40 € por cabeza: el hilo se parte entre normal y barbaridad
El tramo arranca con el reparto de la mesa. El que pagó aclara que los 400 gramos de tira eran para él y que el pollo se lo comió su pareja, que no prueba la tira, ni la entraña, ni el vacío, ni el ojo de bife. Con eso encima de la mesa, la conversación deja de ser una cuenta y se convierte en un juicio sobre la categoría entera. El hilo se parte en dos y ya no se mueve.
Qué se ha sabido
Primero, que hay quien no ve el problema por ningún lado. «Aunque sea un argentimo, 40€ por comer a la carta es lo normal ahora, y aun es barato», suelta un forero. Otro pregunta directamente qué se supone que hay que opinar, si mucho o poco. Y un tercero despacha el asunto en tres palabras: poco le parece.
Frente a eso, dos cuentas nuevas que sirven de vara. La primera la trae alguien que fue a cenar y se quedó horrorizado: cuatro personas, cuatro gildas, cuatro aguas con gas, dos cervezas, una tapa de ensaladilla rusa y una tosta de camembert, **45 euros**. Los platos del menú, **25 euros** cada uno. La segunda: un restaurante de barrio, tres personas, **50 euros** con bebidas incluidas.
Alguien echa números sobre la propia mesa del asador: aperitivo y pan (6 euros), asado (22,50) y mollejas (15,20), sin empanadas ni pollo, se queda en **43,7 euros**. Y un defensor del asador pone un precio de referencia para el churrasco: unos **12 euros** por 250 gramos,
casi a precio de súper.
Entra también la contabilidad del negocio. Un forero cuenta que un amigo suyo regenta un restaurante argentino en zona muy céntrica y que entre costes de personal y comida no saca beneficio. Otro añade que la mitad se va en impuestos y que aquí no hay robo. Y llega un vídeo al hilo, que se comenta en varios mensajes:
Dos apuntes más que aparecen: alguien pregunta si eso está en Murcia ciudad, porque el hilo sigue sin saber la zona. Y sobre la bebida, que pegaría una cerveza Quilmes, y que otro preferiría un Malbec mendocino.
Dónde está la bronca
El choque es el de siempre, pero con nombres nuevos en la lista de lo que no debería estar ahí. Las empanadas y la pechuga no son productos que justifiquen la etiqueta, dice uno, que en cambio ve razonables la molleja y el churrasco. Del aperitivo opina que no es caro, «otra cosa es la movida» de ponerlo sin que lo pidan.
Hay una corriente que recorta por el lado fácil: sobran las mollejas. «Con las empanadas y el aperitvo suficiente y te ahorras quince euros», resume un participante, que además avisa de que en un costillar hay más hueso que carne al peso. Y de paso suelta el reproche viejo: la carne se cocina demasiado y luego hay que disimularla.
La ristra de lo que sí sería premium la completa otro forero: lechazo, costillar en condiciones, entrecot, chuletón. Todo con su botella de vino. El pollo sigue siendo el punto flaco: pedirlo en un argentino provoca mofa directa. Alguien defiende que la tira no es dura por ser tira, sino por la carne y el corte: si va fina, zapato; si va como se corta allí, con más de tres centímetros, delicia. Y otra experiencia de viaje: la carne pedida cruda llegaba hecha igualmente; las empanadas, en cambio, bien.
Sobre el reparto, nadie se aclara: si los 400 gramos de vacuno eran para uno y el pollo de relleno, o si era todo para compartir. El que pagó lo zanja: el pollo era para ella y él se quedó con la tira. También hay quien pide calma: «es tu dinero, y te lo gastas en lo que quieras, faltaría más». Y una parte minoritaria extiende la queja al origen: sostiene que a esta cocina hay que comprarle por lo que vale y no por lo que ella cree que vale.
Dos participantes coinciden en que a un asador se va a comer carne y punto. Uno sostiene que quien se escandaliza por el ticket se equivoca, porque salir a comer fuera es lo que tiene. Otro añade que a un argentino no se va a vivir una experiencia gastro, y de paso corrige al que presume de menú barato.
Qué cambia respecto a antes
Que nadie defiende ya el escaparate. La palabra premium ha desaparecido de la conversación sin que la recoja nadie. El foco se ha movido del restaurante a la disyuntiva de siempre: pagar la experiencia o cocinar en casa. Y entran dos cosas que antes no estaban: la contabilidad del dueño y las alternativas con precio. También se compara hacia abajo: alguien respira porque al menos no se acabó en una cadena de comida rápida. Y un forero que cena con agua con gas habitualmente defiende la elección sin drama,
lo hace muchas veces, sobre todo con sus hijos, y tan feliz.
La receta y el cálculo
Un participante deja una receta entera para desmontar el ticket. Cuartos de pollo al horno sobre un lecho de patatas en rodajas, cebolla en juliana y cinco dientes de ajo. **45 minutos a 200 grados**, se le da la vuelta al pollo y otros 45. Comida «buena como para inflarte» y muy barata. Otro se queda con la mitad del menú y resume la duda del tramo: con aperitivo, asado y mollejas ya se come, así que lo demás sobra.