Un pitbull hiere a su dueño tras pelear con un rottweiler en Mallorca
Un hombre paseaba por Mallorca con dos perros de presa —un pitbull y un rottweiler— cuando ambos animales se enzarzaron entre sí. Al intentar separarlos, el pitbull se giró contra él y le causó heridas de gravedad. Su propia mujer declaró a la policía que no tenía inconveniente en que acabaran con la vida del animal. El suceso, recogido por
Última Hora, desató un debate sobre la tenencia de razas potencialmente peligrosas, el uso del bozal y la responsabilidad legal de quien decide convivir con un perro de presa.
Qué pasó exactamente en el paseo
El relato es tan simple como brutal. El dueño sacó a la calle a los dos perros sin bozal. En un momento dado, los animales se pelearon. Él se metió en medio para separarlos, que es justo lo que no debe hacerse con razas de presa. El pitbull, en lugar de soltar al rottweiler, se cebó con su dueño. La mujer del herido confirmó a los agentes que el único que podía manejar a ese perro era su marido, precisamente por la peligrosidad del mismo. Es decir: el propio entorno familiar reconocía que el animal era incontrolable para cualquier otra persona.
La escena deja un dato incómodo. Un perro que solo obedece a una persona y que ataca a esa persona cuando se interpone entre él y otro animal no es una mascota. Es un riesgo asumido. Y el que lo asume carga con las consecuencias.
El bozal que no se pone y la correa que no basta
La discusión derivó rápido hacia la normativa. Hay quien sostiene que un perro potencialmente peligroso debe ir siempre con bozal en la vía pública, y que quien no lo cumple se expone a una multa que, en la práctica, casi nunca llega. En contra pesa el argumento de que la ley existe pero la inspección es inexistente: nadie multa al vecino con el pitbull suelto en el parque.
El cálculo más pesimista es el que se hizo en la propia conversación: si el perro ya había mostrado agresividad, la única opción razonable era sacrificarlo antes de que ocurriera esto. La opción más garantista pasa por confiar en el certificado de aptitud y en el seguro de responsabilidad civil. Ninguna de las dos evita que un pitbull y un rottweiler se peleen en mitad de la calle y que el dueño acabe en el hospital.
El debate sobre las razas de presa: datos frente a defensas
Aquí el material se parte en dos. Una corriente recuerda que las estadísticas de ataques mortales en Estados Unidos, recogidas por Dogsbite.org entre 2005 y 2017, atribuyen a los pitbulls 284 de los 433 ataques mortales registrados, casi el 66% del total. Otra corriente responde con el test de temperamento de la American Temperament Test Society, donde el American Pit Bull Terrier supera la prueba en un 87,6% de los casos, por encima de otras razas y muy por encima del pastor australiano, que se queda en torno al 50%.
Las dos cosas pueden ser verdad a la vez. Un perro puede ser estable con los humanos y letal con otros perros. El problema no es la raza en abstracto: es el cruce de un animal seleccionado para pelear con un dueño que no sabe —o no quiere— leer las señales.
El negocio del perro hipermusculado
Uno de los giros más interesantes del asunto fue el de los esteroides. Se apuntó que estos animales, ya de por sí con un carácter irascible, se convierten en máquinas de matar cuando se les suministran anabólicos para aumentar masa muscular. La moda del American Bully, los cruces tipo bull y los perros con tatuajes ha creado un mercado donde el aspecto vende más que el comportamiento.
El resultado es un perro que no es un pitbull puro, sino un mestizo hipertrofiado, criado por aficionados y vendido como símbolo de estatus. El que lo compra no busca un compañero: busca un objeto que imponga. Y a veces ese objeto se gira.
La predicción, con reservas: mientras la normativa siga siendo papel mojado y el negocio del perro hipermusculado siga siendo rentable, habrá más casos como este. No porque los pitbulls sean demonios, sino porque hay demasiada gente dispuesta a tener uno sin saber lo que tiene.