El INE entra en el hilo: 44,55 años de media, no 60
Llega el dato y descoloca la pelea. Un participante pega las cifras del INE de 2025 y deja el «60» temblando: la edad media de toda la población residente era de
44,55 años. La de los nacidos en el extranjero,
41,26. La del resto,
45,33. Ni apartando a los de fuera se llega a los 60. Se queda en unos 45.
Qué se ha sabido
El hilo se llena de números que hasta ahora nadie había puesto. El del INE es el más citado:
44,55 / 41,26 / 45,33. La traducción que hace el mismo forero: la población nacida fuera ya pasa de
10 millones y llega mayoritariamente en edad de trabajar, así que en un parque, en el metro por la mañana o en una obra su peso parece mayor que en la media nacional, que incluye a todos los jubilados que no se ven en esos sitios.
A eso se suman más lecturas. Uno calcula que de los
30 millones de españoles quedarían
15 con más de 70, y que «de aquí a 10-15 años habrá más de 50 millones» de población total, según su cuenta. Otro asegura que
más del 60% de los nacimientos en España son ya de hijos de no autóctonos. Y un tercero apunta un detalle para rizar el rizo:
los turcos son los más jóvenes, dice, y lo encuentra curioso.
También aparece un tuit con imágenes de Suecia, Berlín, Londres y Nueva York, pegado por un participante para ilustrar el mismo diagnóstico.
Y una pregunta que arrastra una respuesta larga: a qué edad se considera joven. El tramo, dice quien responde, es elástico y se estira donde convenga al presupuesto. El INE usa
15-29; la administración ha ido subiéndolo —
30, 35 para la Garantía Juvenil y el bono de alquiler—. La pregunta real, concluye, no es a qué edad se es joven, sino a qué edad dejan de ordeñarte con la etiqueta.
De calle: un conductor que circula por el carril central a 80 por hora,
«jodiendo hasta a los camiones». Añade el forero que eso hace treinta años era cosa de viejos y hoy es que todo el mundo es viejo. Otro enumera lo que ve: ambulatorios llenos de mayores, cafeterías con señoras de café con leche, autovías con conductores lentos, espectáculos con jubilados.
«España es un país de viejos. Pese a quién le pese».
La media que circula en el hilo:
https://content1.avplayer.com/60095c900c0799791c46d8d4/videos/631a0c75c080af4ad20201d4/large-poster.jpg
Dónde está la bronca
El INE no zanja nada. Quien defendía los 60 no se mueve; quien traía los 45 tampoco. Un participante lo sitúa directamente en la percepción frente a la estadística: lo que ves no es la media nacional, es el sitio donde miras. Nadie le discute el cálculo, pero nadie lo adopta como bandera.
El segundo frente es la natalidad. Uno lanza que más de la mitad de nacimientos no son de autóctonos y otro responde que hay países del norte donde eso mismo es lo que sostiene la población. Se discute si la mezcla es el problema o la solución a las pensiones. Un tercero tercia que el drama no es esa mezcla sino la falta de relevo: los que ahora tienen 40-50 llegarán a 65 siendo minoría, sostiene.
Entra un asunto nuevo que divide al hilo: el de los treinta y tantos que no han tenido relaciones. Uno asegura conocer un caso de
37 y otro de
34 y sostiene que es un fenómeno del que no se habla. Le corrigen:
«No, no son virgendoritos», dice otro, que ofrece contarlo.
La pelea de origen vuelve a aparecer, con reproches mutuos entre dos participantes. Al que se queja de hipocresía le responden con un silogismo: si lo que dijo es verdad eres hipócrita, y si es falso eres lo otro. Otro zanja que el interlocutor no ha contestado al mensaje.
También salta la política de partidos: una participante pregunta si solo el PSOE y el PP tienen la culpa de todo esto, y si los empresarios no cuentan.
Qué cambia respecto a antes
Entra el INE como árbitro y descoloca la pelea de cifras. La discusión pasa de «¿es 60 o 45?» a «¿por qué la calle no se parece a la media?». El consenso que se impone, sin que nadie firme nada: la estadística no respalda el 60, pero tampoco lo que ven los ojos en el ambulatorio.
Se estrena un tema: la falta de relevo no solo por natalidad, sino por lo que uno llama la generación de treinta y tantos que no forma familia. Y se cuela Italia: «en el sur nadie tiene hijos», dice un participante, que pide los últimos datos de natalidad de esa zona.
Lo que se vaticina
Aquí el hilo se va de las manos. Un participante predice que la población bajará a cifras medievales y que el ajuste llegará con un conflicto, citando una película. Otro le responde que eso es de un género que no viene al caso. Se cruzan avisos de que la deuda demográfica pasará a las siguientes generaciones.
Frente a eso, la única esperanza que aparece en treinta mensajes es una pregunta suelta en medio del barullo:
«¿Y la esperanza?». Nadie la contesta.