Protestas en Ferraz: quince noches y «más policías que manifestantes»
¿Cuántas noches seguidas resiste una concentración antes de convertirse en rutina? Las protestas en Ferraz alcanzaron su
decimoquinta jornada consecutiva y, según los tuits y las imágenes que se compartieron, en la primera línea había
más agentes que manifestantes. La escena se repetía a última hora y la imagen que quedaba no era, según ese relato, la de una avenida desbordada, sino la de un despliegue policial con público delante.
El seguimiento de las concentraciones nocturnas junto a la sede socialista deja un rastro de datos que varios participantes leyeron como un síntoma incómodo para quien las convoca.
Quince noches. Furgonetas policiales —las que en la calle se conocen como
lecheras— contadas por decenas. Y una comparación que circuló con fuerza:
cincuenta vehículos en Ferraz frente a los
cuatro agentes que, según esa misma versión, vigilaban otras concentraciones descritas como más numerosas y más tensas.
La proporción entre agentes y asistentes
Ese contraste se convirtió en el argumento más repetido del hilo. Lo sostenían quienes consideraban desproporcionado el despliegue policial ante la sede. Del otro lado, el hilo no aportó ningún dato que permitiera cerrar la comparación.
Lo que sí se relató fue la letra pequeña del operativo. Se habló de agentes de paisano entre los concentrados y de un episodio de presión a quien grababa con el móvil. La escena más difundida fue la de un supuesto agente sin uniforme pidiendo a un asistente que dejara de grabarle. Son versiones de parte, sin confirmación oficial, pero acabaron formando parte del relato noche a noche. También se compartió la confidencia de un conocido de un agente destinado a la zona que habría confesado tener
«el corazón dividido». Ese, y no otro, fue el nivel de la conversación.
Lanzamiento de huevos a Ortega Smith y la denuncia de una encerrona
El episodio más tenso tuvo como protagonista a
Ortega Smith. Se compartió un vídeo del lanzamiento de huevos durante su presencia en la zona y él denunció que se había rodeado a un grupo de manifestantes sin dejarles salir, en lo que calificó de encerrona. La acusación, formulada por él mismo, se difundió junto a vídeos de la primera línea, y varios participantes la leyeron como una victoria por su parte: alguien con nombre y cargo poniendo el foco sobre el operativo.
Para varios de ellos era la única voz pública que se mojaba y daba la cara. Su nombre apareció en numerosos mensajes durante las horas siguientes, por delante de cualquier consigna.
Terrazas llenas y una protesta que se apaga
Las terrazas de
Marqués de Urquijo estaban llenas la misma noche en que, según el relato de un participante, la concentración se deshinchaba. El detalle se leyó como una pulla doble: contra quienes auguraban daños a la hostelería de la zona y contra la propia capacidad de convocatoria. Al cierre de una de las jornadas, ese mismo relato subrayaba que no había habido cargas y que buena parte de los asistentes se habían ido a otra cosa.
El desgaste tiene, según otro mensaje, una explicación poco épica:
la gente trabaja y madruga. Sostener una concentración nocturna quince días seguidos exige una disponibilidad que no todo el mundo tiene, y a partir del martes se anunciaba frío. Un argumento más para el repliegue, y un problema para cualquier convocatoria que dependa de la repetición.
¿Sirve de algo manifestarse cada noche?
Aquí el seguimiento dejó de hablar de Ferraz y empezó a hablar de estrategia. La comparación con el
15-M apareció en boca de un participante: aquella movilización quedó en nada, sostenía, porque casi todo siguió igual, y no veía motivo para que ahora fuera distinto.
También se citó al independentismo. Un mensaje ironizó con que las protestas imitaran las concentraciones ordenadas y civilizadas de las convocatorias del 11 de septiembre, y otro recordó el
1 de octubre de 2017 en Barcelona. En otro mensaje, el diagnóstico era que una manifestación no vale por su tamaño, sino por el uso que se hace de ella, y que de momento no la está usando nadie. El escenario que se dibujaba era el de siempre: unas semanas de ruido, la llegada del frío y una apatía de fondo que, según varios mensajes, ya estaba antes de la primera pancarta.
Policías que piden subir el sueldo
En medio del ruido apareció otro asunto: un mensaje recordaba que la revista Mongolia y La Sexta pedían subir el sueldo a los policías, y se compartió un tuit en el que un colaborador reclamaba esa subida bajo la etiqueta
EquiparacionYa. El asunto quedó ahí, sin más desarrollo.
Con quince noches en la mochila, el despliegue policial como imagen dominante y una convocatoria que, según un mensaje, se trasladaba a la tarde, el seguimiento se cerraba sin conclusiones. Las terrazas seguían llenas.