Horizonte: expectación y recelo ante una mesa que divide
La expectación por el programa de esta noche se ha convertido en un termómetro de la desconfianza hacia los grandes medios. El anuncio de que
Lorenzo Ramírez se sentará en la mesa ha disparado los comentarios, con una audiencia que espera un aldabonazo contra el relato oficial pero que, al mismo tiempo, sospecha que todo quedará en agua de borrajas. La ausencia de Ángel Gaitán, que él mismo ha confirmado en vídeo, marca el tono de una velada que muchos ven como la enésima prueba de fuego para un formato acusado de ser
disidencia controlada.
¿Qué se espera de la mesa de Horizonte?
El menú que se baraja incluye nombres que la audiencia reclama con insistencia. Hay quien pide una mesa con
Roberto Vaquero, el doctor Cabrera, Talegón y Albertini, y una segunda con Maestro Enrique, el coronel Baños y Basandeh. La realidad, sin embargo, suele ser más tacaña. El coronel Baños ya ha comunicado que no podía acudir, y la conexión especial con Gisbert suena más a recurso de última hora que a golpe de efecto. La sensación dominante es que el programa dará
una de cal y otra de arena, suficiente para mantener la llama de la audiencia sin romper el guion.
La presencia de Lorenzo Ramírez ha sido recibida como un aldabonazo. Su intervención se espera como el momento de mayor tensión, con la promesa de señalar uno por uno a los políticos desaparecidos y de dónde han salido. Es el tipo de contenido que la audiencia premia, pero que también dispara las alarmas sobre hasta dónde permitirá el formato llegar.
El escepticismo hacia Iker Jiménez y su línea editorial
La desconfianza hacia el presentador es uno de los ejes del malestar. Se recuerda que anunció que hablaría de ciertos temas y que luego no mencionó ni una palabra, y que ha evitado tocar asuntos incómodos para no incomodar a sus patrocinadores. La crítica más repetida es que
Iker Jiménez se ha convertido en un esbirro que se traga el relato cuando conviene, y que su programa funciona como una válvula de escape que desactiva la indignación en lugar de canalizarla.
El caso de Talegón es paradigmático. Se la señala como lo mejor del programa, pero también como una pieza incómoda que aprovecha cada intervención para hablar de la pandemia y las vacunas, temas que el presentador prefiere esquivar. La predicción que circula es que pronto dejará de ser invitada, porque su discurso no encaja con la línea del programa.
El negocio de la indignación y los patrocinadores
La presencia de anuncios de
ING y
Hyundai ha encendido a una parte de la audiencia, que ve en estos patrocinios la prueba de que el programa no es tan libre como pregona. La estrategia de colocar los contenidos más jugosos en mitad de la publicidad, para que el espectador se trague los anuncios enteros, es leída como una maniobra calculada. La pregunta que sobrevuela es si un espacio que depende de grandes anunciantes puede sostener un discurso realmente crítico con el sistema que los financia.
La conclusión que se impone es que la audiencia acude al programa con la esperanza de un golpe sobre la mesa, pero con la certeza de que el golpe será amortiguado. La mesa de esta noche será, probablemente, un nuevo episodio de esa tensión entre lo que se espera y lo que se permite. Y mientras tanto, la sensación de que el
circo sigue funcionando.