El PSOE estudia acciones legales por la protesta de Ferraz
El PSOE estudia «todas las vías legales» contra los participantes, los organizadores y los presentadores del canal oficial de la concentración convocada en la calle Ferraz en Nochevieja. Lo anunció el propio partido y lo remató con una advertencia: cree que lo ocurrido «puede estar incluido dentro de un delito». El episodio que centra la polémica mezcla una
piñata con la cara de Pedro Sánchez y, según denunció Iñigo Errejón, una representación del ahorcamiento del presidente del Gobierno. Dónde acaba la sátira política y dónde empieza la amenaza es el hueso que nadie ha roto.
¿Qué pasó en la calle Ferraz la noche de Nochevieja?
La protesta se celebró ante la sede federal del PSOE, en la calle Ferraz de Madrid, y la información que abrió el debate la describe como convocatoria ultra. La nota oficial es explícita sobre el alcance: las acciones legales afectarían «tanto a los que participantes como a los organizadores y a los presentadores en el canal oficial del evento». La redacción no es casual. Perseguir al que sostiene un cartel es terreno conocido; perseguir al que lo retransmite abre una puerta bastante más ancha.
La federación madrileña subió el tono en paralelo: «Hoy es muñeco. Mañana fuego a una sede del PSOE... pasado cualquier agresión grave a una persona. Quien calla, respalda». La frase dibuja una línea de escalada —del objeto al inmueble, del inmueble a la persona— que es, en sí misma, el argumento del partido para moverse.
Delito de odio, amenazas o simple sátira: el nudo jurídico
Aquí empieza la disputa técnica. En el hilo hay quien sostiene que
no hay delito de odio porque no existe una minoría vulnerable a la que se dirija el mensaje, y que estirar la categoría hasta ese punto la vacía de sentido. La tesis contraria no discute la definición, discute el encaje: según otro participante, si se acredita que la escenificación respondía al discurso del Gobierno en favor de colectivos protegidos, el caso cambia de naturaleza y puede terminar en condena para alguno de los organizadores o participantes.
En contra juega, según se apunta también en el debate, el criterio europeo. El Tribunal de Estrasburgo se ha pronunciado en varias ocasiones contra la interpretación restrictiva que hacen los tribunales españoles de la libertad de expresión y de manifestación, y ese es el terreno donde este tipo de causas suelen deshincharse.
Ahí es donde se atasca todo.El otro costal: Hasel, el muñeco del Rey y Vallecas
Hay quien recuerda que el rapero Pablo Hasel fue condenado por enaltecer a grupos terroristas y por amenazar a un alcalde, no por una canción; que quienes quemaron una foto del Rey acabaron absueltos; y que las condenas por muñecos llegaron por amenazas, no por la escenificación en sí. Del otro lado de la balanza se citan piedras contra actos de Vox en Vallecas o en Euskadi.
Cada lista existe para demostrar que el otro empezó antes. El resultado es que ninguna de las dos partes discute ya si el derecho penal se aplica con simetría: discuten solo a quién le toca el turno.
FerrazTV y el día 375: la protesta que no se apaga
Mientras se mueven los papeles, la concentración acumula jornadas. Los canales que la retransmiten en directo iban por el
«Día 374» y el «Día 375» de convocatoria, con un guion fijo: rosario a las 19:30 y protesta a las 20:00 contra lo que describen como un golpe de Estado. El repertorio incluye cánticos como «¡Gibraltar es español!» y consignas que amplían el objetivo más allá del presidente: «No es contra Pedro Sánchez. Es contra todo el R78».
La invitación a sumarse se repite cada tarde en redes, con el mismo texto y la misma hora. Es un conflicto que se sostiene, sobre todo, por acumulación.
Del muñeco al pinchazo de ruedas
El asunto saltó del terreno simbólico al material. El partido informó de que un miembro de su Comisión Ejecutiva Federal presentó una denuncia ante la Guardia Civil después de amanecer con las
cuatro ruedas de su coche pinchadas, y añadió que no era la primera vez ni la primera amenaza. Ese detalle —el paso del muñeco al vehículo— es el que sostiene la tesis de la escalada.
Ley como disuasión y el fantasma de ilegalizar a Vox
En el fondo late una pelea sobre el uso del Código Penal como herramienta política. Hay quien sostiene en el hilo que el objetivo no es ganar juicios, sino instalar un estado de terror legal que haga pensarse dos veces salir a la calle contra el Gobierno. Otra voz avisa de que el tiro puede salir por la culata: ilegalizar a una formación de la derecha radical solo serviría para unificar a la derecha y dividir todavía más a la izquierda.
La referencia a una hipotética ilegalización de Vox circula desde el primer día y funciona como recordatorio de que la pieza no va solo de Ferraz.
El punto exacto donde esto se atasca es el mismo de siempre. Si un tribunal considera que una piñata, un ahorcamiento simulado y un canal de retransmisión forman un mismo delito, media España tendrá que revisar qué entiende por
sátira política. Si no lo considera, la próxima convocatoria repetirá el cartel. Nadie ha dado todavía el paso que permita saber cuál de las dos cosas ocurre.