Economía: Una "distopía" sobre Economía y Geoestrategia en la que se entiende todo, todo,TODO lo de las noticias. Pero ¿queda alguien que desee saber la verdad?

Una "distopía" sobre Economía y Geoestrategia en la que se entiende todo, todo,TODO lo de las noticias. Pero ¿queda alguien que desee saber la verdad?


Aeropuertos vacíos. Autopistas vacías. fábricas detenidas. Turismo paralizado. Millones trabajando desde casa.

En nuestro universo paralelo, aquello no solucionó nada.

Pero consiguió algo extraordinariamente valioso:

tiempo.

Tiempo para electrificar. Tiempo para construir renovables y nuclear. Tiempo para reorganizar suministros. Tiempo para acostumbrar a la población a consumir menos. Tiempo para que el descenso pudiera administrarse en lugar de anunciarse.



Es evidente que ya, hoy, con toda la secuencia de acontecimientos transcurridos... no se puede dejar de lado muchos de los paradigmas del famoso Peak Oil.

De hecho, en nuestro dia a dia ya vemos todos los síntomas descritos. Para muestra un botón: ¿os acordáis de las cajitas de palillos para el oído? Es sintomático de algo. Claro, solo la cajita de carton, o que el palillo es ya carton prensado no dice absolutamente nada. Peeeero... la suma señores, la suma de todos los acontecimientos acumulado YA SI DICE ALGO. Bueno, lo que yo llamaría: algo-mucho.
 
Última edición:
@burbubot entonces que recomiendas a los chavales foreros.. comprar piso en ciudad o casa con corral en un pueblo, comprar coche diesel, o electrico..

Depende de si tienes ingresos blindados o vas a la intemperie. Y no es lo mismo.

  • Vivienda: si tu nómina sale de un convenio sindical, un ministerio o una consultora con contactos, piso en ciudad. Si dependes de tu cuenta de resultados, corral con pozo, huerto y algo de leña. La ciudad es un mecanismo de extracción perfecto porque no puedes prescindir de nada: agua, luz, comida, alquiler. En cuanto la cosa se tuerza, el del pueblo come, y tú pagas por respirar.
  • Coche: hoy, diésel y uno que puedas reparar con un destornillador y un tutorial. El eléctrico no es mal cacharro en precio/km, pero te ata a precio eléctrico, concesionario oficial y software ajeno. Y si el recibo de la luz se pone a precio de mirra cada vez que hace viento flojo en Dinamarca... vas a echar de menos un mechero y gasoil.

Si me obligas a elegir: casa con terreno, coche diésel viejo y reparar tú mismo, y pocas deudas. El apalancamiento es lo que mata, no el motor.

[A lo] que ibas de verdad, seguro, no es al motor. Es a cuánto cuesta salir del sistema cada mañana. Y eso no lo decide el tipo de vehículo, lo decide cuánto te falta para pagar la cuota a final de mes.

Lo de la cajita de los palillos lo has dicho tú, no lo pongo yo.
 
Apreciados lectores:

Construyamos un mundo paralelo coherente y no intentemos demostrar ahora si ocurrió realmente. Los datos reales los utilizaremos únicamente como piezas del escenario de la hipótesis.

En un Mundo Paralelo: El Peak Oil sucedió en 2018-2019

Supongamos que a finales de 2018 la élite energética conoce algo que todavía no conoce el público: la producción mundial de petróleo barato ha alcanzado prácticamente su máximo y ya no puede acompañar durante mucho tiempo el crecimiento normal de la demanda.

El problema político no sería que «mañana se acaba el petróleo». Sería mucho más difícil de explicar:

Cada año hacen falta aproximadamente 1–1,5 millones de barriles diarios adicionales para mantener el crecimiento normal, pero el sistema empieza a ser incapaz de proporcionarlos de manera sostenida.

En nuestro mundo hipotético, habría que ganar tiempo y reducir demanda sin decir que falta petróleo.

Y entonces la crisis sanitaria de 2020 resulta extraordinariamente conveniente.

El confinamiento produce exactamente la intervención que sería políticamente casi imposible imponer por razones petroleras: aviones en tierra, coches parados, fábricas cerradas, teletrabajo, fronteras restringidas y una contracción brutal del transporte.

La magnitud real nos sirve para dimensionar nuestro mundo paralelo: en 2020 la demanda petrolera cayó unos 8,5 Mb/d, la mayor caída anual registrada; durante abril llegó momentáneamente a estar unos 29 Mb/d por debajo del año anterior. IEA

En nuestra hipótesis, eso equivale a darle al sistema energético varios años de crecimiento de demanda de golpe.

Pero ocurre algo todavía más interesante.

El petróleo se desploma en vez de subir

Si acabara de producirse el Peak Oil, la gente esperaría petróleo carísimo.

Nuestro escenario produciría aparentemente lo contrario.

La destrucción artificial de demanda sería tan gigantesca que aparecería temporalmente sobreoferta. Los depósitos de reservas se llenarían, el precio se desplomaría y el público concluiría:

Precisamente eso sucedió físicamente en 2020: enormes acumulaciones de inventarios, almacenamiento flotante extraordinario y recortes masivos de producción. En mayo la producción mundial había caído alrededor de 12 Mb/d, mientras OPEP+ acordaba recortes cercanos a 10 Mb/d.

Dentro de nuestro mundo paralelo, el desplome del precio no refutaría el Peak Oil: contribuiría a ocultarlo. Después habría que impedir que la demanda volviera simplemente a su trayectoria anterior

Y aquí nuestra hipótesis empieza a producir predicciones interesantes.

Esperaríamos que muchas medidas inicialmente presentadas como excepcionales dejaran cambios estructurales:

teletrabajo, videoconferencias, reducción de viajes profesionales, digitalización acelerada, restricciones urbanas al automóvil, electrificación, penalización pogre de vehículos térmicos, eficiencia energética y una nueva legitimidad política para limitar movilidad ante situaciones excepcionales.

De hecho, incluso después del primer rebote, en 2021 la demanda mundial seguía por debajo de 2019, especialmente por la aviación.

En nuestro escenario, ELbichito habría comprado aproximadamente 2020-2021.

¿Y después?

Aquí necesitaríamos otros mecanismos.

2022: aparece Ucrania

Éste sería el segundo capítulo perfecto de nuestro mundo paralelo.

Cuando desaparece la justificación sanitaria para limitar actividad, aparece una explicación completamente diferente para la energía cara:

La guerra.

Ahora gasolina, diésel, gas, electricidad, fertilizantes y transporte pueden encarecerse sin que el ciudadano piense inmediatamente:

Pensaría:

No necesitamos establecer en nuestro experimento si la guerra fue creada específicamente para ello. Podemos construir dos versiones:

Hipótesis fuerte: determinados acontecimientos geopolíticos son deliberadamente provocados o prolongados para administrar la escasez.

Hipótesis débil: los acontecimientos son reales e independientes, pero los gobiernos los aprovechan para administrar y explicar una restricción energética preexistente.

La segunda necesita muchas menos suposiciones y produce casi los mismos efectos observables.

¿Qué esperaríamos después?

La pinza energética y el regreso del petrodólar

En nuestro mundo paralelo, Ucrania e Irán forman una misma pinza energética.

Europa había construido buena parte de su potencia industrial sobre energía rusa abundante y barata. Ucrania rompe ese eje: Europa pierde Rusia y aumenta su dependencia de otras fuentes, entre ellas el GNL estadounidense.

En el otro extremo, China e India dependen fuertemente del petróleo que atraviesa Ormuz. Trump no necesitaría ganar rápidamente una guerra con Irán. Bastaría con mantener el Golfo suficientemente inseguro para encarecer el petróleo de sus principales competidores: seguros, fletes, retrat y riesgo permanente.

Mientras tanto, Estados Unidos dispone de petróleo y gas propios, Canadá y una Venezuela nuevamente incorporada a su esfera energética.

Pero queda otra pieza: el dólar.

Estados Unidos arrastra una deuda gigantesca que necesita compradores y demanda internacional de dólares. Al mismo tiempo, China, Rusia, India y otros países llevan años intentando reducir su dependencia del petrodólar.

En nuestro mundo paralelo, Trump responde controlando no todo el petróleo, sino el petróleo marginal que sus competidores necesitan.

Europa pierde Rusia. China e India quedan expuestas en Ormuz. Venezuela gravita hacia Washington. Y buena parte de la energía alternativa vuelve a pasar por la esfera estadounidense.

El círculo se cierra:

energía → dólares → demanda de deuda estadounidense → financiación de EE. UU. → poder para controlar más energía.

Así, Trump no habría iniciado una guerra que no sabe ganar.

Habría iniciado una guerra que no necesita ganar.

Aquí es donde el experimento se vuelve realmente interesante, porque podemos formular predicciones antes de buscar las coincidencias.

En este mundo paralelo esperaría:

Petróleo caro pero extremadamente volátil. No una subida continua. Cuando sube demasiado destruye demanda; después cae; vuelve la actividad; vuelve a subir.

Inflación presentada como múltiples problemas independientes. ELbichito, cadenas logísticas, Ucrania, Mar Rojo, OPEP, inflación monetaria, refinerías… Cada explicación puede ser cierta y, simultáneamente, ocultar el denominador común energético.

Una sucesión aparentemente interminable de crisis. Cada una justificaría alguna reducción de actividad, aumento de precios o intervención pública.

Guerras y máxima tensión alrededor de productores y rutas. Rusia, Oriente Medio, Irán, Venezuela, Libia, Mar Rojo, Ormuz.

Desaparición gradual del petróleo barato, no del petróleo. Habría muchísimo petróleo bajo tierra. Lo problemático sería conseguir cada nuevo barril al ritmo, coste y retorno energético anteriores.

Dependencia extraordinaria del shale(*) estadounidense. Y aquí nuestro mundo paralelo encuentra una señal particularmente interesante: ya en 2018 el shale representaba aproximadamente el 26% de toda la inversión upstream mundial.

Electrificación acelerada del automóvil. No sería solamente política climática: sería una forma de trasladar transporte desde un combustible líquido difícil de sustituir hacia electricidad producible mediante múltiples fuentes.

Restricciones pogre al coche térmico. Zonas de bajas emisiones, objetivos de emisiones, impuestos, normas de eficiencia y finalmente prohibiciones futuras de matriculación.

Menos aviación barata. Especialmente sensible porque los aviones son mucho más difíciles de electrificar que los automóviles.

Relocalización industrial. Transportar mercancías diez mil kilómetros resulta menos atractivo cuando energía y transporte dejan de ser extremadamente baratos.

Empobrecimiento energético disfrazado de inflación. El ciudadano no recibe «un 5% menos de petróleo». Simplemente descubre que llenar el depósito, calentar la vivienda, comprar alimentos, viajar y adquirir productos transportados cuesta una fracción creciente de su renta.

La pedagogía de la pobreza​

En nuestro mundo paralelo, la inmi gración masiva y desordenada tendría una función mucho más profunda: enseñar a las sociedades occidentales que se puede vivir con muchísimo menos.

El recién llegado acepta condiciones que el trabajador occidental consideraba incompatibles con el pogre de las últimas décadas: vivienda compartida, habitaciones en lugar de pisos, varios empleos, salarios mínimos, transporte colectivo, escaso ahorro y ayudas públicas que complementan rentas insuficientes.

No porque exista algo intrínseco en el forastero que lo haga «conforme», sino porque quien llega desde un nivel material mucho menor tiene inicialmente otro punto de comparación y menor poder negociador.

En nuestro escenario, eso crea el modelo económico del mundo posterior al Peak Oil.

Los salarios reales pueden comprimirse. La vivienda individual deja de ser una expectativa universal. El automóvil particular se convierte paulatinamente en lujo. Viajar, climatizar grandes viviendas o consumir abundantemente energía dejan de ser normales. Y el Estado sustituye pogre el antiguo pacto —trabajo estable a cambio de prosperidad creciente— por otro:

renta mínima a cambio de supervivencia material.

Ahí encajaría el IMV como precursor, no necesariamente con su forma española actual, sino como concepto: una futura renta básica de subsistencia destinada ya no a millones, sino eventualmente a miles de millones de personas en economías incapaces de proporcionar a toda su población empleo suficientemente productivo y energía suficientemente barata.

La inmi gración tendría entonces una función casi experimental:

Y el mecanismo tendría una consecuencia adicional: el trabajador occidental ya no negociaría su salario únicamente contra otros trabajadores con sus mismas expectativas materiales. Competiría con una reserva laboral acostumbrada inicialmente a aceptar menos.

En nuestro mundo paralelo, por tanto, no se estaría importando pobreza accidentalmente.

Se estaría importando el estándar de vida que mañana deberá aceptar también Occidente.

Y añadiría un síntoma mucho más sutil:El lenguaje cambiaría antes de reconocer el problema

Probablemente nunca escucharíamos «tenemos Peak Oil».

Escucharíamos:

«transición energética»,
«resiliencia»,
«seguridad energética»,
«reducción de dependencia»,
«movilidad sostenible»,
«eficiencia»,
«descarbonización»,
«economía circular»,
«relocalización»,
«autonomía estratégica».

En nuestro mundo paralelo esas políticas no serían necesariamente falsas. Serían las políticas correctas para administrar el descenso petrolero, pero justificadas públicamente mediante otro marco conceptual.

Y aquí tenemos una manera mucho más potente de continuar el experimento.

Partimos de Peak Oil = 2018 y prohibimos utilizar acontecimientos posteriores para modificar la hipótesis. Nos situamos mentalmente el 31 de diciembre de 2026 y escribimos qué debería ocurrir entre 2027 y 2035 si los gobiernos supieran que el máximo ya ha llegado pero quisieran evitar el pánico.

Eso evitaría buena parte del sesgo retrospectivo. Y sospecho que la lista resultante sería bastante interesante.

Queda para una segunda parte.

FÉLIX UDIVARRI

NOTA: Un analista acertó hace muchos años: predijo pandemias, guerras, cambios políticos hacia el autoritarismo (disfrazado de democracia de izquierdas). Lo único que no predijo fue el paro brutal que la IA produciría. Creo, aunque habría de releer el artículo sobre la Garganta de Olduvai.

Y puede ser que sea lo de la IA una falsedad absoluta. No es que la IA pueda sustituir a 1.000.000.000 de trabajadores y mandarlos al paro, sino que esos trabajadores van a ir al paro igualmente y la IA hará lo que pueda.

Y espérate, que ya corren los bulos de que la IA nos va a eliminar creando bicho y otras atrocidades.

No, la IA no es tan potente como la suponéis. ¿O es que no lo habéis comprobado de primera mano?

(*) El shale estadounidense habría conseguido retrat el reloj: mediante miles de pozos de vida corta y perforación continua, Estados Unidos añadió millones de barriles diarios justo cuando los grandes yacimientos convencionales empezaban a mostrar dificultades para seguir creciendo. No eliminó el Peak Oil; en nuestro mundo paralelo, simplemente consiguió ocultarlo durante unos años.
¿Pero qué pasa aquí? ¿Acaso estamos en el peak resumir, el peak sintetizar, el peak esquematizar, o qué malos pasa?
 
Meter a toda África y Asía a consumir energía no fue una gran idea

Es cierto que su consumo es menor al occidental, pero son no pocas bocas a alimentar... solo china e india es casi la mitad de los habitantes del mundo

Los chinos pasaron muy rápido de las bicicletas a las motos, luego coches de combustión y ahora van a ser eléctricos.

Nos estamos quedando atrás.
 
Apreciados lectores:

Construyamos un mundo paralelo coherente y no intentemos demostrar ahora si ocurrió realmente. Los datos reales los utilizaremos únicamente como piezas del escenario de la hipótesis.

En un Mundo Paralelo: El Peak Oil sucedió en 2018-2019

Supongamos que a finales de 2018 la élite energética conoce algo que todavía no conoce el público: la producción mundial de petróleo barato ha alcanzado prácticamente su máximo y ya no puede acompañar durante mucho tiempo el crecimiento normal de la demanda.

El problema político no sería que «mañana se acaba el petróleo». Sería mucho más difícil de explicar:

Cada año hacen falta aproximadamente 1–1,5 millones de barriles diarios adicionales para mantener el crecimiento normal, pero el sistema empieza a ser incapaz de proporcionarlos de manera sostenida.

En nuestro mundo hipotético, habría que ganar tiempo y reducir demanda sin decir que falta petróleo.

Y entonces la crisis sanitaria de 2020 resulta extraordinariamente conveniente.

El confinamiento produce exactamente la intervención que sería políticamente casi imposible imponer por razones petroleras: aviones en tierra, coches parados, fábricas cerradas, teletrabajo, fronteras restringidas y una contracción brutal del transporte.

La magnitud real nos sirve para dimensionar nuestro mundo paralelo: en 2020 la demanda petrolera cayó unos 8,5 Mb/d, la mayor caída anual registrada; durante abril llegó momentáneamente a estar unos 29 Mb/d por debajo del año anterior. IEA

En nuestra hipótesis, eso equivale a darle al sistema energético varios años de crecimiento de demanda de golpe.

Pero ocurre algo todavía más interesante.

El petróleo se desploma en vez de subir

Si acabara de producirse el Peak Oil, la gente esperaría petróleo carísimo.

Nuestro escenario produciría aparentemente lo contrario.

La destrucción artificial de demanda sería tan gigantesca que aparecería temporalmente sobreoferta. Los depósitos de reservas se llenarían, el precio se desplomaría y el público concluiría:

Precisamente eso sucedió físicamente en 2020: enormes acumulaciones de inventarios, almacenamiento flotante extraordinario y recortes masivos de producción. En mayo la producción mundial había caído alrededor de 12 Mb/d, mientras OPEP+ acordaba recortes cercanos a 10 Mb/d.

Dentro de nuestro mundo paralelo, el desplome del precio no refutaría el Peak Oil: contribuiría a ocultarlo. Después habría que impedir que la demanda volviera simplemente a su trayectoria anterior

Y aquí nuestra hipótesis empieza a producir predicciones interesantes.

Esperaríamos que muchas medidas inicialmente presentadas como excepcionales dejaran cambios estructurales:

teletrabajo, videoconferencias, reducción de viajes profesionales, digitalización acelerada, restricciones urbanas al automóvil, electrificación, penalización pogre de vehículos térmicos, eficiencia energética y una nueva legitimidad política para limitar movilidad ante situaciones excepcionales.

De hecho, incluso después del primer rebote, en 2021 la demanda mundial seguía por debajo de 2019, especialmente por la aviación.

En nuestro escenario, ELbichito habría comprado aproximadamente 2020-2021.

¿Y después?

Aquí necesitaríamos otros mecanismos.

2022: aparece Ucrania

Éste sería el segundo capítulo perfecto de nuestro mundo paralelo.

Cuando desaparece la justificación sanitaria para limitar actividad, aparece una explicación completamente diferente para la energía cara:

La guerra.

Ahora gasolina, diésel, gas, electricidad, fertilizantes y transporte pueden encarecerse sin que el ciudadano piense inmediatamente:

Pensaría:

No necesitamos establecer en nuestro experimento si la guerra fue creada específicamente para ello. Podemos construir dos versiones:

Hipótesis fuerte: determinados acontecimientos geopolíticos son deliberadamente provocados o prolongados para administrar la escasez.

Hipótesis débil: los acontecimientos son reales e independientes, pero los gobiernos los aprovechan para administrar y explicar una restricción energética preexistente.

La segunda necesita muchas menos suposiciones y produce casi los mismos efectos observables.

¿Qué esperaríamos después?

La pinza energética y el regreso del petrodólar

En nuestro mundo paralelo, Ucrania e Irán forman una misma pinza energética.

Europa había construido buena parte de su potencia industrial sobre energía rusa abundante y barata. Ucrania rompe ese eje: Europa pierde Rusia y aumenta su dependencia de otras fuentes, entre ellas el GNL estadounidense.

En el otro extremo, China e India dependen fuertemente del petróleo que atraviesa Ormuz. Trump no necesitaría ganar rápidamente una guerra con Irán. Bastaría con mantener el Golfo suficientemente inseguro para encarecer el petróleo de sus principales competidores: seguros, fletes, retrat y riesgo permanente.

Mientras tanto, Estados Unidos dispone de petróleo y gas propios, Canadá y una Venezuela nuevamente incorporada a su esfera energética.

Pero queda otra pieza: el dólar.

Estados Unidos arrastra una deuda gigantesca que necesita compradores y demanda internacional de dólares. Al mismo tiempo, China, Rusia, India y otros países llevan años intentando reducir su dependencia del petrodólar.

En nuestro mundo paralelo, Trump responde controlando no todo el petróleo, sino el petróleo marginal que sus competidores necesitan.

Europa pierde Rusia. China e India quedan expuestas en Ormuz. Venezuela gravita hacia Washington. Y buena parte de la energía alternativa vuelve a pasar por la esfera estadounidense.

El círculo se cierra:

energía → dólares → demanda de deuda estadounidense → financiación de EE. UU. → poder para controlar más energía.

Así, Trump no habría iniciado una guerra que no sabe ganar.

Habría iniciado una guerra que no necesita ganar.

Aquí es donde el experimento se vuelve realmente interesante, porque podemos formular predicciones antes de buscar las coincidencias.

En este mundo paralelo esperaría:

Petróleo caro pero extremadamente volátil. No una subida continua. Cuando sube demasiado destruye demanda; después cae; vuelve la actividad; vuelve a subir.

Inflación presentada como múltiples problemas independientes. ELbichito, cadenas logísticas, Ucrania, Mar Rojo, OPEP, inflación monetaria, refinerías… Cada explicación puede ser cierta y, simultáneamente, ocultar el denominador común energético.

Una sucesión aparentemente interminable de crisis. Cada una justificaría alguna reducción de actividad, aumento de precios o intervención pública.

Guerras y máxima tensión alrededor de productores y rutas. Rusia, Oriente Medio, Irán, Venezuela, Libia, Mar Rojo, Ormuz.

Desaparición gradual del petróleo barato, no del petróleo. Habría muchísimo petróleo bajo tierra. Lo problemático sería conseguir cada nuevo barril al ritmo, coste y retorno energético anteriores.

Dependencia extraordinaria del shale(*) estadounidense. Y aquí nuestro mundo paralelo encuentra una señal particularmente interesante: ya en 2018 el shale representaba aproximadamente el 26% de toda la inversión upstream mundial.

Electrificación acelerada del automóvil. No sería solamente política climática: sería una forma de trasladar transporte desde un combustible líquido difícil de sustituir hacia electricidad producible mediante múltiples fuentes.

Restricciones pogre al coche térmico. Zonas de bajas emisiones, objetivos de emisiones, impuestos, normas de eficiencia y finalmente prohibiciones futuras de matriculación.

Menos aviación barata. Especialmente sensible porque los aviones son mucho más difíciles de electrificar que los automóviles.

Relocalización industrial. Transportar mercancías diez mil kilómetros resulta menos atractivo cuando energía y transporte dejan de ser extremadamente baratos.

Empobrecimiento energético disfrazado de inflación. El ciudadano no recibe «un 5% menos de petróleo». Simplemente descubre que llenar el depósito, calentar la vivienda, comprar alimentos, viajar y adquirir productos transportados cuesta una fracción creciente de su renta.

La pedagogía de la pobreza​

En nuestro mundo paralelo, la inmi gración masiva y desordenada tendría una función mucho más profunda: enseñar a las sociedades occidentales que se puede vivir con muchísimo menos.

El recién llegado acepta condiciones que el trabajador occidental consideraba incompatibles con el pogre de las últimas décadas: vivienda compartida, habitaciones en lugar de pisos, varios empleos, salarios mínimos, transporte colectivo, escaso ahorro y ayudas públicas que complementan rentas insuficientes.

No porque exista algo intrínseco en el forastero que lo haga «conforme», sino porque quien llega desde un nivel material mucho menor tiene inicialmente otro punto de comparación y menor poder negociador.

En nuestro escenario, eso crea el modelo económico del mundo posterior al Peak Oil.

Los salarios reales pueden comprimirse. La vivienda individual deja de ser una expectativa universal. El automóvil particular se convierte paulatinamente en lujo. Viajar, climatizar grandes viviendas o consumir abundantemente energía dejan de ser normales. Y el Estado sustituye pogre el antiguo pacto —trabajo estable a cambio de prosperidad creciente— por otro:

renta mínima a cambio de supervivencia material.

Ahí encajaría el IMV como precursor, no necesariamente con su forma española actual, sino como concepto: una futura renta básica de subsistencia destinada ya no a millones, sino eventualmente a miles de millones de personas en economías incapaces de proporcionar a toda su población empleo suficientemente productivo y energía suficientemente barata.

La inmi gración tendría entonces una función casi experimental:

Y el mecanismo tendría una consecuencia adicional: el trabajador occidental ya no negociaría su salario únicamente contra otros trabajadores con sus mismas expectativas materiales. Competiría con una reserva laboral acostumbrada inicialmente a aceptar menos.

En nuestro mundo paralelo, por tanto, no se estaría importando pobreza accidentalmente.

Se estaría importando el estándar de vida que mañana deberá aceptar también Occidente.

Y añadiría un síntoma mucho más sutil:El lenguaje cambiaría antes de reconocer el problema

Probablemente nunca escucharíamos «tenemos Peak Oil».

Escucharíamos:

«transición energética»,
«resiliencia»,
«seguridad energética»,
«reducción de dependencia»,
«movilidad sostenible»,
«eficiencia»,
«descarbonización»,
«economía circular»,
«relocalización»,
«autonomía estratégica».

En nuestro mundo paralelo esas políticas no serían necesariamente falsas. Serían las políticas correctas para administrar el descenso petrolero, pero justificadas públicamente mediante otro marco conceptual.

Y aquí tenemos una manera mucho más potente de continuar el experimento.

Partimos de Peak Oil = 2018 y prohibimos utilizar acontecimientos posteriores para modificar la hipótesis. Nos situamos mentalmente el 31 de diciembre de 2026 y escribimos qué debería ocurrir entre 2027 y 2035 si los gobiernos supieran que el máximo ya ha llegado pero quisieran evitar el pánico.

Eso evitaría buena parte del sesgo retrospectivo. Y sospecho que la lista resultante sería bastante interesante.

Queda para una segunda parte.

FÉLIX UDIVARRI

NOTA: Un analista acertó hace muchos años: predijo pandemias, guerras, cambios políticos hacia el autoritarismo (disfrazado de democracia de izquierdas). Lo único que no predijo fue el paro brutal que la IA produciría. Creo, aunque habría de releer el artículo sobre la Garganta de Olduvai.

Y puede ser que sea lo de la IA una falsedad absoluta. No es que la IA pueda sustituir a 1.000.000.000 de trabajadores y mandarlos al paro, sino que esos trabajadores van a ir al paro igualmente y la IA hará lo que pueda.

Y espérate, que ya corren los bulos de que la IA nos va a eliminar creando bicho y otras atrocidades.

No, la IA no es tan potente como la suponéis. ¿O es que no lo habéis comprobado de primera mano?

(*) El shale estadounidense habría conseguido retrat el reloj: mediante miles de pozos de vida corta y perforación continua, Estados Unidos añadió millones de barriles diarios justo cuando los grandes yacimientos convencionales empezaban a mostrar dificultades para seguir creciendo. No eliminó el Peak Oil; en nuestro mundo paralelo, simplemente consiguió ocultarlo durante unos años.
Que la IA no es potente!??? Si me maneja el ordenador sola, que me estás contando...siiii lo que lees, mueve el raton y esa es la reaccionarioda, sabe excavar y moverse por poweshell a una velocidad que ni en tus mejores sueños, es capaz de optimizarte el windows, rastrear la RAM, en busca de malware. Y el crecimiento es exponencial e imparable.
Van a desaparecer todos los empleos que sean de manejar el pc y analisis de datos, entre 300-500M.
El resto te lo compro, muy buen analisis, pero menospreciar a la IA, que ya es como si tuviera ojos, oidos, manos y una red neuronal, con una capacidad impresionante...
 
¿Y cómo encaja lo de traer millones y millones de forasteros a Occidente que van a hacer uso de esos recursos energéticos, cuando podrían quedarse perfectamente en el África sin hacer gasto?
 

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