Dos veces responsables (Editorial de El ABC)

Dos veces responsables (Editorial de El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El editorial de ABC sostiene que los accidentes de alta velocidad de Adamuz y Urda no son fatalidades, sino la consecuencia de un déficit de mantenimiento ferroviario de 3.600 millones de euros desde 2021 y de una gestión gubernamental que desoyó las alertas.

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El editorial de ABC sostiene que los accidentes de alta velocidad de Adamuz y Urda no son fatalidades, sino la consecuencia de un déficit de mantenimiento ferroviario de 3.600 millones de euros desde 2021 y de una gestión gubernamental que desoyó las alertas.

Hay una frase que el editorial de ABC pone en boca de Pedro Sánchez y que sirve de eje a todo el texto: «no es asumible que se hayan producido dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año». El diario la suscribe, pero le da la vuelta. No es asumible, sí, y por eso mismo exige consecuencias. El editorial, publicado el 29 de octubre de 2026, sostiene que los siniestros de Adamuz en enero, con 46 víctimas mortales, y de Urda, con al menos 68 viajeros fallecidos, no son dos fatalidades separadas por la mala suerte. Son la misma avería de fondo repetida en la misma vía.

El déficit de 3.600 millones y la inversión que no llega

El dato que vertebra la acusación es contable. Según el editorial, desde 2021 existe un déficit acumulado de 3.600 millones de euros en el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria. La necesidad anual de inversión se calcula en 2.900 millones, y en 2025 solo se invirtieron 1.100. La resta no es un ajuste presupuestario menor: es la diferencia entre revisar una vía y confiar en que aguante.

El texto añade otro compromiso incumplido. El Estado había prometido una partida adicional de 4.695 millones para el periodo 2021-24, que quedó en esos mismos 3.600. Y todo ello, subraya, mientras el Gobierno gestionaba el mayor ciclo de ingresos fiscales de la historia, con 100.000 millones de euros extra. La comparación que hace el diario es política, no técnica: había dinero y no se destinó a lo que fallaba.

La caída del sistema LZB y los 25 kilómetros sin detección

El editorial no se queda en la estadística. Entra en el fallo concreto. Señala que la caída del sistema de seguridad LZB precedió a la tragedia de Urda y que ningún otro mecanismo detectó el problema durante 25 kilómetros. La orden del centro de mando de Atocha que autorizó al AVE a continuar su marcha hasta la colisión es calificada por el propio ministro Óscar Puente de «inexplicable», y el editorial recoge esa palabra para devolvérsela: si es inexplicable, alguien tendrá que explicarla.

El diario recuerda que tras Adamuz se dieron explicaciones parecidas. Se habló de un accidente inexplicable después de la «renovación integral» de la vía, y luego se supo que no lo era tanto. Durante la investigación, añade, hubo irregularidades en la custodia de pruebas. Ese historial es lo que convierte la segunda tragedia en una repetición previsible y no en una casualidad.

Puente, la empatía pendiente y el descrédito del ministro

Buena parte del editorial apunta a la responsabilidad política y personal del ministro. Le reprocha que tamice el fallo técnico de origen, que haya dedicado más tiempo a la persecución de las críticas y a las acusaciones de «bulos catastrofistas» que a la eficacia, y que hace pocos días se hiciera el gracioso en un programa de televisión a cuenta de las averías de Renfe. También menciona la desafección del Gobierno con las víctimas de Adamuz y la afirmación de Puente, refutada por la segunda tragedia, de que otro accidente era casi imposible.

El texto va más allá del ministro y sitúa el problema en el conjunto del Ejecutivo. Habla de un fallo sistémico de la capacidad gestora, con ministros sin crédito y un presidente preso del relato, y cita otros episodios de gestión de crisis: la pandemia, el apagón de 2025, la dana de Valencia y la invasión de Ceuta. La tesis es que el manejo de los medios y las prioridades se ha usado para sacar ventaja política o señalar a adversarios, y que el ferrocarril, orgullo del país durante décadas, acumula retrasos y más de ciento diez víctimas mortales desde enero.

Dos veces responsables

El editorial cierra con una exigencia que no admite matices: ni Puente ni Sánchez podrán afirmar que la red es segura si no lo demuestran. La contundencia prometida tras la tragedia y la empatía con las víctimas de Adamuz debieron llegar en enero, no en octubre. Dos accidentes en un año, dos veces responsables, dice el título. La conclusión del diario es que lo inasumible no es solo el dolor, sino la gestión que lo hizo posible.

Datos clave
  • 46 víctimas mortales en el accidente de Adamuz, en enero de 2026, según el editorial de ABC.
  • Al menos 68 viajeros fallecidos en el accidente de Urda, en la misma vía de alta velocidad.
  • Déficit acumulado de 3.600 millones de euros en mantenimiento ferroviario desde 2021.
  • Necesidad anual de inversión de 2.900 millones frente a 1.100 millones invertidos en 2025.
  • Partida comprometida de 4.695 millones para 2021-24 que quedó en 3.600, con 100.000 millones de ingresos fiscales extra.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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Dos veces responsables​

29/10/2026

Editorial-ABC​

  • Urda y Adamuz son la trágica consecuencia de un fracaso gubernamental continuado en la gestión de las grandes crisis de este país

Dice bien Pedro Sánchez cuando afirma que «no es asumible que se hayan producido dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año». No lo es porque señalan la doble responsabilidad de su Gobierno ante la gestión deficiente de las infraestructuras. No es asumible que se desoyeran las alertas por los fallos en el mantenimiento de las vías, ni que una vez más la caída del sistema de seguridad LZB haya precedido una nueva tragedia. Después de 46 víctimas en Adamuz el pasado enero, explicar la gloria de al menos 68 viajeros en Urda en este contexto, y en la misma vía, no es una nueva fatalidad, sino el resultado de una mala gestión. No es asumible el dolor de las víctimas y de sus familiares sin la grave responsabilidad política que conlleva, como tampoco es fácil asumir que desde 2021 haya un déficit acumulado de 3.600 millones de euros en el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria. Se calcula una necesidad anual de inversión de 2.900 millones y en 2025 sólo se invirtieron 1.100. La diferencia es un precio inasumible si tenemos en cuenta, además, que el Estado había comprometido añadir una partida adicional de 4.695 millones en el periodo 2021-24, que quedaron en 3.600, mientras el Gobierno gestionaba el mayor ciclo de ingresos fiscales de la historia, con 100.000 millones de euros extra, y maneja con tanta alegría las promesas electorales, 20.000 millones de los ‘martes sociales’ en campaña.

Es inasumible que el ministro Puente salga a dar explicaciones que matizan el fallo técnico de origen y califican de «inexplicable» la orden del centro de mando de Atocha que autorizó al AVE a seguir su marcha hasta la colisión. No se puede entender que ningún otro sistema de seguridad detectase el problema durante 25 kilómetros. Hay que recordar, con toda pertinencia, que tras lo sucedido en Adamuz se precipitaron explicaciones similares, se dijo que el accidente era inexplicable tras la ‘renovación integral’ de la vía –luego supimos que no lo era tanto–. Durante la investigación hubo irregularidades con la custodia de pruebas y ciertas maniobras que no ayudaron a generar confianza en la gestión de un ministerio marcado por los casos judiciales de Ábalos y otros, cartera en la que Pedro Sánchez ha decidido mantener y hasta ayer proteger a un político que dedica menos tiempo a la eficacia y las explicaciones responsables que a la agresividad en las redes sociales. A ello se suma la desafección del Gobierno con las víctimas de Adamuz, y la afirmación de Puente, refutada por una segunda tragedia, de que otro accidente era casi imposible.

Es por todo ello inasumible esta gestión fracasada de la red de alta velocidad española que no soporta el mínimo escrutinio de la opinión pública, que ha creado un problema no menor a la imagen exterior de España y, sobre todo, que ha roto la confianza de los ciudadanos en el sistema ferroviario que durante décadas había sido el orgullo de un país y desde que Sánchez llegó al poder no deja de acumular retrat y suma más de ciento diez víctimas mortales desde enero. Es inasumible, por tanto, el discurso triunfalista del Gobierno o la permanencia un minuto más de Óscar Puente al frente de un puesto de gran exigencia técnica que él ha desviado a la persecución de las críticas y las acusaciones de «bulos catastrofistas» a quienes el tiempo ha terminado dando, trágicamente, la razón. Es legítimo exigir al Gobierno responsabilidades por el mantenimiento defectuoso y todas las inversiones perdidas en los últimos años, y por errores que ahora no será fácil restañar. Dos accidentes en un año, dos veces responsables.

Ni Puente ni Sánchez podrán afirmar que la red es segura si no lo demuestran. La contundencia prometida tras la tragedia, lo mismo que la empatía con las víctimas de Adamuz, debió acontecer el pasado enero. Es inasumible, por demás, que el ministro responsable de una infraestructura crítica cuyos fallos han causado tanto dolor estuviera hace pocos días haciendo comentarios jocosos en un programa de televisión a cuenta de las averías de Renfe. La tragedia de Urda, después de Adamuz, no ha sido una fatalidad del destino, un accidente azaroso, sino la trágica consecuencia de un fracaso gubernamental continuado en la gestión de las grandes crisis de este país. Desde la esa época en el 2020 de la que yo le hablo al apagón de 2025, pasando por la dana de Valencia y la crisis de Ceuta, no es difícil demostrar, y a la vista está, que el manejo de los medios y las prioridades se ha utilizado para sacar ventajas políticas o señalar a adversarios. Desgraciadamente los españoles se encuentran ante un fallo sistémico de la capacidad gestora de un Gobierno en tiempo de descuento, con ministros sin crédito y un presidente de la incompetencia colectiva preso del relato. Lo inasumible es que este Gobierno de la «fuerza del amor» y de los comentarios impertinentes solo le ofrezca a España un muro donde estrellar la resignación de los ciudadanos ante su sectarismo y su incompetencia.
 
 

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