Del resbalón al escupitajo: lo que irrita al caminar
Para los participantes del hilo, caminar por la calle ha dejado de ser caminar; es una gimcana. Lo que les saca de quicio no es un enemigo único, sino una suma de ellos, y casi todos comparten un rasgo: la sensación de que la acera pertenece a cualquiera menos a quien va a pie. El
resbalón por algo tirado en el suelo es el primero de los agravios que se citan; los excrementos caninos también aparecen.
Lo que se pisa, lo que se escupe y lo que se fuma
El punto de partida es prosaico: pisar una sustancia que alguien ha abandonado en la vía pública y acabar en el suelo. Quien lo plantea insiste en el peligro real de la caída, no en la asquerosidad. A partir de ahí, el inventario de
incivilidades urbanas crece:
esputos en la acera, excrementos sin recoger y fumadores que fuman al cruzarse. Hay quien sostiene que el humo molesta más que los propios excrementos caninos, porque estos se ven venir si uno mira al suelo. El humo, no.
Patinetes, corros y móviles: la acera como campo de batalla
El segundo bloque de quejas tiene que ver con el espacio. Puentes peatonales estrechos donde ciclistas y patinetes cruzan sin bajarse; corros parados en zonas de paso que esperan que uno pida permiso; y, sobre todo,
peatones absortos en el móvil. La escena repetida: una terraza entera sin una sola cabeza levantada, cada uno con lo suyo. A eso se suma el ruido (cláxones para saludar, motos, música continua, silbidos de desconocidos al cruzarse) y una parte del malestar que se proyecta sobre colectivos enteros mediante generalizaciones que el propio intercambio no respalda.