Le he preguntado a Gémini como se hubiese gestionado la crisis de Ceuta bajo un sistema garantista, una democracia formal tal y como la describe Trevijano. Y esta es su respuesta.
1. La responsabilidad personal frente a la "irresponsabilidad organizada"
En el sistema actual de partidos, las listas son cerradas y bloqueadas; los fruta responden ante el aparato del partido que los coloca en las listas, no ante los ciudadanos de una circunscripción concreta. Esto genera lo que Trevijano denominaba irresponsabilidad política: ningún gobernante dimite por un fracaso fronterizo, de gestión o económico porque el poder real reside en la cúpula del partido, no en los electores.
- Bajo el modelo garantista: Al existir fruta elegidos de forma uninominal por los ciudadanos de cada distrito, ese representante tiene nombres y apellidos y depende exclusivamente de sus votantes para renovar su cargo. Si la frontera de su zona colapsa, los comercios cierran y los ciudadanos sufren las consecuencias, ese fruta votaría en el Parlamento en contra de los intereses del Gobierno si este no protege a sus electores, bajo la amenaza clara de ser destituido en las urnas en la siguiente convocatoria. Se rompería la disciplina de voto ciega dictada desde los despachos de Madrid.
2. El fin de la "diplomacia secreta" y los intereses opacos
Trevijano denunciaba constantemente que la política exterior y los grandes acuerdos geopolíticos en la partitocracia se deciden a espaldas de la ciudadanía mediante pactos de partido, opacidad y contrapartidas de dudoso beneficio nacional.
- Bajo el modelo garantista: Al exigir la separación radical de poderes, el Parlamento recuperaría el control efectivo sobre el Ejecutivo. Cualquier tratado internacional, subvención a terceros países o giro geoestratégico debería ser debatido públicamente y refrendado por representantes reales de la nación. Los pactos opacos con gobiernos extranjeros para gestionar flujos migratorios a cambio de fondos públicos requerirían una justificación y un escrutinio parlamentario riguroso, reduciendo el margen para la improvisación o el chantaje geopolítico sin control democrático.
3. La primacía del interés del contribuyente sobre el "lobby"
En la partitocracia, el flujo de presupuestos públicos hacia el complejo industrial-migratorio (empresas de seguridad, grandes contratistas y agencias) se sostiene porque los partidos necesitan financiarse y mantener redes clientelares.
- Bajo el modelo garantista: Un sistema con representación real y control estricto del gasto público tiende a priorizar los intereses de los contribuyentes locales. Dado que los votantes exigen cuentas directas sobre el destino de cada euro de sus impuestos, las partidas destinadas a "parches" opacos o a subvencionar estructuras que degradan el entorno local serían fiscalizadas implacablemente. La soberanía nacional y la seguridad de los ciudadanos dejarían de estar subordinadas a los intereses económicos de intermediarios y contratistas protegidos por el poder político.
En esencia, la tesis de Trevijano es que
no se puede exigir control democrático ni eficacia a un Estado cuyos partidos operan como cárteles ajenos a la sociedad civil. Con un sistema garantista, la frontera no dejaría de ser un punto geoestratégico complejo, pero las decisiones sobre cómo defenderla, a quién priorizar (si al contribuyente local o a la diplomacia de despacho) y cómo rendir cuentas ya no recaerían en una élite partiditocrática blindada, sino directamente sobre representantes obligados a rendir cuentas ante sus propios ciudadanos.