Fichar por otros: castigo en la privada y en lo público
Un funcionario ha sido grabado fichando por él y, presuntamente, por otros tantos compañeros más. Las imágenes las difundió el programa En el punto de mira, en Cuatro y Mediaset. No consta expediente disciplinario resuelto ni resolución judicial alguna a la fecha de esta discusión. Sobre la mesa hay un vídeo y una pregunta incómoda: qué castigo tiene, de verdad, saltarse el reloj a costa del sueldo de todos.
Según varios comentarios del hilo, la respuesta rápida es que casi ninguno. La respuesta larga depende de dónde se mire.
¿Qué se sabe del caso?
Según el programa, un empleado público pasa la tarjeta por varios compañeros en una misma ronda de fichaje. Eso es todo lo que se ha dado a conocer. El resto —cuántas tarjetas, durante cuánto tiempo, con qué conocimiento de los jefes— no está acreditado y conviene no rellenarlo con intuiciones.
Lo que varios participantes describen es un mecanismo viejo: el control horario en la administración se apoya en la buena fe y en la vigilancia del compañero de al lado. Cuando falla la primera y estorba la segunda, el sistema no detecta nada.
Por qué se dice que en la privada es despido y en la pública casi nunca
El contraste es el eje de todo el enfado. En una empresa privada, fichar por un compañero se encaja como falta muy grave y desemboca en despido, sostiene un participante. En la función pública, la impresión que recogen varios comentarios es que el castigo se queda muchas veces en una suspensión de empleo y sueldo de escasa duración: uno ironiza con que será «una semana».
Hay un segundo argumento, más incómodo, que lanza un comentario: si nadie nota la ausencia del fichado, quizá el puesto no necesitaba a nadie dentro.
Casa del Mar, huella dactilar y la hora del café
Los relatos concretos llegan de las ventanillas. En la Casa del Mar de A Coruña, según el testimonio de quien esperaba cita, una trabajadora pasa cuatro o cinco tarjetas a las 8:30 y se marcha a desayunar. Junto al reloj de fichaje hay un cartel que prohíbe grabar o hacer fotografías. En la capitanía marítima de la misma ciudad, a las 10:30, quien atiende informa de que están en la hora del café. Son anécdotas sin verificación independiente, pero que varios participantes presentan como una rutina conocida.
La alternativa técnica que apuntan algunos comentarios es el fichaje con huella dactilar, que según ellos ya existe en distintas administraciones. No resuelve el fondo, resuelve la trazabilidad. Y aun así, según estos relatos, donde existe sigue habiendo picaresca.
Suplantación de identidad: qué se puede perseguir
En el encuadre jurídico que circula en el hilo se apunta a la suplantación de identidad y a una posible prevaricación, siempre como hipótesis y sin imputación formal conocida.
El que graba, el que paga
Una sospecha recorre todo el asunto: que la reacción no será perseguir a quien fichó por otros, sino a quien lo grabó. Hay quien recuerda que los relojes de fichaje suelen estar junto a carteles que prohíben grabar o fotografiar. Si ocurre, quedará claro a quién protege el sistema.
Con estas piezas, y según los comentarios del hilo, lo razonable es esperar una sanción administrativa y poco ruido posterior. Cabe, aunque nadie lo apueste, que la presión obligue a un castigo modélico. Lo que no va a cambiar mañana es lo de fondo: mientras el control del horario público dependa de que un compañero mire hacia otro lado, el fraude seguirá saliendo solo cuando alguien encienda una cámara.