Un forero atribuye la caída de Vox del 15% al 12% en un mes a la abstención y al voto por correo
La legislatura se decidió en julio, con media España en la playa y el voto por correo convertido en el chivo expiatorio de la derecha, según sostiene un participante del debate. El PP aguantó el tipo en las encuestas; Vox se despeñó, siempre según su versión. Del 15% que le daban los sondeos a un mes de las urnas al 12% que finalmente cosechó. Tres puntos que, según el diagnóstico que este forero presenta como más repetido, no se perdieron en un mitin ni en un debate, sino en la abstención de su propio electorado.
El partido que más ruido hace en redes fue el que menos movilizó a los suyos, en su opinión.Del 15% al 12%: el desplome que, según este relato, no vio venir nadie
La secuencia es la que plantea este forero. El PP sacó prácticamente lo mismo que auguraban los sondeos, mientras Vox firmaba el peor resultado relativo de la derecha. La campaña cayó en pleno julio, con la playa como competencia desleal y un sistema de voto por correo que, según una parte del electorado,
no estaba hecho para ellos. El argumento que, según él, más circula: muchos votantes potenciales de Vox no movieron el culo. Ni papeleta en mano ni solicitud postal.
El contraste con el electorado de izquierdas es el que más escuece, siempre según su diagnóstico. Los jubilados, las amas de casa y las votantes de mediana edad del PSOE acuden a las urnas con una disciplina que no admite excusas.
La abstención no es neutra: siempre beneficia a quien tiene el voto más cautivo, sostiene. Y ese no era Vox.
El voto por correo como chivo expiatorio
La tesis del fraude postal planea sobre toda la conversación, según este forero. Hay quien sostiene que fue el voto por correo, y no la campaña, lo que decidió el resultado. Y añade un matiz incómodo: los dirigentes del PP callaron porque creían que denunciarlo les acercaría al bipartidismo soñado.
Un cálculo que, a la vista de los resultados, no les salió gratis, en su opinión.
La otra pata del argumento apunta a la juventud. Los chavales se emborrachan la noche antes, los pijos votan con sus padres o no votan, según su versión. La lección de democracia se aprende en las manifestaciones, pero a la hora de la verdad el entusiasmo se evapora.
Mucho postureo y poca papeleta, concluye.El PP tampoco movilizó: Feijóo y su campaña contra Vox
Aquí llega la contradicción que, según otro participante, rompe el relato. Si Vox se hundió, ¿fue por culpa propia o porque el PP le disparó? Hay quien recuerda que Feijóo dedicó más munición a criticar a Vox que al PSOE.
El candidato popular repartía carteras antes de votar y hablaba de superar los 150 diputados; se quedó en 137, según este forero. El ridículo de no presentarse a un debate electoral y el efecto de cada intervención sobre el pan, según la ironía más repetida.
El resultado: una legislatura más del PSOE que muchos atribuyen a la incapacidad de la derecha para sumar.
Frijolito quería más de 150 escaños y se topó con la aritmética, según este relato. La pregunta que sobrevuela es si Vox necesitaba al PP o el PP necesitaba a Vox. La respuesta, según los datos, no deja lugar a dudas.
La agenda 2030 y el voto de castigo
En el fondo del debate late un argumento más incómodo: la sensación de que votar no cambia nada porque todos los partidos del arco parlamentario comparten la misma agenda.
Hay quien directamente renuncia a votar para no legitimar unos objetivos de desarrollo sostenible que considera impuestos desde fuera. Es la abstención ideológica, la que no se debe a la playa ni al correo, sino a la convicción de que el sistema no ofrece alternativas reales.
Ese voto perdido no se recupera con un mitin más. Y explica, mejor que ninguna encuesta, por qué la derecha española sigue mirándose el ombligo mientras el PSOE gobierna.
Con estos mimbres, la próxima cita electoral tiene un pronóstico fácil: si el electorado de Vox vuelve a quedarse en casa, el resultado será el mismo. O peor. La incógnita es si alguien ha aprendido algo o si seguiremos culpando al cartero.