La edad media española roza los 60 y el relevo no llega
España es un país de viejos, y esta vez no es una impresión de sobremesa. La edad media de la población ronda ya los 60 años, una franja que funciona en la práctica como antesala de la jubilación. Quien salga a la calle encontrará la confirmación empírica en menos de un minuto. El problema central no es que haya muchos mayores, sino que detrás no llega el relevo.
Las señales del envejecimiento que se ven en la calle
Los indicios se acumulan sin necesidad de estadística. Los ambulatorios se llenan de pacientes mayores y de recetas crónicas; las cafeterías, de señoras que alargan el café de media tarde; los mercados y los espectáculos, de jubilados. En la carretera la foto es igual de elocuente: la edad media del conductor se sitúa por encima de los 50 años, y en las autovías aparece con frecuencia alguien circulando lento por el carril central. Quien vuelve de una estancia en Varsovia lo describe igual: la sensación de aterrizar en un geriátrico.
¿Por qué Italia aguanta peor la caída de la natalidad?
El fenómeno no es exclusivamente español. La comparación que más se repite apunta al sur de Italia, donde la fecundidad se mueve entre 1,1 y 1,2 hijos por mujer, por debajo de la media italiana, ya de por sí en torno a 1,2. Hay provincias del sur y de las islas que coquetean con el 0,9 y el 1,0, cifras de contracción directa. El norte aguanta algo mejor porque la inmigración tapa parte del agujero; en el sur, sin ese colchón, el descenso es más abrupto.
La trampa de llamar joven a los 35
Hay un detalle administrativo que descoloca más que cualquier gráfico. La definición de «joven» es elástica y se estira según convenga: el INE maneja el tramo de 15 a 29 años, pero la Garantía Juvenil y el bono de alquiler han ido ampliando la etiqueta hasta los 30 y los 35. Es decir, el umbral de juventud se corre hacia arriba al mismo ritmo al que envejece la población. No es casualidad: la etiqueta sirve para repartir ayudas, y el tramo se amplía a medida que el país cumple años.
Con estos mimbres, la predicción es incómoda y conviene hacerla con reservas. Si la natalidad sigue en estos niveles, el peso de los mayores sobre la población activa crecerá con cada año que pase, y las políticas de estímulo tendrán que competir con un gasto creciente en pensiones y sanidad. El detalle que nadie cuadra del todo: por qué el desplome se acelera antes en el sur de Europa que en otras regiones con renta parecida.