Bruselas mete las reparaciones coloniales en su agenda
Un borrador de resolución que llegará a la comisión de desarrollo del Parlamento Europeo pide que la Unión Europea «aborde y revierta urgentemente» los impactos del colonialismo europeo y respalde un programa de reparaciones por la esclavitud. El documento, adelantado el miércoles 6 de diciembre por
The Guardian, es el primer intento formal de subir ese asunto a la agenda comunitaria. España no aparece citada en el texto. Aparecen el Caribe, África y América Latina. Con eso ya hay material para varias semanas de polémica.
Qué pide exactamente el borrador
El texto sostiene que la UE no ha hecho «ningún esfuerzo concertado para reconocer, abordar y rectificar» los efectos duraderos del colonialismo y pide crear un foro permanente de justicia restaurativa. Añade que la Comisión Europea debe encargar y publicar un informe sobre cómo reconocer las historias y legados del colonialismo europeo.
Michael McEachrane, relator de la ONU del foro permanente sobre afrodescendientes, sitúa el marco: 500 años de colonialismo e imperialismo europeo, con un dato que sobrevuela todo el asunto. En la década de 1930,
casi el 90% del mundo había sido colonizado por países europeos. Su conclusión es que la UE debe liderar los procesos reparadores, incluida la justicia climática, porque los países en desarrollo, que representan el
80% de la población mundial, son los que menos han contribuido a las crisis ambientales.
Ese vínculo entre clima y colonialismo está negro sobre blanco en la resolución. Las naciones colonizadoras desarrolladas contribuyeron más a las emisiones; los países en desarrollo se ven más afectados. La eurodiputada alemana Pierrette Herzberger-Fofana, de los Verdes y la Alianza Libre Europea, presenta el texto el jueves a la comisión de desarrollo y quiere tramitarlo como resolución de emergencia en las próximas semanas. También pide revisar los libros de texto europeos para explicar mejor la trata y el colonialismo.
El precedente de la declaración UE-Celac
Esto no sale de la nada. A principios de ese mismo año, la UE emitió una declaración conjunta con los líderes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en la que reconocía que el pasado de comercio de esclavos había infligido un «sufrimiento incalculable» y sugería la necesidad de reparaciones por lo que describía como un «crimen contra la humanidad».
El mes anterior al borrador, la Unión Africana acordó unirse a las naciones caribeñas para formar un «frente unido» con el que persuadir a los países europeos de que paguen por «crímenes masivos históricos». Lo que sigue sin estar sobre la mesa es la parte incómoda: qué forma tendría esa justicia reparadora. Ni cifras, ni plazos, ni quién paga.
La réplica: los virreinatos no eran colonias
La respuesta española más repetida niega la premisa. Se sostiene que los territorios de ultramar nunca fueron colonias sino virreinatos, tan España como la península, y que no hubo expolio sino una civilización trasplantada que se dejó tres siglos, dinero y energía. Como prueba se citan los matrimonios mixtos aprobados por los Reyes Católicos ya en
1510 y las estimaciones étnicas actuales: en México el 81% de la población es descendiente de nativos; en Perú, el 88%. Difícil encajar eso con un genocidio, se argumenta.
Bélgica, Holanda y el expolio británico
El otro gran eje es la comparación. Se pregunta por qué el foco no apunta al Congo belga, a los holandeses, a Indonesia, a la India o al expolio británico. La cifra que se repite en ese contexto es la del Congo:
entre 10 y 15 millones de congoleños, con fotografías de la época como respaldo documental. La conclusión que saca buena parte del personal es que Europa utiliza a España para camuflar sus propios excesos.
También aparece el comercio de esclavos de otras rutas, el que salía de África hacia el norte y el este, y la sospecha de que las exigencias de reparación responden más a una agenda de ingeniería social que a una reclamación histórica.
¿Era Iberoamérica más rica que Europa en 1800?
Aquí el debate se vuelve económico. Hay quien sostiene que al momento de la independencia los virreinatos del Perú y de Nueva España tenían un nivel de desarrollo superior al de la España peninsular y que sus economías eran más fuertes, algo incompatible con el relato de un régimen extractivo. Se apunta incluso que el principal astillero español estaba en América, igual que el primer ferrocarril construido en suelo español, y se pregunta si alguien se imagina el principal astillero británico en la India.
La objeción es igual de tajante: presentar una Iberoamérica colonial más rica que Europa en plena revolución industrial no se sostiene. Sin series estadísticas sobre la mesa, ninguna de las dos posiciones pasa de la afirmación.
El texto no define qué forma tendría la reparación, no fija cuantía alguna y ni siquiera nombra a los Estados que deberían pagar. Todo queda pendiente de un informe que la Comisión Europea todavía no ha encargado. Sin mecanismo, sin cifras y sin competencia clara, es una discusión sobre historia con una factura que nadie ha calculado. Y ahí, exactamente ahí, se atasca el análisis.