Renovables sí, pero la factura se dispara: la paradoja que divide a los analistas
El precio de la electricidad en España ha subido un 60% en la última semana, a pesar de contar con más capacidad renovable que nunca. La cifra, extraída de los datos de OMIE, reabre el debate sobre si la apuesta masiva por el sol y el viento está realmente abaratando el sistema o si, por el contrario, estamos pagando la factura de un modelo que aún depende del gas para cubrir los baches.
El argumento de Paul Krugman —que las renovables proporcionan independencia energética porque el viento y el sol no pasan por el estrecho de Ormuz— choca con la realidad del mercado ibérico: el precio marginalista fija el coste de la última tecnología casada, que suele ser el gas. Así, aunque las renovables generen barato, el consumidor paga el precio del combustible fósil cuando este marca el corte.
El coste de la intermitencia: baterías, hidrógeno y el elefante en la habitación
La falta de almacenamiento a gran escala es el cuello de botella. Sin sistemas que acumulen el excedente solar y eólico, los días sin viento o nublados obligan a encender centrales de gas, que marcan el precio para todo el sistema. Se barajan soluciones como el hidrógeno verde o el bombeo hidráulico, pero ninguna está operativa a nivel comercial. Mientras tanto, la nuclear se presenta como la alternativa que algunos echan en falta: "Si tuviéramos nuclear, nos sudaría la polla el sol, el viento, el carbón..." —una opinión recurrente que contrasta con los que recuerdan los problemas de residuos y dependencia del uranio.
Por otro lado, se señala que la caída del precio de los paneles solares chinos ha sido brutal, pero su fabricación requiere petróleo y transporte marítimo, lo que genera una dependencia distinta: de los hidrocarburos para producir las propias renovables. "Cambiamos a unos moros por unos chinos", resumen algunos análisis.
El dato que nadie discute: más renovables no han abaratado la luz
Un punto de consenso entre las distintas posturas es que, a pesar del despliegue récord de solar y eólica en España, el recibo de la luz sigue siendo de los más altos de Europa. Las causas apuntan al mencionado sistema marginalista, a los impuestos y a los costes fijos de la red. Algunos intervencionistas proponen fijar el precio de las renovables por debajo del gas, pero la realidad regulatoria es tozuda.
La pregunta que queda en el aire es si la solución pasa por más almacenamiento, por volver a la nuclear o por rediseñar por completo el mercado eléctrico. De momento, la paradoja energética española sigue sin resolver.
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