Argentina recorta la pobreza extrema a la mitad y el debate estalla
¿Se puede pasar de una inflación descontrolada a una economía que crece un 3,9% en un año? Los datos que se manejan en el debate sobre
Argentina apuntan a que sí, aunque con matices que nadie discute. El gobierno de Javier Milei cumple su primer año y los números que se cruzan sobre la mesa son difíciles de ignorar: la pobreza extrema habría caído del 20% al 11%, la inflación se habría desplomado 22 puntos y el PIB habría crecido un 3,9% en el tercer trimestre. Del otro lado, los testimonios de jubilados sin medicación y familias que no acceden a alimentos básicos dibujan una realidad que los datos macro no capturan.
El dato que descoloca: pobreza extrema del 20% al 11%
La cifra más repetida es la que atribuye a la administración Milei una reducción de la pobreza extrema desde el 20% hasta el 11%. Un informe del Instituto Juan de Mariana recoge que el índice de pobreza ha disminuido, el de indigencia ha caído y la inflación se ha desplomado 22 puntos en el primer año de gestión. El dato más reciente que se cita habla de una pobreza general reducida al 49% por la desaceleración de la inflación y el aumento de los ingresos.
Hay quien sostiene que estas cifras son imposibles en tan poco tiempo. El argumento es que los recortes tardan meses en surtir efecto y que la caída de la pobreza extrema no puede ser tan abrupta. La respuesta desde el otro lado es que la comparación se hace contra una base inflada por años de políticas de gasto desmesurado, déficits estructurales y emisión de dinero.
¿Qué heredó Milei de la gestión anterior?
El punto de partida que se describe en el debate es un déficit del 17%, reservas del Banco Central negativas en 10.000 millones de dólares, una deuda con proveedores de 50.000 millones y una fábrica diaria de inflación a través de instrumentos de deuda a corto plazo. Con ese cuadro, la única salida que se atribuye a los gobiernos anteriores era imprimir dinero.
La discusión sobre si era posible hacerlo de otra forma se resuelve con un argumento recurrente: no había conocimientos ni margen para un ajuste gradual. El plan que se ha aplicado se describe como acojonantemente complejo, con la motosierra como herramienta y sin red de seguridad para los que se quedan atrás.
El coste social: jubilados sin medicación y familias sin alimentos
Los testimonios que circulan son de otra naturaleza. Un jubilado que se presentó en una delegación de PAMI bañado en combustible porque le habían retirado la medicación. El 58% de las familias en Córdoba que no pudo acceder a alimentos básicos. Un periodista que rompió a llorar entrevistando a un pensionista. Son casos concretos, no estadísticas, y por eso pesan distinto.
La respuesta desde el lado liberal es que el ajuste duele antes de curar. La metáfora que se usa es la de la muela podrida: unos días de dolor intenso frente a un dolor permanente. El problema es que los que están en la sala de espera no siempre ven el final del túnel.
La grieta argentina: entre el exilio y la esperanza
Hay un fenómeno que no aparece en las estadísticas: los argentinos que se fueron y los que volvieron. Un testimonio recoge el caso de un liberal que regresó a Argentina convencido por Milei y que, un mes antes de esta discusión, describía el país en caída libre y planeaba abandonarlo de nuevo. Otros sostienen que los exiliados económicos en España no tienen intención de volver.
La división es total. Para unos, el país está en la buena senda macroeconómica pero la microeconomía tardará años en notarse. Para otros, el tejido industrial se está destruyendo y la mejora de los indicadores es un espejismo financiero.
El año que viene: recorte del 90% en impuestos
La promesa que se lanza es un recorte del 90% en impuestos para el próximo año. Si se cumple, será la prueba definitiva de si el modelo funciona o si el ajuste solo ha servido para estabilizar la moneda a costa de empobrecer a la mayoría. Los datos disponibles apuntan a una economía que crece, pero también a un comercio interior derruido y a sueldos que no alcanzan.
La discusión no se cierra. Los que defienden el plan dicen que los resultados macro ya justifican el coste. Los que lo critican responden que una economía que crece mientras la mitad de la población es pobre no es un éxito, es una anomalía. Y mientras tanto, el año que viene tiene la última palabra.