El imposible femenino de “caballero, caballero”
¿Cómo se dirige un agente de la autoridad a una mujer a la que no conoce? En plena calle, la forma masculina “caballero, caballero” es el recurso universal. Para ellas, no existe equivalente. Y la falta es más que un capricho lingüístico: delata hasta qué punto el trato institucional sigue anclado en el masculino genérico.
Propuestas sobre la mesa
Las opciones no faltan. “Dama”, “señorita”, “señora”, incluso la inventada “vulvoportante” para los más atrevidos. Pero ninguna ha logrado imponerse. La razón es sencilla: “caballero” es a la vez formal y neutro en cuanto al estado civil, mientras que “señorita” arrastra el problema del matrimonio y “dama” suena a protocolo o a literatura infantil.
La respuesta del funcionario
Hay un dato que ilustra el desfase. A un agente del Cuerpo Nacional de Policía le soltaron el recurrente “caballero” y su respuesta fue contundente: “No tengo caballo y soy graduado”. El término, nacido de la caballería medieval, provoca sonrisas incluso entre quienes lo pronuncian por oficio.
La cuestión sigue abierta. Mientras las instituciones sigan sin ofrecer una alternativa femenina reconocible, las mujeres seguirán siendo “princesas” para algunos, “señoras” para otros, o simplemente no serán nombradas. Así que ya saben: si les habla un agente, y no tiene caballo ni título nobiliario, quizá sea momento de actualizar el guion.