Stoltenberg pide comprar armas con el dinero de sanidad y educación
¿De dónde sale el dinero para reponer los arsenales de la OTAN? Jens Stoltenberg, secretario general de la Alianza Atlántica, tiene respuesta y no la esconde: de las partidas presupuestarias nacionales de sanidad, educación y otros sectores sociales. Lo dijo en una conferencia económica en Alemania, donde reconoció que las reservas de armas y municiones están «agotadas» y deben reponerse, no solo en Alemania, sino en muchos países de la OTAN. El argumento oficial es que vivimos en un mundo más peligroso.
¿Qué dijo Stoltenberg sobre los arsenales de la OTAN?
Que están agotados. «Necesitamos una industria militar más fuerte», afirmó, y añadió que las reservas de armas y municiones deben reponerse en Alemania y en buena parte de los países miembros. Sobre Ucrania, reiteró que la Alianza es contraria a un «congelamiento» del conflicto y a cualquier acuerdo de paz en los términos que plantea Rusia. Y remató con una precisión que chirría: la OTAN
no es parte de este conflicto, aunque seguirá apoyando a Kiev.
El gasto en defensa frente a sanidad y educación
Stoltenberg insistió en que los miembros incrementen «significativamente» sus gastos en defensa aunque ello afecte a las partidas de salud, educación y otros sectores sociales. Es la parte que ha encendido la conversación: no aparece ningún compromiso equivalente por parte de quienes piden el sacrificio. La presidenta de la Comisión Europea cobra, según la cifra que se repite,
29.000 euros al mes, dato que se esgrime como ejemplo de incoherencia. Piden sacrificios que no aplican a su propio sueldo, se argumenta.
El coste de oportunidad: guarderías, hospitales y vivienda social
La objeción más repetida es contable. El dinero que se gasta en armas no se gasta en otra cosa: vivienda social, clubes deportivos, guarderías, hospitales y un larguísimo etcétera compiten por el mismo presupuesto. La alternativa que plantean algunas voces es bajar impuestos —algo que se considera imprescindible para ganar competitividad— o guardar ese dinero para amortiguar los efectos de las guerras financiadas desde fuera.
Ucrania, la OTAN y la vía rápida que no llega
Stoltenberg subraya que la Alianza no es parte del conflicto, si bien seguirá apoyando a Kiev. En paralelo circula la versión de que Estados Unidos habría frenado la entrada rápida de Ucrania en la OTAN: tras la reunión del presidente estadounidense con el jefe de la Alianza en Washington, la respuesta habría sido que no se lo van a poner fácil. Finlandia sí consiguió esa vía rápida. El empresario y activista Kim Dotcom opinaba en la misma línea sobre la negativa a facilitar a Ucrania una vía rápida hacia la OTAN, y un usuario lo resumía señalando que Washington no cosecha amigos sino intereses.
España, noveno exportador de armas y excluido del reparto
España es el
noveno exportador de armas del mundo; Rusia es el segundo y China el cuarto. Con esa carta habría margen para sacar tajada del rearme europeo: la OTAN llama a comprar y eso genera una bola de nieve que arrastra también a quien no quiere quedarse atrás. Pero las empresas españolas habrían quedado excluidas del aumento para la fabricación de armas en la última partida de la Alianza, y varios países habrían protestado por un reparto poco equitativo. Se sostiene incluso que la ministra de Defensa habría decidido no acudir a la reunión de la OTAN precisamente por esa exclusión. El resultado, en palabras que se repiten: ni pellizco ni asiento en la mesa.
Quién gana con el rearme europeo
El cálculo más repetido apunta a que el gran beneficiario es el complejo militar industrial estadounidense, el mayor vendedor de armas del planeta. Se sostiene que el objetivo real es saquear Europa comprando al mayor proveedor. Y ahí aparece la reconstrucción ucraniana: se habla de dos partidas de
400.000 millones, una para reconstruir el país y otra para convertirlo en pieza clave del suministro energético europeo. Una estimación inicial de 700.000 millones que el Banco Mundial habría corregido a la baja hasta 380.000, con un plan posterior para cubrir lo previsto. Son cifras que circulan sin confirmación oficial y que alimentan la sospecha sobre a dónde va el dinero.
Un club montado para defender intereses ajenos
La crítica de fondo no es al gasto militar en abstracto, sino a la arquitectura de la Alianza. Se sostiene que funciona como paraguas de los intereses económicos y militares de Estados Unidos, con el complejo militar industrial, la Reserva Federal y la gran banca como caras visibles de una oligarquía que nadie vota. La cita de Henry Kissinger —
ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es letal— se repite con retintín, y no como elogio. El año en que cumplió cien años sirvió para recordarla otra vez.
Sobre el papel, todo esto se hace por seguridad. En la práctica, el dinero sale de la sanidad y la educación europeas, entra en fábricas de armas y, de momento, el país con vía rápida a la OTAN ha sido Finlandia. Ese mundo peligroso, se sostiene, ya está construido; solo falta la factura.