Pagascal: la gran estafa política que deja al perro en una broma

Ilustración editorial de un atril vacío con bandera de España y una nómina pública sobre la mesa, en azul marino y dorado
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Abascal cobró 94.000 euros públicos al frente de un organismo que él mismo habría denunciado Antes de convertir la crítica a la casta en su principal activo electoral, Santiago Abascal ya ocupaba un despacho público con nómina de seis cifras. En 2010, Esperanza Aguirre lo colocó al frente de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid.

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Santiago Abascal: de vivir de cargos públicos a presidir VOX​

La trayectoria de Santiago Abascal: sueldos públicos, fundaciones, financiación y antiguos compañeros que han terminado fuera del partido.

Hay una cosa que merece la pena recordar cada vez que Santiago Abascal se pone delante de una bandera de España a soltar discursos contra la casta, los enchufados y los chiringuitos.

Su propia trayectoria.

Porque antes de convertirse en el azote televisivo de los políticos profesionales, Abascal ya llevaba años viviendo de la política profesional.

Y no precisamente cobrando el salario mínimo.

1. El enemigo de los chiringuitos tenía uno bastante apañado​

Vamos con los números, que son mucho más entretenidos que los discursos patrióticos.

En 2010, Esperanza Aguirre colocó a Abascal al frente de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid.

Entre 2011 y 2013, el cargo tenía una retribución anual de 93.855 euros, contando sueldo y complemento de productividad.

Sí, habéis leído bien.

Casi 94.000 euros anuales de dinero público para el futuro enemigo de la casta.

Después se suprimió aquella agencia.

¿Y qué ocurrió?

Pues que nuestro protagonista de la lucha contra los chiringuitos encontró acomodo en otra entidad pública: la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social.

Nuevo despacho. Nueva nómina.

82.491,80 euros brutos al año.

¿Y qué resultados acreditó aquella fundación durante su etapa? Según la documentación examinada por El País, una beca de 9.000 euros y una donación de 1.000 euros figuraban entre sus escasos logros concretos.

Esto no demuestra ningún delito de Abascal, naturalmente.

Pero la ironía política es bastante evidente: el hombre que después se haría famoso denunciando organismos públicos de utilidad cuestionable había dirigido uno de ellos con una remuneración considerable.

Fuentes: Maldita.es y El País.

2. Espinosa de los Monteros: de construir VOX a salir del partido​

Aquí empieza la parte especialmente interesante.

Iván Espinosa de los Monteros estuvo en el proyecto desde sus inicios. Fue uno de sus principales rostros, portavoz parlamentario y pieza fundamental de su etapa de expansión.

No hablamos de un afiliado que apareció ayer.

Hablamos de alguien que estaba ahí cuando Vox todavía no tenía los recursos, la representación ni la notoriedad de sus años posteriores.

En agosto de 2023, Espinosa abandonó su escaño alegando motivos personales.

Posteriormente explicó que discrepaba del giro de la dirección y de lo que describió como una cultura interna de maltrato hacia personas del partido.

En marzo de 2026 lanzó un manifiesto crítico con la dirección.

Y en julio de 2026 recibió la comunicación de su expulsión.

De portavoz y compañero de proyecto a expulsado.

La dirección podía discrepar de sus posiciones. Eso entra dentro de cualquier organización política.

Pero el desenlace plantea una pregunta bastante incómoda: ¿qué espacio queda para el desacuerdo de quienes participaron en la construcción del partido?

3. Ortega Smith: ni los viejos amigos se salvan​

Lo de Javier Ortega Smith tiene todavía más historia.

Abascal y Ortega Smith se conocían desde mucho antes del éxito electoral de Vox. Compartieron el proyecto de DENAES y posteriormente la construcción del nuevo partido.

Su relación personal llegó al punto de que, según publicó El Confidencial, Ortega Smith es padrino de una de las hijas de Abascal.

Pues bien.

En febrero de 2026 estalló públicamente el conflicto por su relevo como portavoz municipal en Madrid.

Abascal respondió con una frase que resume su concepción de la disciplina partidaria:

«Es la dirección la que manda».

Y en abril de 2026 Vox confirmó definitivamente la expulsión de Ortega Smith, tras rechazar su recurso interno. La formación justificó el procedimiento por cuestiones disciplinarias y desobediencia.

La relación política de tantos años acabó rota.

Un caso aislado podría explicarse por una discrepancia personal. Pero cuando desaparecen de la dirección tantos nombres importantes de la primera etapa, cabe preguntarse si el problema no es también la forma de ejercer el poder.

4. La colección de salidas​

Y no acaba ahí la historia.

Rocío Monasterio, Macarena Olona, Juan García-Gallardo y otros dirigentes destacados también se han apartado o han ansioso del proyecto, en circunstancias distintas que no conviene mezclar.

Unos denunciaron el rumbo político. Otros tuvieron conflictos con la dirección. Otros alegaron razones personales.

No existe una única explicación demostrada para todas esas salidas.

Pero sí existe una transformación visible: el Vox de los primeros años y el Vox dirigido por Abascal en 2026 presentan una cúpula muy diferente.

Y eso merece más explicaciones que la consabida apelación a la disciplina.

5. El dinero: cuando aparece Hungría​

Otro episodio poco conocido por parte del público es la financiación electoral de Vox.

En septiembre de 2024, el partido reconoció que había recibido préstamos por unos 9,2 millones de euros de MBH, un banco húngaro vinculado al entorno empresarial de Viktor Orbán.

Vox argumentó que tenía dificultades para obtener financiación de bancos españoles.

Después se conocieron otras operaciones crediticias con la misma entidad. Según las cuentas de 2025 publicadas en 2026, esa deuda había quedado saldada.

Conviene dejar algo claro: un préstamo bancario extranjero no es, por sí mismo, financiación ilegal.

Pero resulta legítimo exigir máxima transparencia a una formación que hace de la soberanía nacional una de sus grandes banderas.

¿Quién presta el dinero? ¿En qué condiciones? ¿Qué obligaciones asume el partido?

Preguntas perfectamente razonables.

Y bastante más útiles que otro discurso a gritos contra las élites.

6. Las sanciones que terminaron anuladas​

También hay que hablar de las controversias con el Tribunal de Cuentas, pero con los hechos completos.

El organismo sancionó a Vox por determinadas prácticas de financiación. Sin embargo, el Tribunal Supremo anuló importantes sanciones, incluida una de 862.496 euros en junio de 2026, al considerar insuficiente la base probatoria.

Es decir, no sería correcto presentar esa sanción como una condena firme por financiación irregular.

Ahora bien, el Supremo también criticó la falta de rigor y transparencia en la gestión de determinadas actividades promocionales del partido.

Por tanto, ni condena acreditada en ese expediente ni gestión ejemplar proclamada por sentencia.

Ahí está precisamente la diferencia entre analizar los documentos y dedicarse a repetir propaganda.

7. El verdadero debate: ¿partido de ideas o estructura alrededor del líder?​

La historia de Vox plantea una cuestión política de fondo.

Abascal llegó a la presidencia en 2014. Desde entonces, la formación pasó de la marginalidad electoral a tener una presencia relevante en las instituciones españolas.

Ese crecimiento es un hecho.

También lo es que algunos de sus colaboradores más conocidos terminaron enfrentados con la dirección.

Sus partidarios pueden interpretar ese proceso como una consolidación del liderazgo y una necesidad de disciplina.

Sus críticos lo consideran una concentración excesiva del poder.

Y ahí es donde conviene mirar menos las banderas del escenario y más los mecanismos internos del partido.

¿Quién toma las decisiones? ¿Quién puede discutirlas? ¿Qué sucede cuando un fundador discrepa? ¿Cómo se fiscalizan las cuentas y las estructuras vinculadas?

Porque el patriotismo no exime de rendir cuentas.

Y denunciar la casta tampoco.


En resumen:

Abascal pasó por cargos públicos muy bien remunerados antes de consolidarse como dirigente de un partido que denuncia los chiringuitos.

Ha presidido Vox durante la salida de numerosos protagonistas de su primera etapa, incluidos Espinosa de los Monteros y Ortega Smith.

Y bajo su dirección el partido ha tenido controversias importantes sobre transparencia financiera, aunque varias sanciones del Tribunal de Cuentas terminaron anuladas judicialmente.

Todo eso está documentado.

Que cada cual saque sus conclusiones sobre la distancia entre el discurso y la trayectoria.

Porque las banderas se compran. Los discursos se escriben. Pero el historial de nóminas, nombramientos y salidas no desaparece por mucho que se grite «¡Viva España!».
 

Santiago Abascal: de vivir de cargos públicos a presidir VOX​

La trayectoria de Santiago Abascal: sueldos públicos, fundaciones, financiación y antiguos compañeros que han terminado fuera del partido.

Hay una cosa que merece la pena recordar cada vez que Santiago Abascal se pone delante de una bandera de España a soltar discursos contra la casta, los enchufados y los chiringuitos.

Su propia trayectoria.

Porque antes de convertirse en el azote televisivo de los políticos profesionales, Abascal ya llevaba años viviendo de la política profesional.

Y no precisamente cobrando el salario mínimo.

1. El enemigo de los chiringuitos tenía uno bastante apañado​

Vamos con los números, que son mucho más entretenidos que los discursos patrióticos.

En 2010, Esperanza Aguirre colocó a Abascal al frente de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid.

Entre 2011 y 2013, el cargo tenía una retribución anual de 93.855 euros, contando sueldo y complemento de productividad.

Sí, habéis leído bien.

Casi 94.000 euros anuales de dinero público para el futuro enemigo de la casta.

Después se suprimió aquella agencia.

¿Y qué ocurrió?

Pues que nuestro protagonista de la lucha contra los chiringuitos encontró acomodo en otra entidad pública: la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social.

Nuevo despacho. Nueva nómina.

82.491,80 euros brutos al año.

¿Y qué resultados acreditó aquella fundación durante su etapa? Según la documentación examinada por El País, una beca de 9.000 euros y una donación de 1.000 euros figuraban entre sus escasos logros concretos.

Esto no demuestra ningún delito de Abascal, naturalmente.

Pero la ironía política es bastante evidente: el hombre que después se haría famoso denunciando organismos públicos de utilidad cuestionable había dirigido uno de ellos con una remuneración considerable.

Fuentes: Maldita.es y El País.

2. Espinosa de los Monteros: de construir VOX a salir del partido​

Aquí empieza la parte especialmente interesante.

Iván Espinosa de los Monteros estuvo en el proyecto desde sus inicios. Fue uno de sus principales rostros, portavoz parlamentario y pieza fundamental de su etapa de expansión.

No hablamos de un afiliado que apareció ayer.

Hablamos de alguien que estaba ahí cuando Vox todavía no tenía los recursos, la representación ni la notoriedad de sus años posteriores.

En agosto de 2023, Espinosa abandonó su escaño alegando motivos personales.

Posteriormente explicó que discrepaba del giro de la dirección y de lo que describió como una cultura interna de maltrato hacia personas del partido.

En marzo de 2026 lanzó un manifiesto crítico con la dirección.

Y en julio de 2026 recibió la comunicación de su expulsión.

De portavoz y compañero de proyecto a expulsado.

La dirección podía discrepar de sus posiciones. Eso entra dentro de cualquier organización política.

Pero el desenlace plantea una pregunta bastante incómoda: ¿qué espacio queda para el desacuerdo de quienes participaron en la construcción del partido?

3. Ortega Smith: ni los viejos amigos se salvan​

Lo de Javier Ortega Smith tiene todavía más historia.

Abascal y Ortega Smith se conocían desde mucho antes del éxito electoral de Vox. Compartieron el proyecto de DENAES y posteriormente la construcción del nuevo partido.

Su relación personal llegó al punto de que, según publicó El Confidencial, Ortega Smith es padrino de una de las hijas de Abascal.

Pues bien.

En febrero de 2026 estalló públicamente el conflicto por su relevo como portavoz municipal en Madrid.

Abascal respondió con una frase que resume su concepción de la disciplina partidaria:

«Es la dirección la que manda».

Y en abril de 2026 Vox confirmó definitivamente la expulsión de Ortega Smith, tras rechazar su recurso interno. La formación justificó el procedimiento por cuestiones disciplinarias y desobediencia.

La relación política de tantos años acabó rota.

Un caso aislado podría explicarse por una discrepancia personal. Pero cuando desaparecen de la dirección tantos nombres importantes de la primera etapa, cabe preguntarse si el problema no es también la forma de ejercer el poder.

4. La colección de salidas​

Y no acaba ahí la historia.

Rocío Monasterio, Macarena Olona, Juan García-Gallardo y otros dirigentes destacados también se han apartado o han ansioso del proyecto, en circunstancias distintas que no conviene mezclar.

Unos denunciaron el rumbo político. Otros tuvieron conflictos con la dirección. Otros alegaron razones personales.

No existe una única explicación demostrada para todas esas salidas.

Pero sí existe una transformación visible: el Vox de los primeros años y el Vox dirigido por Abascal en 2026 presentan una cúpula muy diferente.

Y eso merece más explicaciones que la consabida apelación a la disciplina.

5. El dinero: cuando aparece Hungría​

Otro episodio poco conocido por parte del público es la financiación electoral de Vox.

En septiembre de 2024, el partido reconoció que había recibido préstamos por unos 9,2 millones de euros de MBH, un banco húngaro vinculado al entorno empresarial de Viktor Orbán.

Vox argumentó que tenía dificultades para obtener financiación de bancos españoles.

Después se conocieron otras operaciones crediticias con la misma entidad. Según las cuentas de 2025 publicadas en 2026, esa deuda había quedado saldada.

Conviene dejar algo claro: un préstamo bancario extranjero no es, por sí mismo, financiación ilegal.

Pero resulta legítimo exigir máxima transparencia a una formación que hace de la soberanía nacional una de sus grandes banderas.

¿Quién presta el dinero? ¿En qué condiciones? ¿Qué obligaciones asume el partido?

Preguntas perfectamente razonables.

Y bastante más útiles que otro discurso a gritos contra las élites.

6. Las sanciones que terminaron anuladas​

También hay que hablar de las controversias con el Tribunal de Cuentas, pero con los hechos completos.

El organismo sancionó a Vox por determinadas prácticas de financiación. Sin embargo, el Tribunal Supremo anuló importantes sanciones, incluida una de 862.496 euros en junio de 2026, al considerar insuficiente la base probatoria.

Es decir, no sería correcto presentar esa sanción como una condena firme por financiación irregular.

Ahora bien, el Supremo también criticó la falta de rigor y transparencia en la gestión de determinadas actividades promocionales del partido.

Por tanto, ni condena acreditada en ese expediente ni gestión ejemplar proclamada por sentencia.

Ahí está precisamente la diferencia entre analizar los documentos y dedicarse a repetir propaganda.

7. El verdadero debate: ¿partido de ideas o estructura alrededor del líder?​

La historia de Vox plantea una cuestión política de fondo.

Abascal llegó a la presidencia en 2014. Desde entonces, la formación pasó de la marginalidad electoral a tener una presencia relevante en las instituciones españolas.

Ese crecimiento es un hecho.

También lo es que algunos de sus colaboradores más conocidos terminaron enfrentados con la dirección.

Sus partidarios pueden interpretar ese proceso como una consolidación del liderazgo y una necesidad de disciplina.

Sus críticos lo consideran una concentración excesiva del poder.

Y ahí es donde conviene mirar menos las banderas del escenario y más los mecanismos internos del partido.

¿Quién toma las decisiones? ¿Quién puede discutirlas? ¿Qué sucede cuando un fundador discrepa? ¿Cómo se fiscalizan las cuentas y las estructuras vinculadas?

Porque el patriotismo no exime de rendir cuentas.

Y denunciar la casta tampoco.


En resumen:

Abascal pasó por cargos públicos muy bien remunerados antes de consolidarse como dirigente de un partido que denuncia los chiringuitos.

Ha presidido Vox durante la salida de numerosos protagonistas de su primera etapa, incluidos Espinosa de los Monteros y Ortega Smith.

Y bajo su dirección el partido ha tenido controversias importantes sobre transparencia financiera, aunque varias sanciones del Tribunal de Cuentas terminaron anuladas judicialmente.

Todo eso está documentado.

Que cada cual saque sus conclusiones sobre la distancia entre el discurso y la trayectoria.

Porque las banderas se compran. Los discursos se escriben. Pero el historial de nóminas, nombramientos y salidas no desaparece por mucho que se grite «¡Viva España!».

En Valencia VOX está funcionando muy bien. Lo demás no me importa.
 


Pues según las encuestas Antonio Teflón estaría en los cien escaños, así que es evidente que sí, que hay muchísima gente que, pese a las críticas a la gestión de Sánchez desde que llegó a la presidencia en 2018, sigue votándole y por tanto necesitarían alguna de las muchas listas que están circulando estos días con las mentiras y corrupciones que lleva acumuladas.

Eso, o que reciben algún tipo de ayuda a cambio.
 

Santiago Abascal: de vivir de cargos públicos a presidir VOX​

La trayectoria de Santiago Abascal: sueldos públicos, fundaciones, financiación y antiguos compañeros que han terminado fuera del partido.

Hay una cosa que merece la pena recordar cada vez que Santiago Abascal se pone delante de una bandera de España a soltar discursos contra la casta, los enchufados y los chiringuitos.

Su propia trayectoria.

Porque antes de convertirse en el azote televisivo de los políticos profesionales, Abascal ya llevaba años viviendo de la política profesional.

Y no precisamente cobrando el salario mínimo.

1. El enemigo de los chiringuitos tenía uno bastante apañado​

Vamos con los números, que son mucho más entretenidos que los discursos patrióticos.

En 2010, Esperanza Aguirre colocó a Abascal al frente de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid.

Entre 2011 y 2013, el cargo tenía una retribución anual de 93.855 euros, contando sueldo y complemento de productividad.

Sí, habéis leído bien.

Casi 94.000 euros anuales de dinero público para el futuro enemigo de la casta.

Después se suprimió aquella agencia.

¿Y qué ocurrió?

Pues que nuestro protagonista de la lucha contra los chiringuitos encontró acomodo en otra entidad pública: la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social.

Nuevo despacho. Nueva nómina.

82.491,80 euros brutos al año.

¿Y qué resultados acreditó aquella fundación durante su etapa? Según la documentación examinada por El País, una beca de 9.000 euros y una donación de 1.000 euros figuraban entre sus escasos logros concretos.

Esto no demuestra ningún delito de Abascal, naturalmente.

Pero la ironía política es bastante evidente: el hombre que después se haría famoso denunciando organismos públicos de utilidad cuestionable había dirigido uno de ellos con una remuneración considerable.

Fuentes: Maldita.es y El País.

2. Espinosa de los Monteros: de construir VOX a salir del partido​

Aquí empieza la parte especialmente interesante.

Iván Espinosa de los Monteros estuvo en el proyecto desde sus inicios. Fue uno de sus principales rostros, portavoz parlamentario y pieza fundamental de su etapa de expansión.

No hablamos de un afiliado que apareció ayer.

Hablamos de alguien que estaba ahí cuando Vox todavía no tenía los recursos, la representación ni la notoriedad de sus años posteriores.

En agosto de 2023, Espinosa abandonó su escaño alegando motivos personales.

Posteriormente explicó que discrepaba del giro de la dirección y de lo que describió como una cultura interna de maltrato hacia personas del partido.

En marzo de 2026 lanzó un manifiesto crítico con la dirección.

Y en julio de 2026 recibió la comunicación de su expulsión.

De portavoz y compañero de proyecto a expulsado.

La dirección podía discrepar de sus posiciones. Eso entra dentro de cualquier organización política.

Pero el desenlace plantea una pregunta bastante incómoda: ¿qué espacio queda para el desacuerdo de quienes participaron en la construcción del partido?

3. Ortega Smith: ni los viejos amigos se salvan​

Lo de Javier Ortega Smith tiene todavía más historia.

Abascal y Ortega Smith se conocían desde mucho antes del éxito electoral de Vox. Compartieron el proyecto de DENAES y posteriormente la construcción del nuevo partido.

Su relación personal llegó al punto de que, según publicó El Confidencial, Ortega Smith es padrino de una de las hijas de Abascal.

Pues bien.

En febrero de 2026 estalló públicamente el conflicto por su relevo como portavoz municipal en Madrid.

Abascal respondió con una frase que resume su concepción de la disciplina partidaria:

«Es la dirección la que manda».

Y en abril de 2026 Vox confirmó definitivamente la expulsión de Ortega Smith, tras rechazar su recurso interno. La formación justificó el procedimiento por cuestiones disciplinarias y desobediencia.

La relación política de tantos años acabó rota.

Un caso aislado podría explicarse por una discrepancia personal. Pero cuando desaparecen de la dirección tantos nombres importantes de la primera etapa, cabe preguntarse si el problema no es también la forma de ejercer el poder.

4. La colección de salidas​

Y no acaba ahí la historia.

Rocío Monasterio, Macarena Olona, Juan García-Gallardo y otros dirigentes destacados también se han apartado o han ansioso del proyecto, en circunstancias distintas que no conviene mezclar.

Unos denunciaron el rumbo político. Otros tuvieron conflictos con la dirección. Otros alegaron razones personales.

No existe una única explicación demostrada para todas esas salidas.

Pero sí existe una transformación visible: el Vox de los primeros años y el Vox dirigido por Abascal en 2026 presentan una cúpula muy diferente.

Y eso merece más explicaciones que la consabida apelación a la disciplina.

5. El dinero: cuando aparece Hungría​

Otro episodio poco conocido por parte del público es la financiación electoral de Vox.

En septiembre de 2024, el partido reconoció que había recibido préstamos por unos 9,2 millones de euros de MBH, un banco húngaro vinculado al entorno empresarial de Viktor Orbán.

Vox argumentó que tenía dificultades para obtener financiación de bancos españoles.

Después se conocieron otras operaciones crediticias con la misma entidad. Según las cuentas de 2025 publicadas en 2026, esa deuda había quedado saldada.

Conviene dejar algo claro: un préstamo bancario extranjero no es, por sí mismo, financiación ilegal.

Pero resulta legítimo exigir máxima transparencia a una formación que hace de la soberanía nacional una de sus grandes banderas.

¿Quién presta el dinero? ¿En qué condiciones? ¿Qué obligaciones asume el partido?

Preguntas perfectamente razonables.

Y bastante más útiles que otro discurso a gritos contra las élites.

6. Las sanciones que terminaron anuladas​

También hay que hablar de las controversias con el Tribunal de Cuentas, pero con los hechos completos.

El organismo sancionó a Vox por determinadas prácticas de financiación. Sin embargo, el Tribunal Supremo anuló importantes sanciones, incluida una de 862.496 euros en junio de 2026, al considerar insuficiente la base probatoria.

Es decir, no sería correcto presentar esa sanción como una condena firme por financiación irregular.

Ahora bien, el Supremo también criticó la falta de rigor y transparencia en la gestión de determinadas actividades promocionales del partido.

Por tanto, ni condena acreditada en ese expediente ni gestión ejemplar proclamada por sentencia.

Ahí está precisamente la diferencia entre analizar los documentos y dedicarse a repetir propaganda.

7. El verdadero debate: ¿partido de ideas o estructura alrededor del líder?​

La historia de Vox plantea una cuestión política de fondo.

Abascal llegó a la presidencia en 2014. Desde entonces, la formación pasó de la marginalidad electoral a tener una presencia relevante en las instituciones españolas.

Ese crecimiento es un hecho.

También lo es que algunos de sus colaboradores más conocidos terminaron enfrentados con la dirección.

Sus partidarios pueden interpretar ese proceso como una consolidación del liderazgo y una necesidad de disciplina.

Sus críticos lo consideran una concentración excesiva del poder.

Y ahí es donde conviene mirar menos las banderas del escenario y más los mecanismos internos del partido.

¿Quién toma las decisiones? ¿Quién puede discutirlas? ¿Qué sucede cuando un fundador discrepa? ¿Cómo se fiscalizan las cuentas y las estructuras vinculadas?

Porque el patriotismo no exime de rendir cuentas.

Y denunciar la casta tampoco.


En resumen:

Abascal pasó por cargos públicos muy bien remunerados antes de consolidarse como dirigente de un partido que denuncia los chiringuitos.

Ha presidido Vox durante la salida de numerosos protagonistas de su primera etapa, incluidos Espinosa de los Monteros y Ortega Smith.

Y bajo su dirección el partido ha tenido controversias importantes sobre transparencia financiera, aunque varias sanciones del Tribunal de Cuentas terminaron anuladas judicialmente.

Todo eso está documentado.

Que cada cual saque sus conclusiones sobre la distancia entre el discurso y la trayectoria.

Porque las banderas se compran. Los discursos se escriben. Pero el historial de nóminas, nombramientos y salidas no desaparece por mucho que se grite «¡Viva España!».
Post patrocinado por Pedro Sánchez y firmado por un miembro del Gobierno. Circulen
 

El SOE tiene que renovarse; hasta entonces, liberales de pacotilla.

No suelo bloquear, pero estas elecciones sacan del agujero a mucha gente.
 

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