Los ingresos por covid superan la tasa de junio de 2021
¿Por qué vuelve el covid en pleno verano, cuando el calor y la radiación ultravioleta deberían barrerlo? Los datos del último informe del Sistema de Vigilancia de Infección Respiratoria Aguda (SiVIRA) del Instituto de Salud Carlos III, con la semana del 3 al 9 de junio como referencia, dibujan siete semanas consecutivas de subida. La tasa de incidencia se sitúa en
107,7 casos por cada 100.000 habitantes y la positividad en hospitales ha escalado ocho puntos en siete días, del 25,1% al
33,2%.
La tasa de ingresos ha pasado de 3,7 a
4,2 casos por cada 100.000 habitantes. Ese nivel supera la trayectoria de junio de 2021, segundo verano de pandemia, cuando el 48,9% de la población española tenía al menos una dosis y el 30,4% contaba con dos. También queda por encima del verano pasado, con el 85% de la población total vacunada. La variante dominante es BA.2.86, conocida como
Pirola, con aproximadamente un 60% de presencia tanto en hospitales como en Atención Primaria.
Pirola: tos en el 89% de los casos y sin señales de gravedad
El cuadro clínico de Pirola se parece al de otros linajes de Ómicron. Los síntomas más frecuentes son tos en el
89% de los casos, malestar general en ocho de cada diez pacientes, dolor de garganta y fiebre. Los vómitos son los menos frecuentes y la diarrea o la disnea, los más escasos. Sanidad recomienda mascarilla cuando hay síntomas de infección respiratoria —congestión nasal, dolor de garganta, fiebre—, higiene de manos y seguir las pautas de vacunación, además de cubrirse la nariz al estornudar y usar pañuelos desechables.
Los epidemiólogos insisten en que no estamos ni de lejos en la situación de la pandemia, pero piden test de antígenos ante la duda y protección de los más vulnerables. El mensaje oficial convive con un cansancio social que se nota en cada conversación.
¿Por qué el virus ya no respeta el calendario del frío?
Durante décadas se repitió que la gripe era cosa del invierno, que el calor y la radiación ultravioleta del verano mataban los virus. Ese relato se ha roto. Hay quien sostiene que los virus respiratorios han dejado de comportarse como se esperaba y que los picos estivales ya no son anomalía sino norma. En contra pesa el argumento de que la vigilancia ha mejorado y ahora se detecta lo que antes pasaba desapercibido.
La discusión sobre las causas se cruza con otra más incómoda: la del aire acondicionado. Se apunta a los filtros sucios, a los sistemas de climatización que recirculan bacterias y partículas almacenadas del año anterior, como factor que coincide con el arranque del calor. Es una hipótesis doméstica, no una tesis epidemiológica, pero circula con fuerza.
Vacunación, inmunidad y el desgaste del relato oficial
El dato que más incomoda es la comparación con 2021 y 2023. Con menos vacunados que entonces, la tasa de ingresos actual supera ambas referencias. Una parte del análisis lo atribuye a la pérdida de inmunidad y a la baja adherencia a las dosis de refuerzo. Otra corriente sostiene que el sistema inmunitario colectivo ha quedado tocado por las campañas previas, una hipótesis que no cuenta con respaldo científico y que conviene tratar como lo que es: una sospecha sin pruebas.
Lo que sí es verificable es el desgaste del mensaje. Hay quien recuerda que durante la pandemia se repitió que las vacunas eran «seguras y eficaces» y que frenaban el contagio, y ahora se pregunta qué queda de aquella promesa. La respuesta oficial ha ido mutando hacia la protección de los vulnerables, un objetivo más modesto y más difícil de vender.
Del aplauso al encogimiento de hombros
La conversación social ha cambiado de registro. Ya no hay balcones ni caceroladas: hay indiferencia. Muchos ciudadanos admiten que no se harán un test ante un dolor de cabeza, que no cancelarán planes por un resfriado y que no piensan volver a encerrarse. La anécdota del catarro que antes se trataba con una aspirina y ahora dispara la alarma sanitaria resume el agotamiento.
Ese cansancio tiene una derivada económica: cada episodio de repunte reactiva el debate sobre el coste de las medidas, las compras de material sanitario y la factura pública de una vigilancia que no se apaga. La pregunta que sobrevuela no es si habrá más olas, sino cuánto está dispuesta a pagar la sociedad por seguir contándolas.
Al final, el virus hace lo que le da la gana y nosotros seguimos discutiendo si fue el aire acondicionado, el filtro del coche o el vecino del sexto.