Países Bajos matricula un 52,8% de coches eléctricos en septiembre
En septiembre, más de la mitad de los turismos nuevos matriculados en Países Bajos llevaban enchufe. El dato, que sitúa el mercado neerlandés por encima del 50%, ha reabierto la discusión sobre si el coche eléctrico avanza por méritos propios o empujado por la fiscalidad. La cifra concreta:
52,8% del mercado. Y Tesla quedó segunda en el ranking mensual.
El titular no es una anomalía estadística. Países Bajos lleva años construyendo un ecosistema donde el vehículo de empresa, el leasing y las ventajas fiscales pesan tanto como el precio de etiqueta. Quien compra con dinero de la sociedad y deduce, no mira el surtidor con la misma angustia que el particular.
Qué hay detrás del 52,8% neerlandés
El mercado neerlandés no se comporta como el español. Allí el coche eléctrico ha entrado por la puerta de las flotas corporativas, no por la del garaje familiar. La compra a través de empresa, con leasing y beneficios fiscales, dopa las matriculaciones de un modo que difícilmente se replica en el comprador particular.
Hay quien sostiene que ese 52,8% es menos mérito tecnológico y más ingeniería contable. El argumento tiene recorrido: si el ahorro fiscal desaparece, la cuota se resiente. Enfrente, la lectura optimista señala que la infraestructura de recarga neerlandesa y la fiscalidad llevan años empujando en la misma dirección, y que el hábito ya está creado.
El caso español: un Tesla Model 3 supera al Dacia Sandero
En España el retrato es otro. En septiembre se matricularon más unidades del
Tesla Model 3 que del Dacia Sandero, un dato que rompe el relato de que el eléctrico es cosa de ricos o de nicho. El Sandero, referencia del coche popular, quedó por detrás.
La comparación con Alemania también aparece. Hay quien calcula que el 50% de cuota eléctrica en el mercado alemán podría llegar en
2027, no antes, y que el ritmo depende de decisiones políticas más que de la demanda. La transición, en el fondo, se mide en decretos y no en avances de batería.
La letra pequeña: cargadores averiados y cobre robado
El entusiasmo choca con la infraestructura. En España,
casi 18.000 cargadores públicos siguen sin funcionar, el 23,9% de la red permanece fuera de servicio. No es un detalle menor: sin red operativa, el coche eléctrico es un juguete de ciudad para quien tiene garaje propio.
A eso se suma el robo de cobre en los puntos de recarga, con daños que superan los
10.000 euros por incidente y una oleada de sustracciones extendida por Europa. La paradoja es fina: se subvenciona el coche, pero no se protege el enchufe.
El renting y la duda de la segunda mano
Una parte del análisis apunta a que buena parte de esas matriculaciones eléctricas son de renting. El contrato se cancela en un par de años y el usuario busca otra cosa. Si eso ocurre a escala, el mercado de segunda mano eléctrico puede convertirse en un lastre de precios.
El comprador neerlandés, además, tiene fama de pragmático. Durante años cruzó la frontera para comprar el familiar de segunda mano en Alemania y ahorrarse un pico. Con subvenciones y leasing, ese cálculo se ha vuelto más complejo, pero la lógica del bolsillo sigue mandando.
Queda el dato que descoloca. Mientras en Países Bajos más de la mitad de los coches nuevos ya son eléctricos, en España uno de cada cuatro cargadores públicos está averiado. La misma transición, dos velocidades. Y la pregunta incómoda: si el enchufe no funciona, ¿de qué sirve el coche?