Guerra de trincheras: el vídeo que se discute como un videojuego
¿Qué pasa cuando la guerra se parece demasiado a un videojuego? Un clip difundido por una cuenta que se identifica como The Political Room muestra al
73º Centro de Operaciones Especiales del ejército ucraniano limpiando trincheras «en algún punto del corredor terrestre». Y hay un detalle que salta antes que cualquier otra cosa: que una unidad de
fuerzas especiales de la marina se dedique a un cometido de infantería pura. A partir de ahí, nadie se pone de acuerdo en qué es lo que se está viendo.
Qué muestra el vídeo del 73º Centro de Operaciones Especiales
La secuencia es corta y despiadada. Un soldado avanza por una trinchera estrecha y dispara a corta distancia sobre varios hombres que aparecen en su camino. Los primeros no llevan arma visible; el último empuña un fusil. Caen al suelo sin un gesto, sin un grito, sin llevarse las manos al cuerpo. La cámara no se detiene y, alrededor, hay humo de granada y un silencio que a muchos se les ha hecho raro.
Ahí empieza el problema. Un vídeo bélico debería cerrar la discusión, no abrirla. Éste lo hace al revés. Y la primera pregunta que surge no es quién dispara, sino si alguien ha disparado de verdad.
¿Es un montaje? Los detalles que alimentan la duda
Una parte de quienes lo ven sostiene que hay algo que no encaja. Que los disparos suenan a juguete. Que los caídos no se retuercen, no gritan, no emiten sonido alguno. Que los últimos hombres caminan hacia la cámara con el arma baja, como si fueran personajes con una rutina programada.
Podría ser fake, resume uno de los comentarios.
Frente a eso, otra corriente responde con una explicación mucho más incómoda: que los vídeos de guerra reales no se parecen a los de Hollywood. Que un impacto a esa distancia no deja margen para la frase final ni para el gesto heroico. «Igual que en la matanza de la mezquita australiana, caía la gente a plomo con dos tiros», compara un mensaje. La discusión, en el fondo, no va del clip. Va de lo mal que se enseña la violencia real y de lo poco preparado que está el espectador para reconocerla.
Silenciadores, granadas de humo y soldados sin chaleco
El equipamiento se ha convertido en el otro gran campo de batalla dialéctico. Se señala que los atacantes van con silenciadores y granadas de humo, mientras los de la trinchera van pobremente pertrechados. «A esa distancia, un chaleco antifragmentación poco puede hacer por la salud de nadie», apunta una réplica. Otros se preguntan por el calibre —
7,62 o 5,56— y por la ausencia de intercomunicadores entre los supuestos defensores.
De ahí salta la interpretación más repetida: que no estaríamos ante soldados profesionales, sino ante
carne de cañón movilizada a la fuerza. «Puede que sea fake o puede que no, pero es una unidad de élite frente a milicianos sin experiencia ni entrenamiento básico», sostiene un mensaje del hilo. La facilidad con que se resuelve la escena tendría menos que ver con la pericia del atacante que con la nula preparación del defensor. Es una de las hipótesis que se manejan, y también una de las que más incomoda.
Por qué la escena recuerda a un videojuego
Aquí el análisis se vuelve casi forense. Varios mensajes desmontan el clip como si fuera un
shooter en primera persona: la voz del protagonista, los pasillos estrechos sin oposición, el enemigo que asoma justo en el momento exacto, los silenciadores que de nada sirven porque después se grita y se delata la posición. «No sé si será real o no, pero sé que lo utilizan para animar a que más jóvenes ucranianos marchen felices al matadero», escribe alguien.
Ese es quizá el punto más incómodo de todo el asunto. No si el vídeo es verdad, sino para qué sirve. La propaganda no necesita que la escena sea falsa; le basta con que circule sola, sin contexto, y con que el espectador no se pare a pensar en quién está al otro lado del objetivo.
De 1916 a la trinchera del corredor terrestre
La comparación histórica aparece una y otra vez: esto es la Primera Guerra Mundial otra vez. «Tanto el ejército ruso como el ucraniano son herederos directos de la fuerza militar más mecanizada de la historia, y han acabado a tiros en una trinchera a pecho descubierto casi desde el primer día», resume un mensaje. Frentes que apenas se mueven, posiciones que se toman y se pierden, y hombres mandados a morir en un hoyo de barro.
También hay quien no pierde de vista lo humano. «Los soldados que ves morir en esa trinchera no son quienes han querido esta guerra; son unos mandados», se lee. La reflexión convive con la otra, mucho más dura, que niega cualquier empatía hacia quien participa en la invasión. Entre ambos extremos, el vídeo sigue haciendo su trabajo: dividir.
Al final, la pregunta de si el clip es real o un montaje tiene una respuesta que a nadie tranquiliza. Si es auténtico, es una tragedia. Si es falso, es una herramienta. En ninguno de los dos casos el espectador sale mejor de lo que entró. Vaya victoria.