La CJS a examen: internacionalismo de clase y familia
Una organización que se presenta por el
internacionalismo de clase y que no incluye la unidad de España entre sus principios. Ese es el resumen más rápido del programa de la
Coordinadora Juvenil Socialista (CJS), plataforma vinculada al MS que se ha propuesto redefinir el papel del Partido Comunista como
vanguardia revolucionaria. Según el diagnóstico que circula, sus cuadros están moviendo la acampada y aparecen detrás de las manifestaciones convocadas al margen de ella. Las posiciones se han repasado punto por punto: inmigración, fronteras, repatriaciones, soberanía, cuestión nacional, feminismo y doctrina queer. El balance va del interés analítico al rechazo sin matices.
¿Qué defiende la CJS sobre inmigración y fronteras?
El marco es el internacionalismo de clase, no el control migratorio. La organización critica el enfoque que convierte la inmigración en un asunto de seguridad o en una competencia entre trabajadores, y es muy dura con la política de fronteras de la Unión Europea y con la llamada
«Europa fortaleza». No sitúa las repatriaciones como eje de su política migratoria: su discurso va en dirección contraria al endurecimiento de las expulsiones. Ceuta se encuadra en clave de imperialismo, política fronteriza europea y conflicto de clase, con la campaña
Contra la Europa fortaleza como referencia. La soberanía nacional española ocupa, en cambio, un lugar secundario frente a esa dimensión internacionalista.
La objeción más repetida sostiene que ese marco funciona como coartada para
no mojarse en ningún conflicto laboral concreto. El contraste es nítido: unos sitúan la responsabilidad en el capital y en quien fija las reglas del mercado de trabajo; otros responden que el problema es un esquema ideológico que impide hablar de lo que pasa en la puerta del tajo.
La cuestión nacional: por qué no defiende la unidad de España
No hay principio de unidad de España. La cuestión nacional se aborda desde la independencia política de la clase trabajadora y desde el reconocimiento de distintas realidades nacionales, lo que sus críticos leen como un federalismo asimétrico envuelto en lenguaje revolucionario, o directamente como una ruptura territorial que nadie firma en la puerta de la sede. Entre medias queda un hueco incómodo: la CJS no formula su posición como independentismo ni como autonomismo clásico, y eso deja el debate sin cerrar.
Feminismo, familia y cuestión queer: el flanco más discutido
Aquí la discusión se atasca. La CJS habla del
heteropatriarcado como estructura ideológica y denuncia la violencia contra las mujeres, con mención específica a la ejercida por miembros de cuerpos policiales. Su discurso antifascista critica el modelo familiar al que considera violento y opresor, una tesis que le ha ganado la oposición más previsible: difícilmente se sostiene un feminismo de clase, argumentan sus críticos, si a la vez se ataca a la familia, presentada como núcleo básico del funcionamiento social y como institución a preservar.
En doctrina queer, la organización incluye las
subjetividades oprimidas dentro de su estrategia de emancipación y presenta las luchas LGBTQ como parte de esa cuestión; sus materiales recientes colocan la transfobia y la LGBTIfobia entre aquello contra lo que se movilizan. Sobre si considera políticamente a una mujer trans como mujer, la posición es compatible con esa afirmación, aunque no existe pronunciamiento expreso al respecto.
El análisis llega hasta aquí y no pasa de ahí. Nadie ha aportado el dato que resuelva si esto es una ruptura doctrinal o un cambio de manual para que el mismo producto siga colocándose en el mercado político. Y sin posición expresa en varios de los puntos abiertos, la acampada seguirá su curso y las manifestaciones también. Con qué programa exacto, ya es otra cosa.