China sube aranceles al 125% y el yuan entra en la guerra
China ha respondido a Estados Unidos elevando los aranceles hasta el 125% y dejando caer su moneda, el yuan, como instrumento de guerra comercial. La medida, que llega después de que Washington rompiera la baraja del comercio mundial, ha reabierto el viejo debate sobre quién paga realmente la factura de una devaluación: si el país que la ejecuta o el que la sufre. La discusión, lejos de cerrarse, se ha enconado en dos trincheras: los que sostienen que Pekín empobrece a su propia población para sostener sus exportaciones y los que replican que un país que produce de todo y lo cobra en su propia moneda no se empobrece por decreto.
¿Qué ha pasado con los aranceles entre China y Estados Unidos?
El detonante es una escalada arancelaria sin precedentes. China ha elevado los aranceles a los productos estadounidenses hasta el **125%**, una cifra que en la práctica equivale a cerrar el mercado. La respuesta china no se ha limitado a los gravámenes: Pekín ha dejado que su moneda se deprecie, lo que abarata sus exportaciones y encarece las importaciones. La medida se produce después de que Estados Unidos rompiera las reglas del juego comercial, según una parte del análisis, que recuerda que **quien rompió la baraja fue Washington** y que los demás «van a intentar salvar los muebles como buenamente puedan».
La cifra del 125% no es un ajuste técnico. Es una declaración de intenciones. Y ha tenido un efecto inmediato en el relato: durante años se vendió que el yuan sería la próxima moneda de reserva global. Con este movimiento, esa promesa queda en entredicho. **Ningún gobierno o empresa con dos dedos de frente va a fiarse del yuan** si Pekín lo utiliza como arma de guerra comercial, sostiene una de las corrientes más críticas.
¿Empobrece China a su población cuando devalúa el yuan?
Aquí es donde el análisis se parte en dos. Para unos, la devaluación es un impuesto silencioso: **el ahorro pierde poder adquisitivo**, el sueldo vale menos de un día para otro y todo lo que China importa —energía, comida, materiales— se encarece. Es el mismo mecanismo que vivió España en los años ochenta, cuando tres devaluaciones consecutivas en apenas tres años dejaron a la mayoría de los españoles sin poder viajar a Nueva York. La historia, dicen, se repite.
Para otros, el razonamiento no se sostiene. Si China produce de todo y lo paga en yuanes, la devaluación no empobrece: **abarata sus productos en el exterior y encarece lo de fuera**, lo que protege su mercado interior. El país que tiene la sartén por el mango no se empobrece, se blinda. Y recuerdan que China **prácticamente no importa comida** y tiene toda la energía rusa a su disposición.
El punto intermedio lo pone quien recuerda que China **importa mineral de hierro australiano y gas ruso**, y que una devaluación encarece esas compras. Producir de todo no es lo mismo que tener de todo en las cantidades necesarias para producir a ese nivel.
¿Qué papel juegan las reservas de oro y la moneda de los BRICS?
En paralelo a la guerra arancelaria, ha tomado fuerza la tesis de que el dólar tiene los días contados como moneda de reserva. **China tiene una reserva de oro importante** y empuja, junto a los BRICS, un sistema de intercambio comercial fuera del SWIFT estadounidense. La idea: usar una moneda común respaldada parcialmente por oro para el comercio bilateral. No es una utopía, pero tampoco es inminente.
La crítica a esta tesis es doble. Primero, **el yuan no es una moneda global**: solo es otro instrumento al capricho de Pekín. Segundo, la devaluación que acaba de ejecutar China es la prueba de que **quien controla la moneda controla la política**, y eso espanta a cualquier socio comercial que quiera estabilidad. El dólar puede estar tocado, pero nadie ha encontrado todavía un sustituto que no dependa del capricho de un solo gobierno.
¿Quién tiene la sartén por el mango en la guerra comercial?
La respuesta depende de a quién se pregunte. Una corriente sostiene que **China tiene la sartén por el mango**: produce el 50% de todo lo que se fabrica en el mundo, controla las tierras raras y tiene a Rusia como proveedor energético cautivo. Cuando las cadenas de distribución chinas se pararon por la pandemia, quedó claro quién mandaba. Otra corriente replica que **Estados Unidos sigue siendo el matón de la clase** y que China, pierda o gane, se está enfrentando a él. Al matón solo le queda una salida: matar. O sacrifica a China ahora en el altar del imperio, o pronto empezarán a rebelarse otros alumnos.
El dato que nadie discute: **China exporta el 15% de su producción a Estados Unidos**. Perder ese mercado no es gratis. Pero tampoco lo es para Estados Unidos perder los productos chinos. La diferencia es que China lleva 5.000 años existiendo y Estados Unidos no.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que la escalada arancelaria no se detenga a corto plazo. **China no va a bajarse los pantalones** y Estados Unidos no va a reconocer que ha perdido. Lo que ocurra con el yuan en los próximos meses dirá más sobre el resultado final que cualquier comunicado oficial. Y si el yuan se hunde, los que tengan sus ahorros en efectivo lo van a notar. Los que los tengan en oro, en plata o en ladrillo, quizá no.