La UFP acusa a Ortega Smith de coaccionar a las UIPs
La Unión Federal de Policía (
UFP) publicó un comunicado en el que acusa al diputado de Vox
Ortega Smith de haberse dirigido a agentes de las Unidades de Intervención Policial (
UIP) «en un tono amenazante y abusando de su condición de Diputado», y le advierte de que no vuelva a acercarse a ellos para decirles cómo tienen que hacer su trabajo. El mensaje, difundido por la propia organización a través de su cuenta de Twitter, no denuncia un hecho concreto: reprocha una conducta.
Y ahí arranca el problema. Porque si lo que se imputa a un parlamentario es una
coacción, el cauce natural no es una red social, sino un juzgado. Esa contradicción es la que ha convertido un roce de acera en una discusión sobre quién manda a quién.
Qué se ve en el vídeo del encuentro con las UIPs
El comunicado sitúa el episodio en la tarde-noche del día anterior y sostiene que el diputado trató de dirigir la actuación de los agentes. El vídeo del encuentro es, sin embargo, la pieza que más ha pesado contra esa lectura. Del visionado no se desprende, a juicio de quienes lo han analizado, una amenaza ni una coacción: Ortega Smith vendría a decir que la mayoría de los agentes hace bien su trabajo, que algunos se están sobrepasando y que se grabará para poder presentar demandas si se comete una ilegalidad.
La distancia entre el comunicado y las imágenes es el eje de todo. Quien defiende al diputado no discute su tono, discute el adjetivo: no hay amenaza donde hay advertencia, y no hay coacción donde hay anuncio de pruebas.
La respuesta del SUP y las frases que se citan
Al comunicado de la UFP se sumó el Sindicato Unificado de Policía (
SUP), que llevó el asunto al terreno del principio: ser diputado no da autoridad para mandar sobre los policías de un dispositivo. El sindicato reprodujo dos frases atribuidas a Ortega Smith —«Deje usted de ganar galones a costa de porrazos» y «Apréndase mejor la Ley»— para concluir que ese desprestigio de los agentes es lo que se les hace a ellos con un cargo público delante.
El SUP compara además el episodio con el de un diputado de Amaiur, un paralelismo que busca demostrar que la escena no es nueva. La duda que queda flotando es otra: si el problema es el desprestigio, no se arregla con tuits.
¿Coacción o auditoría del trabajo policial?
Hay quien sostiene que un diputado puede y debe pararse ante un agente para advertirle de que va a grabar su actuación y de que responderá de lo que haga. Bajo ese prisma, lo ocurrido no es una injerencia, sino algo parecido a una auditoría en la calle. El cálculo pesimista parte del otro extremo: un legislador no tiene por qué dar instrucciones a un cuerpo armado en mitad de un dispositivo.
Y en medio, el argumento que más incomoda a las dos partes. Si la coacción está tipificada como delito, la obligación de un sindicato que se siente coaccionado es trasladarlo a un juzgado. Firmar un comunicado y dejar todo grabado en vídeo, como ocurrió, deja el reproche en el aire y el material probatorio en manos del acusado.
El trasfondo: Ferraz, la investidura y la grieta con la policía
El episodio no cae en el vacío. Llega en pleno pulso por la investidura y las concentraciones ante la sede socialista de Ferraz, donde parte de la discusión pública se ha centrado en las cargas policiales y en el papel de los dispositivos de orden público. En ese marco, una parte de los mensajes lee el comunicado como un movimiento político más que sindical y lo enmarca en el desgaste de la confianza entre ciudadanía y cuerpos de seguridad.
Otra corriente pone el foco en el descontento previo: quien recuerda el uso de la fuerza en manifestaciones, el control de aforos en pandemia o las multas por motivos como no llevar mascarilla en la calle no ve aquí una defensa del agente, sino una institución a la defensiva. Conviene subrayar que esas lecturas son
opiniones vertidas en caliente, no hechos confirmados.
Dónde se atasca el asunto
Con el vídeo sobre la mesa y sin denuncia judicial conocida, todo queda exactamente donde empezó: un comunicado sindical contra un diputado, y un diputado que dice en voz alta lo que muchos escriben en un tuit. Nadie ha aclarado aún si un parlamentario puede parar a un agente para advertirle de que va a grabarle. Esa, y no otra, era la pregunta.