A ver, centrémonos: sobre los ingenieros hay mucho misticismo. Un ingeniero es una persona que ha superado una carrera de 3 o 5 años (antes), ahora de 4 más un máster. Tiene un barniz muy genérico y poco práctico sobre muchas tecnologías o ciencias, y se ha especializado en una, repito, además de forma muy teórica.
Esperar que un ingeniero salga al campo, al taller, etc., y se imponga a un operario que lleva 20 años manejando un torno, tirando cable o apilando ladrillos es de una ingenuidad supina.
Mucha gente oye la palabra “ingeniero”, “médico” o similar y piensa en Sheldon Cooper o el Dr. House, cuando la realidad es que es una persona más, con su carrera, y que el verdadero conocimiento lo adquiere en el campo de batalla, sea un hospital o un taller.
¿Que un ingeniero, en general, ha demostrado capacidad de sacrificio y una inteligencia mínima para resolver ciertos problemas? Sí, pero nada más.
Lo digo con conocimiento de causa: he estado en ambos lados de la barrera, me he curtido tanto en el taller como en la carrera y conozco bien las limitaciones de ambos puntos de vista.
Estudié ingeniería técnica en los 80. La formación era mala entonces, es muy mala ahora y lo será todavía peor en el futuro. Entre otras cosas porque está despegada por completo de la realidad. Una parte importante de este problema es debido a la ley de incompatibilidades.
Al principio de mis estudios, todavía había profesionales en ejercicio dando clases en la Escuela. A mi me dio clase el director de taller de Giesa, varios ingenieros de ERZ, luego ENDESA, etc. Gente que se ganaba la vida haciendo exactamente lo que te contaban en clase.
La ley de incompatibilidades hizo que la asignatura de circuitos eléctricos y electrónica industrial la pasaran a impartir físicos especializados en Óptica. Gente que se limitó a hacer un acercamiento teórico al asunto, puramente algebráico. Que, obviamente, olvidamos todos tan pronto como repartieron las notas.
En otras carreras no es diferente. Por mis trabajos han pasado bastantes becarios/as. En un trabajo tenía becarios de un máster de Comercio internacional. La primera reunión era siempre para hablar del IVA. Economistas o graduados en ADE con un master terminado a falta de las prácticas, que no sabían, en absoluto, como funcionaba el IVA.
La Universidad española debe hacer, desde mi punto de vista varias cosas para mejorar. La primera, como sociedad, tenemos que crear una oferta formativa que la desmasifique. No puede ser que la Universidad sea deficiente, pero sea, para colmo, lo único.
Lo siguiente es recuperar al profesional al que se la hicieron abandonar. Yo, todavía tengo relación con algunos chavales que fueron becarios míos y, a veces, me han llamado para comentarme ofertas de trabajo a ver qué me parecían y cosas así. Existe una carencia absoluta de prácticas útiles, de mentoraje y de contacto con el mundo real. Unas prácticas en las que te dedicas a hacer fotocopias no son útiles a nadie. Unas prácticas donde tu mentor te desmenuza su trabajo, que más tarde será muy parecido al tuyo, éso sí es útil.
La universidad no sirve a la sociedad ni al tejido económico/laboral. Es un fin en sí misma, un monstruo endogámico enorme, inmóvil y, como tal, poco útil.