La atracción hacia mujeres inmigrantes: ¿testosterona o prejuicio?
¿Baja la testosterona cuando una mujer hispanoamericana o africana entra en escena? La pregunta suena absurda, y sin embargo forma parte de la discusión pública. Hay hombres que atribuyen su desinterés a una supuesta debilidad hormonal; otros, más prosaicos, lo explican por el miedo a la legislación o por un choque cultural mal digerido.
El argumento hormonal como excusa
El razonamiento es tan simple como sospechoso: “no siento atracción, luego tengo poca testosterona”. Pero cuando se desmenuza, aparecen otras capas. Algunos interlocutores admiten que las mujeres hispanoamericanas o africanas son objetivamente atractivas, pero que “se les baja la testosterona a cero” por razones que nada tienen que ver con la biología: miedo a problemas legales (con referencias explícitas a la ley de violencia de género), experiencias personales negativas o un estereotipo de “problemas x1000”.
El factor cultural y el canon estético
La estética también juega. Frente al canon mediterráneo de mujer espigada, las curvas de muchas mujeres migrantes resultan “demasiado” para algunos. Hay quien compara la situación con conducir un Opel Corsa y soñar con un Seat León: acostumbrado a lo modesto, uno no sabe gestionar un “lujo” que percibe fuera de su alcance. La conclusión no es hormonal, sino de percepción social. Al final, lo que se cuestiona no es el atractivo, sino la propia capacidad de valorarlo sin prejuicios.
Quizá el problema no sea de testosterona, sino de espejo: cuando se habla de estas mujeres, la conversación retrata mejor a quien habla que a ellas.