Denuncian que El Hormiguero censura el vídeo de Sofía Vergara
Abrir el año en El Hormiguero le ha salido caro a Pablo Motos. La entrevista con Sofía Vergara inauguró la temporada de 2024 y, dos semanas después, el episodio sigue coleando fuera de España. Pero hay un detalle que lo envenena todo:
el vídeo con los mejores momentos del encontronazo está desapareciendo de las redes, según denuncian varios perfiles que atribuyen el borrado a una decisión del programa y de su productora. Nadie lo ha confirmado desde dentro. Tampoco ha hecho falta para que la pieza se convierta en el material más compartido y más difícil de encontrar del mes.
Qué pasó en la entrevista de Sofía Vergara y Pablo Motos
Conviene recordar el orden de los hechos, porque de él depende quién sobraba en el plató. Según una lectura muy extendida, Motos abrió la charla con una pregunta sobre lo duro del oficio de actriz, siguió por el acento de la invitada y remató con sus pestañas y sus tatuajes. Otra lectura, igual de firme, sostiene que nunca la llamó loca y que aquello era un halago torpe. El propio vídeo permite las dos interpretaciones, que es lo que suele pasar cuando se pregunta con segundas.
El momento que ha dado la vuelta al mundo es el del inglés. El presentador le preguntó cómo pronuncia determinadas palabras —
Modern, entre ellas— y ella le respondió preguntándole cuántas nominaciones acumulaba él.
Sofía Vergara lleva años trabajando en Estados Unidos y suma nominaciones en su sector. El entrevistador, a la vista del vídeo, no. Ahí saltó la chispa, y a partir de ahí cada respuesta fue un machetazo. El presentador insistió después repitiendo el nombre de la serie imitando su acento, y el ambiente terminó de tensarse.
¿Quién faltó al respeto: el presentador o la actriz?
No hay una respuesta única: el relato se parte en dos. Una corriente sostiene que Motos recibió su propia medicina, años haciendo preguntas blandas a gente que no podía contestar y, de pronto, una entrevistada con tablas que no traga. La otra acusa a Vergara de ir a la defensiva, de ser engreída y de torear con bordería lo que se podía despachar con más arte y más encanto.
Y hay un tercer diagnóstico, menos épico y probablemente más certero: los dos estaban actuando. Vergara es conocida por exagerar su acento latino y por hacer de ello parte de su personaje; en Estados Unidos eso se lee como gracia y no como incultura. Quien ve ahí una bronca real se pierde la mitad del número.
El vídeo borrado y la sombra de la censura
La acusación de censura no es nueva en el formato.
Según los mensajes que han viralizado el caso, la productora habría presionado para retirar el material de las plataformas, y varios tuits animan a compartirlo antes de que desaparezca. Es una denuncia sin confirmar, pero el efecto es paradójico: cuanto más se borra, más se multiplica. Si el objetivo era enterrar la polémica, el tiro ha salido por la culata.
De Modern Family a una cuenta de 180 millones
Parte del malentendido viene del papel que la hizo famosa. En
Modern Family daba vida a una mujerona exuberante y algo ingenua, y hay quien sospecha que el entrevistador confundió al personaje con la persona. Vergara es descendiente de la élite colombiana y una de las actrices mejor pagadas de Estados Unidos:
cobraba 10 millones de dólares por temporada y su patrimonio conocido ronda los
180 millones. No es la clase de invitada a la que se vacila sin consecuencias.
El precedente de Charlize Theron
El caso ha reabierto la lista de invitados que no salieron contentos. Según un relato que ha vuelto a circular,
Charlize Theron declaró en un programa estadounidense que se sintió incómoda con las preguntas y la música del espacio y después se disculpó con el programa, según las informaciones publicadas. Otros famosos también se quejaron del trato recibido. Es el patrón que muchos ven detrás de la actitud de Vergara.
Sofía Vergara reconoce que la entrevista estaba preparada
La propia actriz ha echado agua fría sobre la teoría de la bronca espontánea:
reconoce que la entrevista estaba preparada. Si fue un número, el escándalo tiene fecha de caducidad y en un mes nadie se acordará. Si el vídeo sigue desapareciendo, no. La diferencia entre un ridículo pasajero y una crisis de imagen la decidirá algo tan poco televisivo como un botón de borrar. Y esa parte, hoy, sigue sin confirmarse.