La odisea de Eloy y Marta: 7.800 € para no esperar al día 20
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán no se libra solo en el espacio aéreo de Oriente Próximo: se libra también en el mostrador de facturación de Bangkok. Eloy y Marta, dos españoles que debían haber salido de
Tailandia hace cinco días, han visto cómo la aerolínea les cancelaba tres vuelos consecutivos y han acabado comprando por su cuenta un itinerario con escalas en Osaka y Estambul que les cuesta
2.700 euros por cabeza, a sumar al billete perdido. Total: unos
7.800 euros para no esperar a que Etihad les asigne una plaza el día 20.
El caso, publicado por
20minutos, es la punta del iceberg de un colapso que afecta a todo el tránsito aéreo entre Europa, África y Asia. Los aeropuertos del Golfo Pérsico funcionan como nodos obligatorios de esas rutas y varios han sido atacados, lo que ha dejado a miles de viajeros en tierra. En Bangkok hay ahora mismo, según un mensaje difundido en el hilo,
90.000 personas atrapadas procedentes de medio mundo. Un billete de Bangkok a Europa sin escalas se ha llegado a ver a
7.000 euros en clase económica.
Quién paga la factura de una guerra que no declaraste
La respuesta corta: el viajero. Ni la aerolínea ni el seguro han garantizado a Eloy y Marta que vayan a cubrir gasto alguno. «Los gastos los estamos cubriendo totalmente», confirma ella. Él añade el matiz que lo explica todo: «Afortunadamente, Tailandia es un país barato». Es decir, la única razón por la que la broma no les arruina el mes es que el destino es barato. Si esto pasa en Oslo, la conversación es otra.
El argumento jurídico que se repite en estos casos es que las pólizas estándar excluyen expresamente los supuestos de
guerra, rebelión o conflicto armado. Es la letra pequeña que nadie lee y que, cuando se activa, deja al asegurado con el mismo papel que tenía antes de contratar: ninguno. Hay quien sostiene que un seguro de viaje en condiciones cubriría la cancelación; el sector responde que una guerra sobrevenida no es una cancelación ordinaria y que la cobertura no está diseñada para eso.
El negocio de la escasez: quién gana cuando no hay billetes
La otra pata del problema es el precio. Con la oferta de plazas hundida y la demanda disparada, las aerolíneas que aún operan venden lo que queda al precio que el mercado aguanta. En el caso de Eloy y Marta, la aerolínea les ofrecía esperar al día 20; la alternativa era pagar. Y pagaron.
El cálculo completo de lo que cuesta salir de Tailandia hoy, desglosado entre billete perdido, nuevo itinerario y noches extra de alojamiento, da una cifra que desanima a cualquiera que esté planeando un viaje largo este año. Los precios de alojamiento en Bangkok suben cada día, según los testimonios que llegan desde allí, y encontrar habitación se ha convertido en un problema añadido para quien no tenía previsto quedarse.
La seguridad no es el problema: el problema es volver
Conviene separar dos cosas que el relato mediático tiende a mezclar. Tailandia no es una zona de conflicto. Los propios afectados lo reconocen: «la situación de seguridad en Tailandia es buena». Lo que hay es un problema logístico de primer orden, no una emergencia humanitaria. Eso no quita inquietud: «La situación es de bastante incertidumbre, y no parece que vaya a cambiar pronto», dice Marta. «Esto nos genera un cierto malestar general o desánimo».
El patrón se repite en otros casos recogidos por la prensa. Una pareja que debía volver a Ibiza tras veinte días recorriendo Tailandia, Myanmar y Laos se encontró con el vuelo cancelado y la ciudad convertida en «un hervidero de turistas en esta situación», con los precios subiendo a diario. El patrón es siempre el mismo: cancelación, mostrador que no informa, espera indefinida y decisión personal de pagar lo que haga falta.
Qué cubre realmente un seguro de viaje en un conflicto armado
Poco o nada, y conviene saberlo antes de contratar. Las pólizas habituales excluyen guerra, rebelión, invasión y, en muchos casos, también los fenómenos naturales. La consecuencia práctica es que el viajero asume íntegro el sobrecoste de una repatriación que no pidió. La discusión de fondo no es si el seguro es caro o barato, sino si existe algún producto en el mercado que cubra un cierre de espacio aéreo por conflicto bélico. A la vista de los casos, la respuesta que se está dando es que no.
El debate de fondo: ¿se puede viajar sin colchón?
Aquí es donde la conversación se pone interesante. Una parte del análisis sostiene que quien se gasta cinco mil euros en un viaje de un mes por el sudeste asiático debería tener otros tantos de reserva para imprevistos de esta magnitud. La otra parte responde que eso es confundir prudencia con privilegio: la mayoría de la gente viaja con lo que tiene, y exigir un colchón equivalente al coste del viaje dejaría los viajes largos solo para rentas altas.
El dato que descoloca a ambos bandos es que estos viajeros ya han pagado. No están pidiendo dinero. Están contando lo que les ha costado volver. Y lo que les ha costado, con los números sobre la mesa, es más que el viaje entero.
La previsión, con las reservas lógicas, es que el cuello de botella del Golfo tarde en despejarse: mientras el espacio aéreo de la zona siga comprometido, los itinerarios alternativos seguirán siendo escasos y caros, y los viajeros atrapados seguirán eligiendo entre pagar o esperar. Si el conflicto se alarga más allá de lo que los mercados descuentan, la próxima temporada de viajes largos se planificará con otra mentalidad: menos escala en el Golfo, más seguro específico y, probablemente, menos gente dispuesta a gastarse el ahorro de un año en un billete de vuelta de emergencia.