50 años de la derrota que EEUU no digiere en Vietnam
Estados Unidos lanzó sobre Vietnam más bombas que todos los bandos de la Segunda Guerra Mundial juntos. No despejó el interior del país. No cumplió ninguno de sus objetivos estratégicos. Cincuenta años después de que el último soldado estadounidense abandonara Vietnam del Sur, la aritmética de aquella guerra sigue intacta por mucho que la versión oficial intente maquillarla: un enemigo sin capacidad real de apoyo aéreo a sus tropas terrestres, con poca artillería y muy pocos tanques, que hacía las rutas de suministro a pie por la selva, aguantó ocho años de ofensiva frente a la primera potencia del planeta.
El desenlace no fue un empate. La cifra que mejor lo resume es la del tonelaje de bombas, superior al de todas las potencias de la Segunda Guerra Mundial. Con ese balance, hablar de victoria militar es hacer aritmética creativa.
Qué se conmemora 50 años después en Vietnam
La efeméride arranca del último soldado estadounidense que salió del país, no de una firma de armisticio ni de una rendición formal. Ese detalle, que suele pasar desapercibido, es el que alimenta las dos lecturas enfrentadas: la que sostiene que Washington simplemente cambió de prioridades y la que recuerda que no logró ni uno solo de los fines que declaró al entrar.
En paralelo al aniversario, el homenaje a los caídos ha vuelto a los medios locales estadounidenses. En
Kalispell, Montana, se honró a los
266 habitantes de ese estado que murieron en Vietnam. Es la parte de la contabilidad que no se discute: los muertos propios tienen nombre y calle. Los del otro lado, apenas una cifra.
La superioridad aérea que no servía para ganar
Ninguna de las partes discute que la fuerza aérea norvietnamita no podía prestar apoyo a sus tropas de tierra en combate. Los estadounidenses sí, y de forma masiva. De ahí a decir que el Norte no tenía aviación media un trecho: la Fuerza Aérea Popular de Vietnam tuvo ases propios, y el más citado es
Nguyen Van Bay, con
7 derribos confirmados de aparatos estadounidenses pilotando un MiG-17.
Matiz importante: el detalle de si los MiG operaban o no en el espacio aéreo survietnamita se discutió con vehemencia, y la conclusión más sólida es la de siempre. Sin superioridad aérea en el sentido clásico, el Norte compensó con algo que no se compra en ningún catálogo de defensa: capacidad de aguante.
¿Cuánto costó la guerra y quién la pagó?
Aquí aparece el dato que suele quedarse fuera de los balances militares. Una corriente del análisis cifra en
50.000 millones de dólares la ayuda militar exterior que sostuvo al Norte, con el
Instituto Kiel como referencia. Frente a eso, el esfuerzo económico estadounidense fue de otra escala, y con una factura que se pagó en casa: el gasto fue tan desmesurado que obligó a recurrir a la máquina de imprimir billetes.
Ese detalle monetario quedó unido en la memoria a una decisión posterior, el abandono del patrón oro. El vínculo se discute, pero la secuencia —guerra carísima, imprenta a toda velocidad, fin de la convertibilidad— se cita como el arranque de la fiesta de los fabricantes de impresoras.
La carta de Franco a Johnson: el aviso que nadie quiso leer
Entre los documentos que la efeméride ha rescatado circula la carta que
Francisco Franco envió al presidente
Lyndon B. Johnson. En ella, el dictador español expresaba su comprensión de las responsabilidades de Estados Unidos como nación rectora y advertía de que un abandono militar de Vietnam afectaría a todo el sistema. No pondremos a Franco de analista visionario, pero el texto se lee hoy como una descripción bastante ajustada de lo que vino después.
La ironía es que el aviso llegó desde un régimen que Washington toleraba sin simpatía y que, medio siglo más tarde, sirve de munición argumental para quienes defienden que la retirada fue el principio del fin del crédito estadounidense en Asia.
Chechenia, Finlandia, Corea: el juego de comparaciones
Cualquier discusión sobre derrotas militares acaba derivando en analogías, y la primera que aparece es Rusia. La primera guerra chechena, librada entre el
9 de diciembre de 1994 y el
31 de agosto de 1996, se cita como una humillación comparable o peor. La segunda, en cambio, se resolvió del lado ruso con el apoyo del padre del actual dirigente checheno, asesinado por independentistas.
La otra comparación recurrente es Finlandia y la Guerra de Invierno: allí Moscú se quedó con lo que quería, aunque a un coste desproporcionado. Y la de Corea, donde la expulsión de las tropas estadounidenses del norte del país se recuerda como otro episodio incómodo. También hay quien apunta que en 1986 la dirigencia comunista vietnamita se plegó al capitalismo salvaje con la estrella roja todavía en las fachadas de los edificios públicos.
La pregunta sigue sin respuesta
Medio siglo después, la economía vietnamita es una de las que más ha crecido desde los años noventa y Estados Unidos sigue siendo un país rico. Nadie discute el marcador del PIB. Lo que continúa sin respuesta es por qué una potencia que no perdió ninguna batalla campal se dejó la guerra entera, y qué dice eso sobre la superioridad tecnológica como argumento.