El hilo pasa del dato al vaticinio: 50% de migrantes en 30 años
Nadie discute ya cuántos llegaron. En menos de un día, el tramo se ha ido a otra cosa: a calcular cuántos faltan y a decidir de quién es la culpa. Treinta mensajes, prácticamente todos con fecha del 19 de septiembre, y ni uno que intente bajar el tono. De la pelea por las fuentes solo queda el eco.
Qué se ha sabido
Los números que aparecen son de foro, no de estadística. Un participante asegura que
el 40% son extranjeros y que en las franjas de edad fértil son, dice, «seguro amplia mayoría». Otro echa la cuenta a ojo:
en 26 años se ha pasado de cero inmigrantes a un tercio de la población, y avisa de que, sumando la natalidad de los que llegan y la muerte de los mayores,
50% en 30 años se queda corto. Un tercero fija ese
50% en el mismo plazo. Ninguno acompaña fuente.
Las fuentes que sí aparecen son las de siempre, que vuelven a colgarse en este tramo:
la pieza de La Vanguardia del 23 de mayo de 2023, con su pareja de El Mundo. Y un vídeo de YouTube que alguien deja caer para ilustrar de qué se habla:
. A partir de ahí el hilo se suelta.
Hay también una cifra de actualidad cocinada en el propio foro: un participante calcula que
cada semana de llegadas a Barajas equivale a ocho veces lo de Ceuta, y otro recuerda que en Ceuta se siguen acumulando por miles. La comparación se repite y nadie la discute.
La actualidad del día también entra en el cuerpo del hilo. El concierto multitudinario de la noche anterior en Madrid sirve a varios foreros como prueba de su tesis: que el país ha desaparecido delante de nuestras narices. Y luego está el Plan Kalergi, que uno menciona como explicación de todo. Es una teoría sin ninguna prueba detrás; en el hilo tampoco se aporta.
Dónde está la bronca
La discusión ya no es si el dato era de 2023. Es quién lo votó. Un forero escribe que esto es lo que los españoles han votado, y otro lo remata en mayúsculas. La respuesta llega en cinco palabras:
nos obligan otros, no lo votamos. De ahí sale el reproche más duro del tramo: alguien sostiene que lleva
25 años avisando y que a los que avisaban se les llamó de todo. La acusación va contra los que ahora se quejan, y se cierra sin margen: nada que hacer.
En medio, una escena repetida: sacar el tema en una comida de gente con carrera y trabajo fijo. Según un participante, ahí no hay debate posible,
«para ellos es como las estaciones del año». La réplica no tarda: el problema no es el vecino que no quiere oírlo, sino quién se lleva el beneficio. La tesis de otro forero es que las élites no políticas —nombra una lista de grandes empresas y a los rentistas inmobiliarios— necesitan la inmigración para sostener el sistema que las mantiene arriba. La lista va sin prueba y él la presenta como obviedad.
El otro choque es de humor. Uno suelta un comentario autocompasivo, un segundo —que se define como creyente convencido— contesta que se ha reído, y un tercero resume el ambiente: aquí cada uno va a lo suyo. Media docena de respuestas se limitan a asentir, en una línea.
Las escenas que se cuentan
Dos relatos personales marcan el tramo. Uno describe a los jóvenes que ve por la calle —el aspecto, la ropa, la camiseta de un futbolista de moda— y saca la conclusión de que
de España no va a quedar ni el recuerdo. Otro se agarra al concierto de anoche para decir que el país ya no está. Una tercera voz sube mucho más el tono: describe la llegada de migrantes como una invasión y sostiene que quienes llegan son inferiores en todos los órdenes. Es una afirmación sin ningún respaldo, y en el hilo nadie la discute. Un cuarto añade a ese relato el miedo a la delincuencia en la calle.
Qué cambia respecto a antes
Dos cosas. Primero, se rompe el ciclo del dato: en la entrega anterior había que discutir si el gráfico de La Vanguardia estaba cambiado. Ahora eso da igual, porque ya nadie habla del presente. Segundo, entra con fuerza el registro de la rendición, sin adornos:
España ha muerto y no van a quedar ni las raspas. Y con él, la rendición del propio bando, la de quien dice que quizá esto se lo ha ganado la sociedad, o la de quien prefiere quedarse a mirar cómo acaba. Aparecen dos asuntos que no habían salido: el cálculo de quién gana dinero con esto y la sospecha conspirativa.
Quedan tres predicciones encima de la mesa, todas sin plazo corto: el 50%, el tercio y la desaparición del país tal y como se conoce. Nadie se compromete a más. El hilo acaba donde empezó, con la misma pregunta, solo que ya nadie espera respuesta.