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Desalojado un edificio entero en el centro de madrid por el hundimiento de un piso turístico ilegal
El derrumbe de Santo Domingo: piso turístico sin licencia
El suelo de la quinta planta del número 18 de la plaza de Santo Domingo, en pleno centro de Madrid, cedió y la estructura cayó sobre la vivienda de un vecino de la cuarta planta, que estaba dentro en ese momento. Una jornada que pudo acabar en tragedia. El alojamiento que operaba arriba era un piso turístico y no tenía licencia: la empresa responsable, La Petite Maison, lo ha reconocido y sostiene que la solicitud está en trámite.
Hay un detalle que descoloca: el listado municipal de pisos turísticos autorizados del Ayuntamiento de Madrid no recoge esa dirección. Y, con las nuevas condiciones que el consistorio está a punto de aprobar, tampoco podría obtenerla, porque comparte escalera con viviendas residenciales. Dos irregularidades superpuestas en el mismo inmueble. La primera es administrativa y se puede fechar. La segunda —la del inmueble antiguo— llevaba más de un siglo construida.
Qué se sabe del piso turístico sin licencia
El alojamiento operaba sin autorización y no consta que ninguna administración lo hubiera detectado antes del incidente. Sobre esto último conviene separar dos cosas que el relato tiende a mezclar. Una es la legalidad del uso; otra, la resistencia física del forjado. Que un apartamento no tenga licencia no hace que el suelo se hunda. Y que el suelo se hunda no convierte automáticamente el inmueble en un piso turístico, porque hostal, pensión de toda la vida y alquiler vacacional no son categorías intercambiables ni soportan la misma normativa.
En el análisis de la operación conviven dos marcos. Uno pone el acento en la economía sumergida del alquiler turístico: actividad sin licencia, sin inspección previa y con la administración enterándose después del susto. El otro apunta al control de la actividad de alojamiento —que resta metros cuadrados disponibles para residentes permanentes— frente a un piso compartido por muchas personas, donde la administración difícilmente actúa sin denuncia vecinal.
Un edificio de finales del XIX con vigas de madera
Aquí llega el dato que reordena el asunto. Varios participantes describen el inmueble como un edificio de finales del siglo XIX, con estructura de madera, un tipo de construcción que abunda en el centro de Madrid, incluso en zonas de precios absurdos. Hay quien cifra el inmueble en unos 213 m² sujetos a inspección técnica. Y otro participante sostiene que un forjado de madera de ese tipo está muy lejos de aguantar los 400 kilos por m² que soporta un edificio con vigas de acero o de hormigón armado.
El relato técnico que más se repite entre los participantes combina dos factores: falta de mantenimiento y reformas para crear habitaciones extra. Mover tabiques, hacer altillos, añadir baños sin declaración responsable ni licencia. «El suelo de un edificio no cede de no ser que esté podrido o tenga sobre peso», resume una posición muy repetida, que añade una coletilla incómoda para el relato oficial: en cualquiera de los dos casos, nada tiene que ver con que sea turístico o no.
Lo que sí cambia con una explotación intensiva es la carga. Si en 213 m² duermen muchas más personas de las previstas, con instalaciones adicionales, el cálculo de peso deja de ser teórico. Es el viejo problema de la cédula de habitabilidad, ese papel que fija el número máximo de ocupantes y que, según ese mismo análisis, casi nadie comprueba.
¿Por qué nadie revisó la licencia antes del derrumbe?
Porque la secuencia funciona tarde y a menudo a instancias de un tercero. Los edificios residenciales de más de 40 años de antigüedad deben pasar la Inspección Técnica de Edificios, la ITE, que evalúa precisamente el estado de la estructura. La pregunta que se repite es qué pasó con la de este inmueble y con la de tantos otros de la misma quinta planta en el centro.
El otro eslabón es la supervisión de la actividad turística: si el uso es legal o no, quién lo comprueba y con qué frecuencia. Las licencias urbanísticas y las inspecciones dan fechas, pero no previenen lo que nadie denuncia. Y ese hueco —entre la norma escrita y la visita del inspector— es donde se cuela la improvisación.
Facturar sin licencia: ¿y Hacienda?
Un tramo recurrente del análisis se detiene en el plano fiscal. La sospecha, formulada como pregunta retórica más que como dato, es cómo una actividad sin licencia puede generar ingresos declarados o no declarados durante meses sin que ninguna administración cruce los papeles. La respuesta que circula entre los participantes es poco edificante: al fisco le importa que se pague, no si el negocio tiene permiso o no. Con todo, no hay en la información disponible ninguna comprobación de la situación tributaria de la empresa gestora, ni cifras de facturación.
Lo que sí consta es el reconocimiento de que el alojamiento carecía de licencia y que la solicitud estaba en trámite, además de la ausencia de la dirección en el listado municipal de pisos autorizados.
Turismo, vivienda y el malestar de fondo
El caso ha funcionado como detonante de un descontento más ancho: saturación turística, presión sobre el alquiler residencial y sensación de que el centro se ha convertido en un parque temático. Se argumenta, con ejemplos como Canarias, que los precios de alojamiento en temporada alta han subido del orden del 40% desde 2019, y que volar a Roma en agosto pasó de unos 150 euros a rondar los 300. En ese clima, una parte del malestar se dirige también hacia la población migrante, a la que se atribuye una inseguridad que los datos disponibles no respaldan; conviene decirlo claro, porque esa asociación es una opinión, no un hallazgo.
Otros análisis prefieren mirar el ladrillo y la licencia, que es donde hay papeles que leer. La coincidencia, sorprendente, es que casi nadie defiende el estado actual: ni los que cargan contra el turismo, ni los que solo ven vigas podridas.
Con un forjado de finales del XIX, una licencia que no existe y un vecino que estaba en su casa cuando le cayó encima, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuántas plantas más del centro madrileño están sosteniendo la misma combinación sin que nadie la haya mirado todavía?
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«El suelo de un edificio no cede de no ser que esté podrido o tenga sobre peso. En cualquiera de los dos casos nada tiene que ver con que sea turístico o no.»
— Gutiérrez que le veo · Causa real del derrumbe
«Será una casa con estructura de madera, que en Madrid las hay hasta en Recoletos y a precios absurdos, pero además muy mal mantenida y quizá con obras ilegales para crear más habitaciones.»
— frangelico · Estructura de madera y mantenimiento
«Es un edificio de finales del XIX con vigas de madera. Le añades reformas con movimientos de tabiques en plan fantasía y tienes la desgracia asegurada en cuestión de tiempo.»
— Gotthard · Reformas y capacidad del forjado
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Falta licencia y control administrativo40%
Es un fallo estructural del edificio35%
Hacinamiento y especulación con el alquiler25%
📌 DATOS
El suelo que colapsó estaba en la quinta planta del número 18 de la plaza de Santo Domingo y cayó sobre la vivienda de un vecino de la cuarta planta, que se encontraba en casa
La empresa responsable del alojamiento, La Petite Maison, reconoció que no contaba con licencia y alegó que la solicitud estaba en trámite
El listado municipal de pisos turísticos autorizados del Ayuntamiento de Madrid no incluye la dirección afectada
Con las nuevas condiciones que el Ayuntamiento está a punto de aprobar, el alojamiento no podría obtener licencia por compartir escalera con viviendas residenciales
📅 EVOLUCIÓN
Domingo del derrumbeEl forjado de la quinta planta del número 18 de la plaza de Santo Domingo colapsa sobre la vivienda de la cuarta planta y el edificio queda desalojado
Tras el sucesoLa empresa gestora reconoce que el alojamiento no tenía licencia y alega que la solicitud está en trámite
Comprobación posteriorEl listado municipal de pisos turísticos autorizados no recoge esa dirección
Normativa en tramitaciónLas condiciones que el consistorio está a punto de aprobar no permitirían la licencia por compartir escalera con viviendas residenciales
Debate posteriorEl foco se desplaza del relato turístico al estado estructural del inmueble, la ITE y el control administrativo
✓El razonamiento técnico que explica por qué vigas de madera de finales del XIX aguantan muchísimo menos peso que un forjado moderno, y cómo encaja con el dato de los 213 m²
✓El recorrido administrativo completo: quién exige la ITE, qué fija la cédula de habitabilidad y qué administración debe supervisar la actividad turística
✓Las nuevas condiciones que el Ayuntamiento está a punto de aprobar y que impedirían este tipo de licencia por compartir escalera con viviendas residenciales
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