Yolanda Díaz propone un impuesto a distribuidoras para abaratar la cesta
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha planteado la necesidad de crear un impuesto a las distribuidoras alimentarias para combatir el precio de la cesta de la compra, que considera «imposible» para mucha gente trabajadora. La propuesta ha generado un rechazo casi unánime entre los participantes del debate, que advierten de que el coste acabará recayendo en el consumidor final.
El impuesto a las distribuidoras no bajará el precio, lo subirá
El argumento más repetido es el de la incidencia fiscal. Un impuesto a las distribuidoras, señalan, se trasladará a los precios que paga el cliente. «Si subes los impuestos a las distribuidoras, estas subirán el precio para compensar», resume una idea que aparece en múltiples mensajes. La conclusión es que la medida no solo no abarataría la cesta, sino que la encarecería aún más, justo lo contrario de lo que se anuncia.
Hay quien va más allá y sostiene que el verdadero problema no es el margen de las grandes superficies, sino la maraña de intermediarios. Un participante con experiencia en el sector agroalimentario describe una comisión del 1,5% que se cobra en la compra al agricultor, incluso cuando el comprador es el propio dueño de la empresa. «La venta eran unos 60K, por lo que la comisión eran casi 1000€», relata. Ese tipo de prácticas, defiende, encarecen el producto sin aportar valor.
La alternativa que no se menciona: bajar el IVA de los alimentos
Frente al impuesto, varios mensajes proponen justo lo contrario: eliminar o reducir el IVA de los alimentos. «La cuestión es bajar el IVA de la comida al puto 0%», se lee. Se argumenta que en países como Reino Unido el tipo es del 0% y que la comida no debería tener un impuesto de lujo. El cálculo que se lanza es que, para una renta baja, el IVA puede llevarse casi un quinto del sueldo, lo que convierte la alimentación en un bien casi prohibitivo. La crítica de fondo es que el Gobierno prefiere subir impuestos para luego repartir subsidios antes que aliviar la carga fiscal directa.
El trasfondo político: desgaste y promesas incumplidas
La propuesta de Díaz se interpreta también como un movimiento político. Se recuerda que en la anterior campaña electoral prometió 20.000 euros a cada joven al cumplir 18 años, una promesa que nunca se materializó. «Cada vez que llegan elecciones tiene alguna para captar votontos», critica un mensaje. Otros ven en la medida un intento de marcar perfil propio dentro del Gobierno y de mantener su relevancia pública. La discusión deriva en ocasiones hacia el desgaste de la coalición y el papel de Díaz tras la debacle de Podemos.
El fantasma de la escasez y los paralelismos con Cuba o Venezuela
Algunos mensajes llevan el debate al extremo y comparan la situación con la de Cuba o Venezuela, sugiriendo que el intervencionismo acabaría con la cesta de la compra tal y como la conocemos. «No habrá cesta de la compra. No grande ni pequeña ni barata ni cara», ironiza un participante. Son los menos, pero reflejan una corriente que ve en cualquier impuesto a la distribución un paso hacia el racionamiento. La mayoría, sin embargo, se centra en la crítica económica ortodoxa: los impuestos se repercuten.
El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende. Pero eso queda para quien quiera bucear en los detalles. Lo que está claro es que, con estos mimbres, la cesta de la compra seguirá siendo un rompecabezas para el legislador y un quebradero de cabeza para el consumidor.