Sumar anuncia Frente Amplio: otra marca para el mismo bloque
¿Cuántas veces se puede refundar la izquierda a la izquierda del PSOE sin cambiar nada de fondo? Sumar ha anunciado el lanzamiento de una nueva coalición bautizada como
Frente Amplio, con fecha señalada: el próximo
17 de octubre. La noticia llega vía Cadena SER y el eco que despierta es el de siempre: una marca nueva para un electorado que ya ha visto pasar varias. El nombre no es inocente. Y ahí empieza el problema.
Por qué Frente Amplio suena a algo ya visto
La elección del término no es casual y la reacción lo demuestra. El paralelismo con el
Frente Popular de 1936 —la coalición que agrupó a Izquierda Republicana de Manuel Azaña, Unión Republicana de Diego Martínez Barrio, el PSOE, el PCE, el POUM, el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña, el Partido Galeguista y Acción Nacionalista Vasca, con UGT y las Juventudes Socialistas como organizaciones adscritas— ha sido el primer comentario espontáneo. Hay quien sostiene que, si el guerracivilismo les da igual, es porque lo prefieren.
Hay quien sostiene que llamarlo
Frente Popular habría sido demasiado explícito, y que
Frente Amplio es la versión edulcorada del mismo impulso. Otros apuntan a que el ciclo se repite con precisión de relojería: cada cuatro años sale una marca nueva, y siempre con los mismos nombres detrás.
El problema del nombre: de Frente Amplio a Fracaso Anticipado
La batería de ocurrencias ha sido rápida. Se ha propuesto
Fracaso Anticipado como lectura de las siglas FA, y se ha ironizado con la dificultad de encontrar un nombre que no delate el parentesco con el pasado. La pregunta de fondo es si el envoltorio importa cuando el producto no cambia.
El argumento más duro no va contra el nombre, sino contra la función: una coalición que se presenta como nueva pero que recicla caras, métodos y discurso. La sospecha de que el objetivo no es ampliar nada, sino recomponer un espacio electoral en retroceso, planea sobre todo el anuncio.
El 17 de octubre como fecha y como mensaje
La fecha elegida, el
17 de octubre, es el único dato firme que aporta el anuncio. Todo lo demás —programa, integrantes, liderazgo— queda por concretar. Es decir, se anuncia la marca antes que el contenido, lo que algunos leen como una señal de que el contenido es lo de menos.
La operación recuerda a otras refundaciones recientes del espacio: mucha puesta en escena, poca sustancia verificable. Y mientras tanto, la pregunta que nadie responde del todo: ¿a qué electorado se dirige una coalición que necesita explicar por qué no se llama como lo que es?
Al final, la ironía se escribe sola: si el nombre cambia cada legislatura y los resultados no, quizá el problema no sea la marca.