Vox no convoca 6.000 euros al premio de poesía Miguel Hernández
El área de Cultura del Ayuntamiento de Orihuela, dirigida por el concejal de Vox Gonzalo Montoya, no ha convocado la ayuda nominativa de 6.000 euros que la Fundación Miguel Hernández venía recibiendo desde principios de la década de 2000 para sufragar los gastos de convocatoria y fallo del Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana. Montoya ha justificado la decisión, según la información publicada, en un doble argumento técnico: la Fundación no habría justificado correctamente el gasto y el premio ya recibe otra ayuda pública, lo que constituiría una duplicidad. Los mismos técnicos municipales no habrían detectado esa duplicidad en las dos décadas anteriores, según la misma información.
Una subvención que sobrevivió a todos los gobiernos
La ayuda ha sido validada con gobiernos de distinto signo: mayoría absoluta del Partido Popular, tripartito de PSOE, Los Verdes y CRL, y ocho años de coalición entre PP y Ciudadanos. Según el concejal Montoya, los 6.000 euros ni se han gastado ni se han transferido a otro departamento.
La Fundación Miguel Hernández, creada en 1994, cogestiona con el Ayuntamiento la Casa Museo del poeta, que con 28.000 visitantes anuales es el museo más demandado de Orihuela, por delante del Museo de Arte Sacro del Obispado, el Museo de la Muralla y espacios como la Catedral del Salvador, según la información publicada. El concejal no ha asistido a ninguno de los actos convocados por la Fundación en los últimos meses, según fuentes municipales.
¿Cuánto cuesta mantener un premio literario?
El galardón está dotado con 8.000 euros para el ganador, según la información disponible sobre la edición anterior, en la que resultó premiado el poeta canario Pedro Flores por su poemario Tocar de oído. A esa cantidad hay que sumar los gastos de convocatoria, jurado y fallo que cubría la subvención municipal ahora no convocada.
Hay quien sostiene que un premio literario no necesita dinero público para existir: basta con que los interesados se organicen y lo financien a escote. En contra pesa el argumento de que el premio forma parte del ecosistema cultural de una ciudad que tiene en Miguel Hernández su principal activo simbólico, y que la Casa Museo genera un flujo de visitantes que ningún otro equipamiento municipal iguala.
El debate de fondo: ¿cultura o propaganda?
Una parte del análisis sostiene que fundaciones, premios y observatorios culturales funcionan en la práctica como canales de financiación de determinadas sensibilidades ideológicas, y que quien quiera poesía tiene hoy internet para publicarla gratis. Otra corriente defiende que la poesía no tiene precio y que retirar fondos a un certamen internacional por motivos técnicos discutibles es una forma de censura presupuestaria.
Entre ambos extremos, una posición intermedia señala que el problema no es el importe sino el procedimiento: si hay duplicidad de subvenciones o justificación defectuosa, lo lógico es corregirlo, no eliminar la ayuda. La contradicción, señalan, es que los técnicos no vieron nada anómalo durante veinte años.
Con estos mimbres, la pregunta no es si 6.000 euros son mucho o poco. Es si un ayuntamiento puede decidir qué cultura merece subvención sin que la decisión se lea como un ajuste de cuentas ideológico. Y si la respuesta es que sí, conviene explicar por qué el criterio cambia justo cuando cambia el color del gobierno.