Cierra el taller de Xove y concentra a sus 16 empleados en Foz
¿Cuántos negocios cierran porque de verdad no encuentran a nadie y cuántos lo hacen porque esa sede ya no da dinero? Talleres Armando bajó la persiana de su taller de Xove el
30 de diciembre, después de nueve años en el polígono industrial. El motivo que da la familia propietaria es la falta de personal: el detonante fue la
baja de un operario en la central de Foz y la imposibilidad de encontrar sustituto. «Tiro la toalla, porque estoy harto. No hay forma de encontrar personal», resume uno de sus responsables.
Los cuatro operarios de Xove se han trasladado a las instalaciones de Foz, donde ahora trabajan
16 personas. La firma, fundada hace
45 años, llegó a tener tres talleres —Foz, Ribadeo (Automóviles Puerta Norte) y Xove— y sostiene que no puede mantener tres centros «pendientes de un hilo», a expensas de que alguien cause baja. Conserva teléfonos, correos, recogida y entrega de coches a domicilio, el trámite de la ITV y
seis grúas con asistencia en carretera 24 horas los 365 días del año.
Hasta aquí el relato empresarial. El problema empieza cuando alguien pregunta por qué una baja temporal obliga a cerrar una sede entera.
¿Por qué cierra un taller por la baja de un solo operario?
Ese es el punto que chirría. Un negocio con tres sedes, dieciséis trabajadores en la matriz y cuatro personas recolocadas sin drama no cierra un centro por una baja: cierra un centro porque le sobran metros, alquiler, luz y una estructura que mantener. Concentrar la plantilla en Foz recorta costes fijos y, de paso, deja al cliente de Xove con veinte o veinticinco minutos más de coche cada vez que deje el vehículo.
La propia empresa asume el precio: «Supongo que perderemos algunos clientes». Hay quien lee en esa frase el verdadero motivo del movimiento, y no la falta de mecánicos. La explicación se apoya, literalmente, en una sola persona de baja. Para una decisión de ese calado, es poco andamiaje.
¿Cuánto cobra un mecánico y cuánto factura a su jefe?
Aquí el asunto se ensancha. El convenio del metal se presenta a menudo como uno de los mejor pagados del país; los números que se manejan en el propio sector cuentan otra cosa. Mecánicos especializados en vehículos industriales, un perfil escaso y difícil, con sueldos de entre
1.000 y 1.200 euros mientras el taller factura por su trabajo más de
3.000 euros al día, según los cálculos que circulan entre quien conoce el gremio. En un servicio oficial de ciudad se habla de
1.800 euros, con algún sábado por libre en el que se sacan
doscientos euros en una mañana.
La sospecha es razonable: si el problema fuera solo el relevo generacional, subir el sueldo resolvería buena parte de la papeleta. Hay quien apunta que con 1.300 euros netos al mes se vive bien en esa comarca. Lo que no se sostiene es exigir vocación, pagar el mínimo y añadir veinticinco kilómetros de coche al día por cuenta del trabajador.
Xove: unos 3.000 habitantes y hora y media hasta Lugo
Hay un factor que ninguna nómina compensa del todo. Xove es un municipio de
3.000 habitantes en el extremo norte de Galicia. Lugo, la referencia urbana más cercana, queda a hora y media de carretera. No hay tren, no hay aeropuerto y el autobús de línea se cuenta con los dedos. Con ese punto de partida, atraer a un mecánico joven de fuera exige un sobreesfuerzo salarial que la cuenta de resultados de un taller pequeño no aguanta.
El trasfondo es demográfico. Una de las comarcas más envejecidas de Europa no genera aprendices locales suficientes para cubrir las jubilaciones de oficios que requieren años de mano y vista.
El horario de 8:00 a 16:30 que no le sirve al cliente
La empresa presume de haber cambiado el horario para facilitar la conciliación: antes de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 19:00, ahora de
8:00 a 16:30, salvo en grúa, alquiler de vehículos y ventas. Sobre el papel suena hasta moderno. En la práctica, el cliente que trabaja no puede dejar el coche a las cinco y media de la tarde, ni reclamar una reparación a media mañana sin pedir permiso.
El dato que desmonta el argumento es otro: el conductor medio visita el taller
1,2 veces al año. Una visita anual no se acomoda a la jornada del empleado. Alguien tiene que ceder, y en un negocio de servicios cede quien paga la factura.
¿Y si el problema es que nadie quiere formar a nadie?
Mientras se habla de falta de vocaciones, la Formación Profesional de automoción no deja de sumar matrículas. La queja inversa también circula: talleres que no cogen alumnos en prácticas porque «no valen ni para cambiar una batería» y, a la vez, empresas que piden experiencia previa y pagan como a un aprendiz. Nadie quiere poner los años de formación.
Formar a tu propio personal, ese sacrilegio. Mejor esperar a que lo forme otro, ofrecerle cincuenta euros más y, cuando se marche, lamentar en voz alta que ya no hay gente que aguante.