófer compartido.
Hábitos: el coche hasta para el desplazamiento ridículo
Fuera del terreno puramente geográfico, aparece el argumento del hábito. Se sostiene que en España hay más sobrepeso que en el entorno europeo porque mucha gente
no anda más de diez minutos al día y coge el coche para cualquier trayecto mínimo, y que los patinetes eléctricos apenas se ven fuera de Italia y Francia. La contrarréplica es de practicidad: en ciudades más o menos llanas, la bici ahorra tiempo real en trayectos no largos, aunque se pierda comodidad. Ese es, quizá, el punto donde las dos corrientes podrían encontrarse.
Cambiar el mapa es la parte fácil: se hace en un mensaje y se cierra la aplicación. Lo otro es pedalear a 30 grados subiendo una cuesta, con 50 km/h de cierzo de cara y el carril bici recién levantado. Ahí el mapa se cambia solo, y siempre en el mismo sentido.