Los cientos de menores que hacen cola en Ceuta más allá del “espectáculo”
Cientos de menores extranjeros no acompañados aguardan frente a la Jefatura Superior de Policía de Ceuta para registrarse y solicitar ayuda. La imagen, sin embargo, no ha provocado un análisis sobre la saturación del sistema de acogida: el término que más resuena es “espectáculo”. Hay quien ve en la escena un montaje de manual, incluso un eco del costumbrismo surrealista de Berlanga.
¿Qué hay detrás de la cola?
El episodio se produce en la frontera sur, con incidentes habituales en los accesos a Ceuta y Melilla. La espera de los menores no acompañados –los llamados menas– ante las dependencias policiales evidencia que los protocolos de identificación no dan abasto. Pero la lectura política va por otro lado: la escenificación de la cola es vista por una parte del análisis como cortina de humo.
Entre las críticas destaca el contraste entre la sobreexposición de la escena y la ausencia de medidas extraordinarias. Nadie en la discusión reclamaba el estado de alarma o de excepción para Ceuta, pese a que la presión migratoria se acumula. Del otro lado de la frontera, apuntan algunos, la escena es recibida con sorna; la gestión del flujo depende en gran medida de la cooperación marroquí.
El ruido de la Agenda 2030
Parte de las reacciones han virado hacia la guerra cultural: atribuyen la escenificación a lo que denominan Agenda 2030, convertida en comodín para todo descontento. Es la misma deriva que convierte una gestión administrativa en batalla simbólica. Mientras, los menores siguen ahí, esperando un papel que no les resuelve el futuro.
Con cientos de personas en cola y el foco puesto en la estética de la escena, la pregunta incómoda sigue sobre la mesa: ¿alguien va a ocuparse de la causa, o solo del escenario?