Negligencia criminal: visto para sentencia (Carlos Martínez Gorriarán en Vozpópuli)

Negligencia criminal: visto para sentencia (Carlos Martínez Gorriarán en Vozpópuli)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Un artículo firmado por Carlos Martínez Gorriarán en Vozpópuli, publicado el 29 de octubre de 2026, sostiene que los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda comparten causas de falta de mantenimiento y califica la situación de «negligencia criminal». El texto, de marcado carácter político, atribuye los siniestros a la gestión del Gobierno y pide extraer consecuencias electorales.

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Un artículo firmado por Carlos Martínez Gorriarán en Vozpópuli, publicado el 29 de octubre de 2026, sostiene que los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda comparten causas de falta de mantenimiento y califica la situación de «negligencia criminal». El texto, de marcado carácter político, atribuye los siniestros a la gestión del Gobierno y pide extraer consecuencias electorales.

El artículo que Carlos Martínez Gorriarán publicó en Vozpópuli el 29 de octubre de 2026 bajo el título «Negligencia criminal: visto para sentencia» no es un informe técnico. Es una pieza de opinión política que usa dos accidentes ferroviarios para construir una acusación global contra el Gobierno. Conviene leerla sabiendo qué es: una tesis, no una pericia.

La idea central es sencilla y se repite a lo largo del texto. Un accidente puede ser mala suerte. Dos en diez meses, sostiene el autor, ya no. Y si ocurren en plena campaña electoral, el asunto deja la campaña «vista para sentencia». La frase que resume su posición es que la coalición gobernante «no sólo miente, roba y traiciona, también mata». Es una afirmación de parte, sin prueba judicial, y así debe leerse.

Adamuz, Urda y la falta de presupuestos

El artículo vincula los dos siniestros ferroviarios, en Adamuz y Urda, a una causa común: la falta de mantenimiento adecuado. ¿Por qué falta mantenimiento? Según el autor, porque no hay Presupuestos Generales del Estado. Ese es el eje de su argumentación económica, y merece la pena separarlo de la política.

La cadena que describe es esta: sin presupuestos aprobados, no hay partidas de conservación; sin conservación, las vías envejecen; con vías viejas y sistemas de seguridad obsoletos, los trenes circulan con pasajeros a velocidad punta por infraestructura insegura. El autor lo compara con jugar «a la ruleta rusa de pago». La imagen es suya, no un dato.

Lo que sí aporta el texto como dato concreto es el balance de Adamuz: 48 muertes. Es la única cifra de víctimas que da para los accidentes ferroviarios. Del de Urda no ofrece número. Y ahí conviene ser prudente: el artículo no cita informes oficiales, ni organismos de investigación, ni resoluciones judiciales. La relación entre presupuestos y siniestros es una hipótesis que el autor defiende, no un hecho establecido.

Un Estado que no garantiza la seguridad

Hay un argumento de fondo que va más allá del tren. El autor sostiene que la única razón para aceptar el Estado es que garantice la seguridad de los servicios públicos y un orden razonable. Si un Estado convierte en peligro de muerte tomar un tren que antes era motivo de orgullo, dice, es un «Estado fallido, sin legitimidad». Es una tesis política clásica, la del contrato de seguridad, aplicada aquí al transporte ferroviario.

Para reforzarla, el texto repasa lo que llama «el final del sanchismo» y enumera una serie de episodios. Algunos son verificables como hechos ocurridos; otros son afirmaciones que el autor presenta sin respaldo documental en el propio artículo. Entre los primeros está la Dana de Valencia, con 233 muertes según el texto, y el accidente de Adamuz. Entre los segundos, las acusaciones sobre un supuesto intento de contratar a narcotraficantes contra la juez Biedma, o la manipulación del censo electoral a través de la «ley de nietos». Son acusaciones graves que el artículo lanza sin aportar prueba, y que no deben tomarse como confirmadas.

El texto también menciona el apagón eléctrico nacional de un día, sin explicación oficial según el autor, y la situación de Ceuta, donde afirma que la Audiencia Nacional trabaja con la hipótesis de un delito de traición de Estado. Son afirmaciones que el lector debe contrastar por su cuenta.

Los responsables y el «tren Frankenstein»

El artículo dedica un apartado a las reacciones de los cargos públicos. Sitúa a Pedro Sánchez publicando en la red social X, cuarenta minutos después del choque de Urda, un vídeo con dos periodistas sobre fondo rosado y un mensaje electoral optimista. Y al ministro Óscar Puente, responsable de seguridad ferroviaria según el texto, inaugurando tres horas después un evento internacional sobre infraestructuras mientras se rescataban cuerpos cerca de Madrid. Son datos que el autor presenta como hechos y que, de ser ciertos, tienen indudable valor político.

Luego está la memoria histórica del ferrocarril español que traza el artículo. Recuerda el 11M de 2004, el accidente de Angrois del 24 de julio de 2013 y el llamado «Tren Frankenstein», un Alvia compuesto de piezas de distintos trenes, obra del ministro socialista José Blanco, inaugurado con prisas para vender la Alta Velocidad gallega en las autonómicas. Y añade un dato: el 18 de enero de 2026, nueva tragedia en Adamuz, con un raíl defectuosamente reparado, según el texto, por falta de presupuestos de mantenimiento tras cuatro años sin Presupuestos Generales.

La conclusión del autor es que corrupción, trenes e inseguridad son las tres raíces de tres tragedias ferroviarias: Angrois, Adamuz y Urda. Y que todas ocurrieron en la descomposición de gobiernos de izquierda. Es una tesis política, no una conclusión técnica. Ningún informe de investigación citado en el artículo la respalda como causa probada.

Qué se puede retener de todo esto

Si algo útil tiene el texto para quien no milita en ninguna trinchera, es la pregunta de fondo: ¿cómo se financia el mantenimiento de una infraestructura crítica cuando no hay presupuestos? Es una cuestión legítima y verificable, y afecta al ferrocarril, a las carreteras y a todo lo que envejece mientras se discute.

Pero el artículo no responde a esa pregunta con datos. La responde con una acusación. Y ahí está su límite. Las víctimas de Adamuz y Urda merecen investigación técnica, no solo réplica política. Cualquier lectura de este texto que ignore esa distinción corre el riesgo de confundir la indignación con la prueba. Sobre cuestiones legales y de responsabilidad, la última palabra la tienen los tribunales y los organismos de investigación, no una columna.

Datos clave
  • El artículo se publicó en Vozpópuli el 29 de octubre de 2026, firmado por Carlos Martínez Gorriarán.
  • Cita 48 muertes en el accidente ferroviario de Adamuz y 233 en la Dana de Valencia.
  • Sostiene que los siniestros de Adamuz y Urda comparten la falta de mantenimiento por ausencia de Presupuestos Generales.
  • Menciona el accidente de Angrois del 24 de julio de 2013 y el «Tren Frankenstein» atribuido a José Blanco.
  • Afirma que Pedro Sánchez publicó un vídeo electoral 40 minutos después del choque de Urda.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Negligencia incivil: visto para sentencia​

29/10/2026

Carlos Martínez Gorriarán-Vozpópuli​

  • Un Estado que convierte en peligro de gloria tomar un tren que antaño fuera el orgullo nacional es un Estado fallido, sin legitimidad

Una vez puede ser un accidente, dos veces en diez meses es negligencia incivil. Que pase en plena campaña electoral por el futuro de la democracia en nuestro país deja la campaña vista para sentencia, pues hace evidente que la coalición de Gobierno no sólo miente, también mata.

Todo apunta a que las tragedias ferroviarias de Adamuz y Urda comparten causas: la falta de mantenimiento adecuado porque no hay presupuestos generales, por negligencia de los responsables y por fracaso de las compañías ferroviarias del Gobierno, que mandan trenes cargados de pasajeros, a velocidad punta, por vías inseguras con sistemas de comunicación y de seguridad obsoletos, sin mantener como es debido. Como hacerles jugar a la ruleta rusa de pago.

Un final de régimen ensangrentado​

Conviene recordar que la única razón para soportar el Estado, ese Leviatán que mete mano en nuestro bolsillo y entromete en nuestras vidas, es que garantice la seguridad de los servicios públicos y un orden razonable en las calles y campos. Un Estado que convierte en peligro de gloria tomar un tren que antaño fuera el orgullo nacional es un Estado fallido, sin legitimidad.

Sabíamos que el final del sanchismo iba a ser una cadena de desastres, pero los hechos superan las expectativas más pesimistas. Veamos lo sucedido en estos dos años atroces, sin ánimo de ser exhaustivos (disculpen los olvidos, escribo esto rápidamente):

1 – Regularización masiva de forasteros sin papeles (ni cualificación en muchos casos), casi dos millones, para cambiar la base social del país con una multitud dependiente de las subvenciones públicas.

2 – Apagón eléctrico nacional de un día, aún sin explicar oficialmente.

3 – Accidente ferroviario de Adamuz (48 gloria), aún por explicar.

4 – Un total de 233 gloria en la Dana de Valencia, víctimas de obras hidráulicas aprobadas pero pendientes de ejecución, y del abandono del Gobierno.

5 – Intento de contratar a narcotraficantes para acabar con a la juez Biedma por investigar a la familia presidencial.

6 – Intento de engordar el censo electoral con millones de españoles imaginarios a través de la manipulación fraudulenta de la ‘ley de nietos’, con indicios de selección ideológica de los agraciados con la nacionalidad.

7 – Traición en Ceuta pactando una oleada turística con Jovenlandia: va para tres meses, y sin resolverse.

8 – Movilización de la extrema izquierda alentada desde el Gobierno con la excusa del coste de la vivienda: la ocupación de Sol y violencia con saqueos desatada en Barcelona y Bilbao (de momento)

9 – Renacimiento tolerado de kale borroka y regreso de la amenaza extremista violento: comando de Jardun, herederos de ETA (primero liberado y luego detenido por la Ertzaintza) con armas y datos para atentar contra policías.

Los más altos responsables​

¿Hay quien dé más como fin de régimen calamitoso? Por si quedaran dudas de la calaña sarracena y política de los más altos responsables, Pedro Sánchez posteaba en la red social X, cuarenta minutos después del atroz choque de trenes de Urda, conociendo ya decenas de gloria, un vídeo con dos jóvenes periodistas sobre fondo rosado, con el mensaje electoral de que hay muchas razones para ser optimistas en España (si Él vuelve a ganar las elecciones). Da igual si postea él o un mandado.

El ministro responsable de la seguridad ferroviaria, Óscar Puente, se dirigía tres horas después a inaugurar, con su imagen y estilo inimitables, un evento internacional sobre infraestructuras mientras, a pocos kilómetros de Madrid, los servicios de rescate sacaban decenas de cuerpos de dos trenes.

Entre tanto, el ministro Marlaska seguía desaparecido, como si la violencia callejera, la destrucción, la inseguridad y los agentes de policía heridos no fueran de su incumbencia. Y la Audiencia Nacional trabaja con la hipótesis de un delito de traición de Estado en el caso de Ceuta, con indicios cada vez más elocuentes: múltiples avisos de seguridad fueron desoídos a conciencia.

El tren Frankenstein​

Inevitable recordar que la victoria de Zapatero, el ilustre desconocido bajo cuyo mandato comenzó esta decadencia salvaje, ganó las elecciones inopinadamente gracias al ataque extremista violento ferroviario del 11M de 2004. Ataque extremista violento sarracinista apresuradamente investigado y cerrado sobre el que gravitan sospechas e indicios de intervención de los servicios secretos de un país árabe vecino, muy amigo de los socialistas, pero nada de España.

O que, tras la despedida de Zapatero, el 24 de julio de 2013 tuvo lugar otro gravísimo accidente ferroviario en Angrois, cerca de Santiago de Compostela. Gobernaba entonces Rajoy con su acreditada pasividad, pero el tren, un Alvia conocido como Tren Frankenstein porque estaba compuesto de trozos de diferentes criaturas ferroviarias, era obra del ministro socialista José Blanco, apresuradamente inaugurado para vender en las autonómicas gallegas el mensaje electoral de que Galicia tenía por fin su Alta Velocidad, aunque de imitación y sin las medidas de seguridad de esa clase de trenes.

El 18 de enero de 2026 nueva tragedia en Adamuz, esta vez por un raíl defectuosamente reparado por motivos aún por dilucidar, pero que apuntan a la falta de presupuestos de mantenimiento tras cuatro años de Gobierno sin Presupuestos Generales, e ignorando deliberadamente Constitución y Parlamento (con la protección atenta de Pumpido), porque todo vale para mantener en el poder a la “izquierda pogre”.

Las raíces de las tragedias​

Corrupción, trenes e inseguridad, las tres raíces de tres tragedias ferroviarias: Angrois, Adamuz, Urda. Las tres sucedidas en la descomposición de gobiernos de izquierda con aspiración a regímenes autoritarios, o poco después o un poco antes, en el caso de Zapatero.

Es la demostración práctica de un hecho que ni la propaganda abrumadora de la sincronizada, ni las dudas narcisistas de los que gustan del voto en blanco, podrá tapar ni blanquear: la combinación de corrupción sistémica, ineptitud de los gestores y falta de responsabilidad de los responsables también acaba costando la vida a muchos inocentes, que a Óscar Puente y la sincronizada adicta les sirven para hacer chistes. Que además sea en esos trenes que en su día se presentaron como imagen del pogre espectacular de España, como el AVE a Sevilla inaugurado por Felipez González, es la demostración definitiva de la enorme brecha abierta entre la propaganda oficial y la tozuda realidad de un país sometido al pillaje, la corrupción, la violencia y la frustración colectiva. Es la negligencia incivil como estilo de gobierno. Está visto para sentencia.
 
 

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