No hay que confundir "salidas" con "demanda". Las carreras relacionadas con la geología tienen muchas salidas, pero hay poca demanda porque el papel de la geología es más preventivo que correctivo, y en España por cultura somos de "se rompe algo, lo arreglo". Véase:
- Si explota un volcán, pago.
- DANA: pago y arreglo.
- Terremotos: pago y arreglo.
- Baches en las carreteras: pago y arreglo.
Aunque lo de pagar, en sí mismo, sea más una promesa política.
No, y te lo explico.
Para una obra de cierto calado —digamos, un puente de 12 vanos, 80 metros de altura y que atraviesa un río— hay que tener en cuenta un gran número de variables:
- Viento.
- Lluvias.
- Caudales.
- Geología superficial: propiedades mecánicas del suelo, estratigrafía e historia geológica.
- Geología profunda: ¿dónde está el sustrato rocoso? ¿Cuál es la historia de aquello que no vemos?
- Y muchas otras.
Todo esto requiere ir al campo y tomar datos: desplazarse de un sitio a otro, realizar sondeos, tomar muestras, hacer ensayos y, a partir de toda esa información, construir manualmente cortes geológicos e intentar reconstruir la historia del terreno: ¿qué había aquí antes?, ¿cómo evolucionó?, ¿qué procesos lo han afectado? y, sobre todo, ¿cómo puede evolucionar en el futuro?
Los datos proceden de estaciones climáticas, sondeos, ensayos sobre las muestras obtenidas —edómetros, Casagrande, triaxiales, etc.— y técnicas indirectas como la sísmica de refracción, reflexión y otras.
Con todo ello se construye un modelo estático del terreno: una especie de fotografía de cómo es el subsuelo en un momento determinado.
Después entran en juego los ingenieros geólogos, que, utilizando esos datos —el pasado, el presente y las posibles condiciones futuras del terreno donde se construirá el puente— trabajan conjuntamente con los ingenieros estructurales de caminos.
Entre todos desarrollan el proyecto: deciden por dónde irá el puente, qué cargas transmitirá la estructura al terreno, qué tipo de cimentación será necesaria y cómo deberá interactuar esa cimentación con el subsuelo.
Simplificando mucho, el ingeniero de caminos está más especializado en la estructura que vemos —el puente—, mientras que el ingeniero geólogo se ocupa fundamentalmente de aquello que no vemos, pero que sostiene todo lo demás: la cimentación, el terreno y, cuando es necesario, los tratamientos que haya que realizar sobre él.
Y esto es solo un ejemplo. Aunque pueda parecer una cuestión menor, la labor del geólogo es
importantísima.
Durante la vida útil de la obra, el papel del geólogo no termina. En el mantenimiento de la estructura y la infraestructura el geólogo debe in situ visitar el terreno y detectar cómo evoluciona el terreno con infraestructura, si hay algún tipo de asentamiento anómalo, si la obra ha modificado los niveles freáticos o si estos suben o bajan más allá de los niveles de diseño; si "esas sales" siguen en su estado original o no, y un larguísimo etcétera... incluso si el hormigón está o no en condiciones, con técnicas geofísicas, es trabajo del geólogo.
No es una profesión para cualquiera, pues requiere mucho campo; parte del problema es que eso no se paga como se debiera.
Los geólogos, en cierto modo, siempre están «avisando» de que determinadas cosas pueden suceder. El problema es que muchas veces nadie les hace caso… hasta que suceden.
Por ejemplo, un geólogo puede determinar que una cimentación debería asentarse a cierta profundidad porque a partir de ahí existe una capa de terreno que cumple unas determinadas condiciones. Sin embargo, por razones económicas, los ingenieros pueden decidir hacer una cimentación más superficial y más ancha para reducir costes.
Y puede ocurrir que, años después, unas capas situadas unos metros por debajo de esa cimentación sufran procesos de disolución. Quizá un geólogo había detectado la presencia de sales, pero esas sales se formaron hace cientos de miles de años, cuando en esa zona existía un lago salino. Si esas sales se disuelven, el terreno puede perder volumen y capacidad portante, producirse asentamientos diferenciales y, en el peor de los casos, que la estructura ceda y parte del puente termine colapsando.
Esto que, explicado así, puede parecer exagerado o incluso ridículo —salvando muchísimo las distancias— es precisamente el tipo de problema que estamos viendo en la Línea 7 del Metro de Madrid.
La diferencia es que, por lo que parece, en este caso no se realizaron estudios geotécnicos e hidrogeológicos con la profundidad y el alcance que una obra de esas características requería.
Y ahí es donde se entiende por qué la geología no es un complemento de la ingeniería:
es una de las bases sobre las que se construye; y yendo más allá, junto con la química, es la ciencia básica en la que se cimenta nuestro estado del bienestar.
Lo que no se dan cuenta desde las facultades es que la gente estudia geología y no ejerce, y los que ejercen sobreviven; no todos terminan en departamentos de REPSOL, Chevron o similares y las grandes constructoras, me da a mí, que subcontratan servicios allí donde tengan sus obras y con una o dos personas que supervisen basta...