Alvise y la grieta en el relato sobre Israel y Hamás
Hay una escena que se repite en los mentideros digitales: alguien descubre que un político al que votó o al que desprecia acaba de decir algo que rompe el guion. En este caso, el guion es el de la guerra en Gaza. Alvise Pérez, el agitador que irrumpió con fuerza en el Parlamento Europeo tras las elecciones de junio, ha publicado un análisis en el que sostiene que
Hamás es, en parte, una criatura de Israel. Y lo hace sin ambigüedades: «Puedo ser anti-hamás y explicar, a la vez, la responsabilidad de Israel en que exista esta estructura terrorista».
La afirmación no es un exabrupto de barra de bar. Pérez se apoya en tres fuentes que cita textualmente: una declaración de
Benjamin Netanyahu recogida por
The Jerusalem Post hace cuatro años, en la que el primer ministro israelí afirmaba que «cualquiera que quiera frustrar el establecimiento de un Estado palestino tiene que apoyar el fortalecimiento de Hamás y la transferencia de dinero a Hamás»; un artículo de
Haaretz publicado doce meses después, según el cual el jefe del Mossad instó en Doha a Catar a seguir canalizando fondos hacia Hamás; y un reportaje de
The Wall Street Journal de hace catorce años que, bajo el título «cómo Israel ayudó a engendrar a Hamás», citaba a un alto funcionario israelí de inteligencia en Gaza: «Hamás, para mi gran pesar, es creación de Israel».
El giro que incomoda a propios y extraños
Lo llamativo no es solo el contenido, sino quién lo dice. Alvise Pérez ha construido su marca política sobre la confrontación con el sistema, la denuncia de la corrupción y un discurso que muchos situaban en la órbita de la derecha pro-israelí. Su posición sobre Gaza ha roto esa expectativa. «Me lo esperaba team Israel», admite un comentarista. Otro lo celebra: «Me está sorprendiendo positivamente Alvise, se desmarcó de las políticas NWO pro-guerra de Ucrania y ahora vuelve a acertar con Israel, dejando aún más en evidencia al retrasado nini de Abascal y su secta de evangélicos pro-USA y pro-Israel».
La reacción no es unánime. Hay quien ve en este giro una operación calculada para captar votantes desencantados. «Todo apunta a operación del régimen para subsistir», escribe un escéptico. Y otro añade: «La cara de tontos que se les va a quedar a muchos de sus votantes en cuanto empiecen a conocer más en profundidad al personaje que han votado». La desconfianza hacia el personaje es transversal: algunos lo consideran «disidencia controladísima» y recuerdan que ya en 2022 aparecía en
Forbes mientras anunciaba una huelga general que nunca llegó a convocarse.
El interés nacional como coartada
El núcleo del argumento de Pérez no es tanto geopolítico como patriótico. «Yo me debo en exclusiva a los españoles y a los intereses de mi país, España, y no le hurtaré a mi audiencia de un análisis frío coherente con sus intereses», escribe. Y lanza una pregunta incómoda: «¿O acaso Israel nos apoyará a los españoles en un conflicto con Marruecos mientras empresas de Israel se enriquecen de las prospecciones ilegales en aguas de Canarias gracias a los marroquíes?».
Ese giro hacia el interés nacional conecta con una corriente de opinión que rechaza la implicación española en conflictos ajenos. «A los españoles de verdad ni nos van ni nos vienen los asuntos de jovelandeses y jalubios», resume un mensaje. «NO ES NUESTRA GUERRA», sentencia otro. La idea de que España debe priorizar sus propios intereses frente a alineamientos automáticos con potencias extranjeras gana terreno en el debate.
La prueba del algodón: ¿es disidencia real o controlada?
La posición sobre Israel se ha convertido en un test para medir la autenticidad de los críticos. «Os recuerdo que la posición sobre Israel es la verdadera prueba del algodón sobre si alguien es disidencia controlada o no», escribe un participante. «De momento Alvise va aprobando, pero con un 5.0 (la posición correcta sería retirar a Israel su reconocimiento como país)». La exigencia de coherencia es alta: no basta con criticar a Hamás, hay que cuestionar el marco completo.
Otros, en cambio, dudan de que este giro sea sincero. «No sé qué tantas dudas tiene la gente con un tipo que, a la vista está, es disidencia controladísima, pero de manual», afirma un mensaje. La sospecha de que Alvise es un producto del sistema para canalizar el descontento hacia cauces seguros recorre buena parte de las intervenciones. «Con el coletas pasó lo mismo, de un día para otro salía en todos los mass mierda», recuerda otro.
El trasfondo económico: Canarias, Marruecos y los intereses españoles
Más allá del conflicto en Oriente Próximo, el análisis de Pérez introduce un elemento que rara vez aparece en el discurso público: la conexión entre la política exterior israelí y los intereses económicos españoles en el Atlántico. La mención a las prospecciones ilegales en aguas de Canarias por parte de empresas israelíes con el beneplácito marroquí es un dato que, según el propio Pérez, debería pesar más que cualquier solidaridad ideológica.
La discusión deriva hacia la necesidad de que España defina una política exterior basada en sus propios intereses, no en alineamientos automáticos. «Debemos empezar a mirar por nuestros intereses. Nosotros no pintamos nada en esa guerra», sostiene un comentarista. La idea de que España debe ser neutral en conflictos que no le afectan directamente gana adeptos, incluso entre quienes se definen como pro-palestinos: «Soy totalmente pro palestina pero se agradece que al menos alguien diga 'aquí lo que importa es España'».
El cálculo que nadie desglosa
El análisis de Pérez incluye una afirmación que, si se confirma, tendría consecuencias económicas notables: las empresas israelíes se estarían beneficiando de las prospecciones ilegales en aguas canarias gracias a la connivencia marroquí. El dato completo, con nombres de empresas y volúmenes de negocio, no aparece en el mensaje, pero la mención basta para abrir una línea de investigación que pocos medios han explorado. ¿Cuánto dinero está en juego? ¿Qué empresas? ¿Qué papel juega la diplomacia española? Son preguntas que quedan flotando.
El cierre: un dato que descoloca
Mientras el debate sobre Gaza sigue monopolizando titulares, la irrupción de Alvise con este análisis ha logrado algo poco frecuente: que partidarios y detractores coincidan en que, al menos, ha puesto sobre la mesa una cuestión incómoda. Los datos que cita son públicos y verificables. Las conclusiones, discutibles. Pero la pregunta de fondo —¿a quién beneficia realmente el apoyo incondicional a Israel?— ya no se puede ignorar. Y eso, en el actual ecosistema mediático, es casi una anomalía.