Alierta, el presidente que multiplicó Telefónica y su deuda
¿Se puede dirigir la mayor multinacional española y, a la vez, encarnar todo lo que se reprocha a su élite empresarial? César Alierta, expresidente de Telefónica, falleció en Zaragoza a los 78 años como consecuencia del agravamiento de una enfermedad respiratoria. La noticia llegó, se rectificó y volvió a darse por hecha en cuestión de horas. Alierta pilotó el operador entre julio de 2000 y abril de 2016, presidió antes Tabacalera y encabezó el Consejo Empresarial para la Competitividad. Su balance tiene defensores entusiastas y una nómina larga de detractores.
De 68 a 322 millones de clientes
Entre su llegada a la presidencia, en julio de 2000, y su salida, en abril de 2016, Telefónica pasó de
68 millones de clientes a más de 322 millones y se convirtió en la mayor multinacional del país, con presencia en más de 20 países. La internacionalización fue el eje del mandato: si en 2000 más de la mitad de los ingresos procedían de fuera de España, en 2015 esa proporción alcanzaba el
75%. La compra de los activos de BellSouth en América Latina, en 2004 y 2005, y su primera incursión en las telecomunicaciones de China marcaron esa hoja de ruta.
El actual presidente de la compañía, José María Álvarez-Pallete, le reconoció el «cariño y admiración» de toda la casa y lo nombró
telefónico de honor: «Has recibido tantos premios durante tu carrera que hemos decidido darte uno que tú mismo creaste cuando empezaste a fusionar lo real con lo digital», dijo. Un homenaje con sabor de despedida anticipada.
¿Qué fue el caso Tabacalera?
El caso Tabacalera fue el contencioso en el que la Audiencia Provincial de Madrid consideró probado el uso de información privilegiada atribuido al empresario y a su sobrino, para absolverlos después al aceptar la prescripción del delito. Nunca hubo condena firme, pero la
mancha reaparece cada vez que se repasa su biografía. Alierta había presidido la compañía entre 1991 y 1996, un periodo en el que culminó la fusión de la antigua empresa pública con Altadis.
El episodio alimenta la tesis más repetida sobre su perfil: la de un gestor cuyo principal activo fueron las conexiones con el poder político y económico. Enfrente se sitúa la defensa clásica: los tribunales no lo condenaron y bajo su mando la operadora se convirtió en un gigante global. Ambas cosas son verdad a la vez, y ahí está el problema.
El endeudamiento que lastró el balance
Aquí empieza la parte incómoda. Una corriente de análisis sostiene que aquel crecimiento se construyó sobre un endeudamiento colosal y que el pasivo heredado condicionó a la compañía durante décadas. El reproche de fondo es que el aumento de clientes y de presencia internacional no se tradujo en un valor equivalente para el accionista.
Frente a los
32,51 euros de máximos que algunos atribuyen a la etapa de Juan Villalonga, la acción ha llegado a moverse en la órbita de los tres euros, y ni siquiera hay acuerdo sobre a quién corresponde el récord. La decisión de 2002, cuando Alierta reconoció que las licencias UMTS pagadas durante la burbuja tecnológica habían perdido el valor que se les supuso y limpió el balance, se cita tanto como ejemplo de honestidad contable como de ajuste tardío.
El canon a Google y la apuesta digital
Su último gran acto público fue la gala del premio José Echegaray, en abril de 2022, donde defendió que
«el futuro de la humanidad pasa por la digitalización». Recordó entonces que en 2010 reunió al comité ejecutivo de la operadora para crear una unidad digital: «el comité me miró mal, creo que pensaban que estaba loco. Cuando empezamos no teníamos ni idea, pero a base de errores se aprende».
Entre sus ocurrencias más citadas quedó la de querer cobrar un canon a Google por utilizar sus redes para enriquecerse. La idea, entonces excéntrica, anticipó un debate regulatorio que sigue abierto en medio mundo. También presidió la Fundación Telefónica tras su relevo y, después de 2020, centró su actividad personal en el desarrollo de la educación entre los menores más desfavorecidos.
La rectificación y las dos muertes del mismo día
La confusión informativa fue notoria. Una rectificación llegó a certificar que el empresario seguía vivo, según fuentes cercanas al propio interesado, y horas después la versión volvió a invertirse. El episodio, convertido en chascarrillo inmediato, dio lugar al apodo del
gato de Schrödinger del Ibex: vivo y muerto a la vez. En paralelo, un texto que circuló en entornos de la compañía contrapuso los homenajes oficiales al accidente mortal de un trabajador de una subcontrata de Telefónica que, según ese relato, cayó desde un poste en Chinchón (Madrid).
No era la primera vez que su salud ocupaba titulares. En el verano de 2020 había superado una parada cardíaca que lo mantuvo en coma inducido, además de otros episodios cardiovasculares previos resueltos con intervenciones para desobstruir las arterias coronarias. De aquello salió, según su entorno, en plena forma.
Deja una compañía con presencia en más de 20 países y 322 millones de clientes, y un currículum que sus sucesores reivindican sin matices.
Dos versiones contradictorias de una misma muerte en apenas unas horas para un hombre que presumía de anticiparse al futuro. El gato de Schrödinger era, al menos, un experimento mental.