Prisa pone en venta El País y la SER: 750 millones por dos medios en crisis
Según una información adelantada por
Periodista Digital, el grupo Prisa ha puesto en el mercado sus dos buques insignia, el diario
El País y la cadena
la SER, con un precio que ronda los 750 millones de euros. La noticia ha desatado todo tipo de especulaciones sobre quién puede comprar unos medios que, según los críticos, han perdido buena parte de su influencia y de su valor de mercado. La operación llega después de años de pérdidas, despidos y una dependencia creciente de las subvenciones públicas y de los contratos con la administración.
Entre los posibles compradores se menciona el entorno de Pedro Sánchez, según se desprende de las informaciones publicadas. La posibilidad de que el Gobierno, a través de la SEPI o de algún empresario afín, se haga con el control de estos medios ha generado un intenso debate sobre el uso de dinero público para sostener un aparato de propaganda.
La cifra de 750 millones se antoja desorbitada para unos activos que muchos consideran en declive irreversible.
¿Cuánto valen realmente El País y la SER?
La valoración de 750 millones de euros ha sido recibida con escepticismo.
El cálculo más optimista asume que la marca y la audiencia aún conservan un valor estratégico; el escenario pesimista parte de que se trata de un negocio ruinoso que solo se sostiene por la complicidad con el poder. Hay quien sostiene que
PRISA como empresa privada es inviable y que su imagen de marca está totalmente infectada de sectarismo y servidumbre al poder.
El modelo de negocio actual se basa en decir que Pedro es magnífico y cobrar ayudas, según una de las críticas más repetidas.
La estafa de los libros escolares que han imbecilizado a millones de españoles también forma parte del legado del grupo, según algunos comentarios. Sin el dinero de Santillana, la editorial que fue su principal fuente de ingresos, PRISA no tiene salida, según algunos participantes.
El Gobierno y el uso de dinero público para rescatar medios
La posibilidad de que el Gobierno inyecte dinero público para salvar PRISA ha sido uno de los puntos más candentes.
Se especula con que la SEPI o algún empresario afín al PSOE compre los medios con dinero de todos los españoles. La operación se haría por procedimiento de urgencia a mediados de agosto, según algunos comentarios.
El precedente de las ayudas millonarias a la prensa durante los últimos años hace temer que se repita la historia. La compra por parte del Estado se percibe, según algunos comentarios, como un regalo a un grupo de desinformación al servicio del PSOE.
¿Quién podría comprar PRISA? Los posibles compradores
Entre los nombres que suenan están
Elon Musk, que ya ha mostrado su interés por adquirir medios de comunicación, y
algún inversor extranjero como los chinos o el rey de Marruecos. También se menciona a
Fox como posible comprador, lo que daría lugar a una paradoja: el templo del PSOE alabando a Trump.
La compra por parte de Musk se ve como una oportunidad para
despedir a las periodistas que andan por sus redacciones y cambiar el discurso. Sin embargo, hay quien advierte que
los youtubers son igual de criticables que los medios tradicionales y que no se salva nadie.
El futuro de los medios tradicionales y el papel de los youtubers
La crisis de PRISA se enmarca en un declive más amplio de los medios tradicionales.
La era de los medios de (des)comunicación está llegando a su fin, y los nuevos creadores de contenido ocupan su lugar. Pero no todo es mejor: los youtubers también buscan el dinero fácil y a menudo decepcionan a sus seguidores.
El público ya no se traga cualquier cosa. Si un youtuber cambia su discurso, pierde seguidores. La audiencia elige a quién seguir y castiga la falta de autenticidad. Eso es algo que los medios tradicionales, acostumbrados a imponer su línea editorial, no han sabido gestionar.
El desenlace de la venta de PRISA sigue abierto. No se sabe si el Gobierno intervendrá, si aparecerá un comprador privado o si el grupo acabará desmantelado. Lo que está claro es que
El País y la SER ya no son lo que eran. Su capacidad de influir en la opinión pública se ha reducido drásticamente, y su valor como negocio es más que dudoso. La pregunta no es quién los comprará, sino quién está dispuesto a pagar 750 millones por un cadáver mediático.