Solo el 37,5% de los ocupados sostiene el sistema, según un cálculo que circula en un foro
Un participante en un foro de debate afirma que el 37,5% de los ocupados en España mantiene al resto de la población. La cifra, según su mensaje, mide la ratio entre quienes trabajan en el sector privado y el total de personas que dependen de alguna forma de las cuentas públicas. El dato ha servido para reabrir un debate incómodo: la sostenibilidad del modelo económico español, lastrado por una deuda pública creciente y una presión fiscal que recae sobre una base cada vez más estrecha.
El análisis de la serie histórica que plantea ese mismo forero muestra una tendencia decreciente. En el año 2000, según su mensaje, los ocupados en el sector privado representaban el 60% del total. En 2010, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, la ratio cayó al 48%. En 2024, se sitúa en el 37,5%. La caída sería de aproximadamente un punto porcentual por año, un ritmo que, de mantenerse, llevaría a la economía española a una situación límite en poco más de una década.
¿Qué mide exactamente el 37,5% de remeros?
El término «remeros» designa, en el lenguaje del foro, a los trabajadores del sector privado que, con sus impuestos y cotizaciones, financian el gasto público. La ratio del 37,5% se obtendría al dividir el número de ocupados en el sector privado entre la población total. El resultado indicaría que cada persona que trabaja en una empresa privada sostiene, directa o indirectamente, a casi dos personas que no lo hacen.
La cifra incluiría a funcionarios, pensionistas, perceptores de ayudas sociales y empleados de empresas públicas o dependientes de subvenciones. No todos ellos son «parásitos», como sugiere cierta retórica. Los pensionistas, por ejemplo, pagan impuestos sobre sus nóminas. Pero el flujo neto de dinero iría del sector privado al público, no al revés.
La deuda pública como sostén del chiringuito
El sistema no se sostendría solo con impuestos. La deuda pública actuaría como una suerte de muleta que permite mantener el nivel de gasto sin subir aún más la presión fiscal. Según un forero, España necesita financiar un déficit anual en torno al 5% del PIB con emisión de deuda. Ese déficit se acumularía año tras año, elevando el pasivo total.
La comparación con otros países es inevitable. Japón y Singapur tienen ratios de deuda pública muy superiores a la española y no han colapsado. Los defensores del modelo intervencionista lo usan como argumento: si ellos aguantan, España también puede. Los críticos responden que la deuda es una forma de conquista, que Europa acabará exigiendo recursos naturales o activos estratégicos a cambio de comprar el pasivo español.
El cálculo que nadie quiere hacer: cuándo quiebra el sistema
La pregunta del millón es a qué porcentaje de remeros se rompe la baraja. Algunos mensajes del foro apuntan al 25%. Otros, más pesimistas, al 17%. No hay consenso. Lo que sí hay es una certeza: la tendencia es decreciente y no se ha invertido en dos décadas.
El envejecimiento de la población agrava el problema. Cada año se jubilan más personas y se incorporan menos al mercado laboral. La natalidad no remonta. La inmigración, que podría compensar parcialmente, no lo hace al ritmo necesario. El resultado es una ecuación imposible: menos remeros, más pensionistas, más gasto público.
El sector productivo, asfixiado
Quienes trabajan en el sector privado no solo sostienen el sistema con impuestos. También lo hacen con su tiempo, su energía y su capacidad de generar riqueza. Según un mensaje del foro, el 60% de su tiempo despierto lo pasan trabajando. A cambio, reciben salarios que, en muchos casos, no superan los 1.200 o 1.400 euros al mes.
La comparación con los perceptores de ayudas es odiosa, pero se hace. Hay quien sostiene que «el que reme es gilipollas», porque la diferencia entre trabajar y no hacerlo se ha estrechado hasta límites que desincentivan el esfuerzo. La economía sumergida y el fraude fiscal completan el cuadro.
¿Es sostenible el modelo español a largo plazo?
No hay una respuesta unívoca. Los datos apuntan a que el modelo actual es insostenible sin reformas estructurales. Pero las reformas implican costes políticos que ningún gobierno quiere asumir. La deuda se paga de una manera u otra. La pregunta no es si habrá ajuste, sino cuándo y quién lo pagará.
Mientras tanto, el chiringuito sigue funcionando. Los remeros siguen remando. Los demás, mirando. Hasta que el barco se hunda o alguien decida cambiar el rumbo.