La AIE pide apagar el motor y Países Bajos hace cuentas
La Agencia Internacional de Energía recomienda teletrabajar, cocinar con electricidad y dejar de volar mientras el precio del carburante se come la compensación por kilómetro. El director del organismo, Fatih Birol, lo enmarcó en lo que calificó como la mayor interrupción de suministro de la historia del mercado petrolero mundial. En Países Bajos, el primer ministro Rob Jetten admitió en su primera cumbre europea que los precios en las gasolineras son altísimos y que muchos trabajadores y pequeños empresarios se quejan, pero se negó a mover ficha: actuar con demasiada rapidez, dijo, dejaría desamparadas a las personas más afectadas.
El problema es que el país ya tenía un sistema propio para digerir esa factura y, según sostienen algunos participantes del debate, se le está descosiendo por dentro.
Qué son los 23 céntimos por kilómetro
Países Bajos abona una compensación por desplazamiento al trabajo de unos
23 céntimos por kilómetro. Según un cálculo que circula, ese importe venía cubriendo, con holgura justa, la gasolina y el desgaste del vehículo siempre que el motor no pasara de 1,4 litros. Con los precios actuales, ese cálculo se habría dado la vuelta y hay quien sostiene que ir a trabajar sale a perder dinero.
La crítica que recorre el debate apunta a un diseño pensado para el
Randstad —Ámsterdam, Utrecht, Rotterdam y La Haya—, donde el coche es prescindible y el transporte público funciona. Fuera de ese cuadro, en provincias donde el vehículo privado no es un capricho sino la única forma de llegar al puesto, el tráfico de mañana y tarde sigue siendo dantesco y, según esa crítica, la compensación ya no compensa.
El aviso que llega desde Rotterdam
Hay un detalle que suele pasarse por alto: Países Bajos tiene uno de los mayores puertos del mundo,
Rotterdam, y aun así el mensaje oficial es que se pedalee. Quien lo señala añade la pregunta incómoda: si aquí ya se plantea este escenario, qué le espera a España cuando el mismo viento sople hacia el sur.
El diferencial transfronterizo se ha convertido en rutina. Desde Utrecht o Eindhoven hay quien cruza a Alemania para llenar el depósito y hacer la compra grande, con ahorros que, según un cálculo que circula, en una familia de cuatro pueden rondar los
150 euros por operación. En la frontera belga, la gasolina de 95 se ha llegado a ver unos
40 céntimos más barata, y las gasolineras de Baarle y de la raya son un hervidero de matrículas neerlandesas. El tabaco completa la ecuación: cuatro cartones por ocupante del vehículo y, según se afirma, nadie controla demasiado.
El problema que Jetten no había calculado: el campo
El frente más incómodo para el gobierno no es el del conductor de cercanías, sino el del sector primario. El diésel y los fertilizantes se han ido a las nubes y las cosechas están a la vuelta de la esquina. La lectura que circula es que la anterior crisis del nitrógeno, con la policía sacando la porra, se va a quedar en un juego de niños comparada con lo que viene. La ganadería y el pollo son los eslabones que no admiten una solución a base de recortes.
De ahí la predicción que se repite:
tractorada en La Haya. No por la gasolina del particular, sino porque el campo neerlandés ya lleva dos pulsos seguidos con el ejecutivo y este gobierno en minoría no tiene margen para un tercero.
El contexto que nadie quiere mirar
El ejecutivo neerlandés sale de un parlamento fragmentado: según se afirma, la coalición progresista gobierna en minoría tras un cordón sanitario que dejó fuera a la fuerza más votada del espectro de derecha. Con ese punto de partida, cualquier medida impopular se convierte en un examen de supervivencia, y la oposición interna ya calcula cuánto aguanta el primer ministro antes de que se apaguen los fuegos artificiales.
Mientras tanto, la pregunta de fondo sigue sin respuesta: si la AIE pide apagar motores y los gobiernos no se atreven a tocar impuestos ni a compensar de verdad, ¿quién paga la transición, el que puede teletrabajar o el que tiene que arrancar el coche a las seis de la mañana?
Datos clave
- Compensación por kilómetro en Países Bajos: 23 céntimos
- Ahorro estimado por cruzar a Alemania a repostar y comprar: hasta 150 euros por familia de cuatro
- Diferencia de precio de la gasolina de 95 en Bélgica: hasta 40 céntimos
- Compensación en Alemania: 30 céntimos por kilómetro hasta 20 km y 38 céntimos a partir de 21 km