China planta cara a la UE: la ley antiinmigración se queda
El Parlamento Europeo ha instado a China a retirar su nueva ley de inmigración, que entrará en vigor el 1 de julio y que, en esencia, establece que China es para los chinos. La respuesta de Pekín ha sido tan previsible como contundente: silencio administrativo y apelación a la soberanía nacional. Mientras Bruselas habla de derechos humanos, en el gigante asiático recuerdan que nunca firmaron la Carta de los Derechos Humanos.
Una ley que no admite discusión
La norma, que según fuentes oficiales chinas busca preservar la identidad cultural y la homogeneidad étnica, prohíbe de facto la inmigración masiva. China ya tiene más de 1.000 millones de habitantes y su población comienza a descender. Los argumentos demográficos se mezclan con la soberanía: ¿para qué admitir inmigrantes si el país ya está saturado y encima encoge?
La UE pierde peso frente a Pekín
La resolución europea ha sido recibida con escepticismo incluso dentro de la propia UE. China no solo ignora a Estados Unidos, sino que tiene capacidad de dejar en la oscuridad a naciones enteras si se le presiona. La política migratoria europea, calificada de "antiblanca y antieuropea" por algunos analistas, contrasta con el cierre chino. El mensaje es claro: cada uno en su casa.
El doble rasero que no engaña
Mientras la UE exige a China abrir sus fronteras, en Europa se multiplican las restricciones internas. La paradoja no pasa desapercibida. China, que ya ha empezado a reducir su población, sabe que quien controle su demografía ganará la partida geopolítica. Y por ahora, no piensa ceder.
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