Más de 11.000 denuncias por desaparición que nadie confirma
¿Cuántas personas siguen sin aparecer tras la riada? La cifra que circula —más de 11.000 denuncias por desaparición registradas por la Policía— no procede de ningún boletín oficial, sino de un mensaje difundido en redes que asegura que un canal acumuló más de 500.000 visitas explicando que ya van más de 2.500 fallecidos y 12.000 desaparecidos que el Gobierno estaría ocultando. El asunto ha escalado hasta el punto de que, según ese mismo relato, existe un expediente disciplinar abierto a militares que habrían contado la versión no oficial. La discusión pública se ha partido en dos: quienes exigen el listado nominal antes de dar crédito a nada y quienes sostienen que la ausencia de listado es, precisamente, la prueba del encubrimiento.
¿Existe un listado oficial de desaparecidos por la riada?
No hay, a la fecha de esta discusión, un listado público y verificable con nombres y apellidos que respalde la cifra de 11.000 o 12.000 personas. Ese es el punto que más se repite entre los escépticos: un volumen así no puede esconderse, porque exigiría miles de familias denunciando, asociándose y reclamando responsabilidades de forma coordinada. El argumento contrario no niega el vacío documental, lo reinterpreta: si los canales oficiales manipulan, la información fluye por vías informales, y desacreditar esas vías forma parte de la propia manipulación.
La cifra redonda tampoco ayuda. Hay quien señala que hablar de 2.300, 2.500 o 12.000 desaparecidos sin un solo nombre es una forma de tratar a las víctimas como si fueran seguidores de una cuenta. Y hay quien responde que la cifra redonda es lo de menos: lo relevante es que los familiares que no saben nada de los suyos no van a callarse.
El expediente a militares y la teoría del bulo institucional
El relato del encubrimiento tiene su pata institucional. Se afirma que el Ministerio de Defensa, liderado por la socialista Margarita Robles, estaría abriendo expedientes a los soldados que dicen la verdad. Ninguna de esas afirmaciones viene acompañada de documento verificable, y ahí es donde el relato pierde fuelle para una parte del público: si el expediente existe, ¿dónde se consulta? La respuesta habitual es que exigir pruebas es de ingenuos.
Aparece entonces la hipótesis inversa, que también circula: los bulos los lanzaría el propio Gobierno para desmentirlos después con efecto salvador. Es la versión más retorcida del asunto y, curiosamente, la que menos datos necesita para sostenerse.
Los desaparecidos que sí aparecen y el problema de las cifras
El dato que desmonta parte del relato es incómodo para los dos bandos: en un municipio concreto se habla de que han aparecido un millar de los desaparecidos contabilizados, y que aún falta por localizar a un porcentaje muy alto de la población local. Si esas personas reaparecen, la cifra de desaparecidos reales se mueve. Y si se mueve, la cifra de 11.000 deja de ser un dato y pasa a ser una estimación sin base.
Hay quien sostiene que los hospitales vacíos durante la pandemia ya fueron un aviso de que la contabilidad oficial no siempre cuadra. En contra pesa un argumento simple: una cosa es que un registro público sea mejorable y otra que exista un mecanismo capaz de ocultar miles de desapariciones durante meses sin una sola filtración.
Denuncias sin denunciantes: el agujero del relato
La pregunta que nadie responde con papeles es la más obvia: si hay 11.000 denuncias, ¿quién las ha puesto? Una denuncia por desaparición la presenta un familiar, con nombre, DNI y relación con la persona ausente. Ese registro existe en algún juzgado o comisaría. Enseñarlo cerraría el asunto en veinticuatro horas.
Mientras eso no ocurra, la discusión se mueve entre dos aguas: la exigencia de rigor documental y la sospecha de que exigir rigor es la forma más elegante de mirar hacia otro lado. El listado no oficial que llegó a reunir 293 nombres, muy lejos de los 11.000, es el único intento de construir algo verificable que ha circulado.
Once mil denuncias sin un solo denunciante identificable. Puede que sea el mayor encubrimiento de la historia reciente o puede que sea el mayor malentendido. Lo que no es, desde luego, es una cifra verificada.