India crece al 8% y ya es la quinta economía, pero el 5% concentra la riqueza
La India acaba de superar al Reino Unido como quinta economía del mundo. Su PIB crece a un ritmo del 8% anual y los analistas de los bancos de inversión sostienen que ese ritmo se mantendrá, o incluso subirá, hasta 2030. Con 1.380 millones de habitantes, el país se postula como la nueva gran fábrica del mundo, tomando el relevo a China en plena guerra tecnológica con Estados Unidos. El teletrabajo y la deslocalización global serían los catalizadores. Hay estudios que sitúan a la India superando a Estados Unidos en 10 o 15 años. La pregunta es si eso es un dato o un deseo.
El relato del despegue: 1.380 millones de habitantes y el 8% de crecimiento
El punto de partida es innegable. La India es la economía que más crece del mundo, con un PIB que avanza al 8% anual. Es el tercer país del planeta en número de científicos, el segundo en ingenieros informáticos y el primero en producción de medicamentos. Con esas credenciales, la tesis del relevo chino tiene gancho: la guerra tecnológica entre Washington y Pekín empuja a las multinacionales a buscar alternativas, y la India se ofrece como destino natural.
El argumento demográfico refuerza la historia. Con 1.380 millones de habitantes, la India aspira a repetir el ciclo que China vivió en la década de 2000, cuando su índice se cuadruplicó. La comparación es tentadora, pero también tramposa: China partía de un sistema político capaz de imponer decisiones a largo plazo, algo que la democracia india, heredada del colonialismo británico, no siempre permite.
El escepticismo: crecer desde la miseria no es lo mismo que crear un modelo
La réplica más repetida es que crecer es fácil cuando se viene de la miseria. El PIB indio, medido en dólares, es de 3,17 billones, frente a los 4,26 billones de Alemania. La brecha con Europa en su conjunto es mayor. Y el país sigue siendo, en términos agregados, un lugar donde una parte enorme de la población pasa hambre mientras se venera a las vacas.
El argumento del low cost tiene las patas cortas, sostienen los escépticos. La India se basa en subcontratar a su población, no en un modelo productivo serio. Sus ciudades están masificadas y, en muchos casos, son insalubres: el concepto urbano indio, dicen, está prostituido. Habría que borrarlas del mapa y reconstruirlas desde cero. A eso se suma un enemigo nuclear en Pakistán y tensiones étnicas internas que ningún gobierno ha resuelto.
La trampa estadística: cuando el PIB no cuadra
Hay un problema de medición que conviene no ignorar. La actividad económica de una economía como la china se mide por inputs; la de Estados Unidos, por outputs. Esa diferencia metodológica hace que las tasas de crecimiento chinas se anticipen con facilidad. En la India, las discrepancias en los datos del PIB han llevado a algunos expertos a hablar de una historia de crecimiento falsa.
A eso se añade una tara cultural que comparte con sus vecinos orientales: la preferencia por que el primogénito sea varón, con abortos selectivos por razón de género incluidos. El resultado es un desequilibrio demográfico que lastra el consumo y la estructura social. La India tiene una estructura de edad similar a la de México, pero con un ingreso seis veces menor. China será vieja antes de ser rica; la India se enfrenta a un problema peor, con menos margen de maniobra.
Tamaño de mercado no es calidad de vida: el ejemplo del azúcar
Aquí conviene separar dos conceptos que se confunden con frecuencia. Una cosa es la calidad de vida y otra el tamaño del mercado. Se vive mejor en España que en la India, como promedio. Pero la escala del mercado indio es muchas veces mayor. Y en cantidad, hay más gente con ingresos altos en la India que en España: el 5% de la población india tiene rentas muy altas.
El ejemplo del azúcar es ilustrativo. China consume la mitad de azúcar per cápita que la India (11 kilos frente a 20), lo que a su vez es casi la mitad de lo que consume el mundo desarrollado (unos 35 kilos). Con 20 kilos per cápita por 1.300 millones de habitantes, la India es el mayor mercado del mundo en azúcar. Lo mismo ocurre con los caramelos y galletas: un informe del ICEX de 2007 se quedó cuatro veces corto sobre la realidad del mercado.
La industria: China produce doce veces más acero que Estados Unidos
Para entender la escala real de China, basta un dato: produce doce veces más acero que Estados Unidos y representa ella sola el 55% de la producción mundial. La India, por su parte, produce más acero que toda la Unión Europea. Son cifras que descolocan a quien sigue pensando en términos del siglo XX.
El problema chino no es de volumen, sino de sobrecapacidad: su industria del acero tiene márgenes de ganancia pequeños. Es el precio de haber construido la fábrica del mundo. La India, si quiere seguir ese camino, tendrá que resolver antes sus problemas estructurales: burocracia, infraestructuras y un mercado laboral que expulsa a los mejores. Los ingenieros indios más capacitados emigran a Reino Unido y Estados Unidos. Los que se quedan, dicen los críticos, no siempre están a la altura.
El futuro: ni superpotencia inminente ni estercolero eterno
El pronóstico más plausible no es el de la India superando a Estados Unidos en 15 años, sino el de una tercera economía mundial, por detrás de China y Estados Unidos, y bastante distanciada de ambos. El modelo indio es más anglosajón, con los problemas que eso conlleva: cortoplacismo y polarización. El chino mira más al largo plazo.
El tiempo se agota. La globalización se está frenando, la deslocalización se ralentiza y los recursos para desarrollar otro gigante industrial escasean. La India tiene 1.380 millones de habitantes, un 8% de crecimiento y un 5% de población con rentas altas. Con esos mimbres, ¿es una oportunidad de inversión o una trampa para incautos?