Hallado el cuerpo del fundador de Luanvi tras la DANA
¿Qué pasó con Vicente Tarancón? El fundador de la marca deportiva Luanvi, de 72 años, desapareció el martes 29 de octubre tras un almuerzo en el restaurante La Orza de Ángel, en Chiva, junto a José Luis Marín, propietario de los colegios Mas Camarena; Miguel Burdeos, de la empresa proveedora de Mercadona SPB, y Antonio Noblejas, ex director general de EDEM. Volvían de Chiva en un coche a las 17.55 horas cuando se perdió su rastro. Este domingo se ha confirmado el hallazgo de su cuerpo sin vida, según fuentes de la marca textil y personas cercanas a la familia. Luanvi, creada a principios de los años 70, ha vestido al Valencia, el Villarreal y el Levante, y sigue siendo proveedor del Valencia Basket, el Maratón de Valencia y la Behobia de San Sebastián.
Una desaparición en plena catástrofe
La noticia llega en medio del balance de víctimas de la DANA que ha sacudido la Comunidad Valenciana. El cuerpo de Tarancón se suma a una lista que, a la fecha de esta discusión, las autoridades cifraban por debajo de los 300 fallecidos, un dato que una parte del debate recibía con escepticismo. «Han muerto varias personas conocidas, sin embargo pretenden decirnos que la cifra total de muertos no llega a 300», resume una de las intervenciones más repetidas. La desproporción entre la relevancia pública de los fallecidos y el recuento oficial alimenta la desconfianza.
El perfil del fallecido —empresario textil, directivo de una firma con décadas de historia— ha llevado la conversación hacia un terreno incómodo: la visibilidad de las víctimas. Hay quien sostiene que los nombres conocidos acaparan la atención mediática mientras los anónimos quedan en un limbo administrativo. «Solo han muerto famosos... igual que con el covid», apunta una intervención que condensa ese malestar.
El negocio textil que vistió al Valencia y al Villarreal
Luanvi no es una marca cualquiera en el imaginario deportivo valenciano. Fundada a principios de los 70, ha sido proveedora de clubes de primera línea y mantiene contratos con el Valencia Basket, el Maratón de Valencia y la Behobia de San Sebastián. Tarancón, de 72 años, ejercía como director ejecutivo. Su desaparición y posterior hallazgo convierten la catástrofe en un golpe directo al tejido empresarial de la región.
La trayectoria de la compañía, sin embargo, no ha estado exenta de debates sobre el modelo de negocio del textil deportivo español, un sector dominado por multinacionales y donde las firmas locales pelean por nichos de proximidad. La figura de Tarancón encaja en ese perfil de empresario de segunda generación que sostiene estructuras industriales medianas en un mercado hostil.
La teoría del ocultamiento y los forenses
La conversación derivó rápidamente hacia la gestión de la catástrofe. Una corriente sostiene que las cifras oficiales no cuadran: «Si resulta que ya tienen identificados a la gran mayoría, que a penas aparecen nuevos cuerpos, que siguen haciendo 144 forenses trabajando?», se pregunta una intervención que pone el foco en la contradicción entre el despliegue forense y la ausencia de nuevos recuentos. Otra línea apunta directamente al ocultamiento: «Este anuncio confirma que están ocultando cuerpos. Sólo van a sacar a la luz los de gente conocida que no pueden ocultar».
Frente a estas tesis, otras voces recuerdan que la identificación de cadáveres en catástrofes es un proceso lento y que la presencia de forenses no implica necesariamente un goteo constante de hallazgos. La discusión, en cualquier caso, refleja una desconfianza estructural hacia las cifras oficiales que excede el caso concreto.
El empresario y la política: acusaciones cruzadas
El perfil empresarial de Tarancón y de sus acompañantes en el almuerzo —propietarios de colegios, proveedores de Mercadona, exdirectivos de escuelas de negocio— ha servido de munición para teorías conspirativas. Una intervención sugiere que «la de ajustes de cuentas entre mafiosos y/o empresarios estos días, simulando que fue por las riadas, aprovechando que hay aun desaparecidos». Otra apunta a que «alguno que está en busca y captura, algún familiar, le va a reportar como desaparecido en la Dana».
Estas hipótesis no cuentan con ningún respaldo probatorio y circulan como especulación en un contexto de caos informativo. La cautela obliga a tratarlas como lo que son: rumores sin verificación. Lo que sí es un hecho es que el fallecido compartía mesa con figuras relevantes del empresariado valenciano, un detalle que ha amplificado el interés público de la noticia.
La moralina del dinero y la muerte
El suceso también ha destapado la vena reflexiva del personal. «Moraleja...el dinero y el poder te sirven de poco contra una riada de agua», resume una intervención que se repite con variaciones. Otra añade: «La vida da muchas vueltas. Muchos no se dan cuenta de que estamos aquí de prestado. Todos deberíamos ser algo más humildes». El tópico del ubi sunt aplicado a la actualidad valenciana.
No falta quien aprovecha para ajustar cuentas ideológicas. «Corolario: si votas PP obtienes muerte», sentencia una intervención que convierte la tragedia en arma arrojadiza. La política, como era previsible, se cuela en el duelo.
El debate sobre la responsabilidad institucional
La gestión de la DANA ha abierto una brecha entre quienes exigen dimisiones y quienes defienden la respuesta institucional. En el caso de Tarancón, la discusión derivó hacia la responsabilidad de los propios afectados: «¿Tu tambien consideras que el rey, que no tiene ningun poder de gobierno, tiene la culpa de que miles de subnormales se metieran al sotano inundado a sacar el seat panda?», se lee en una intervención que mezcla el sarcasmo con la crítica a la cultura del salvamento material.
Otra línea apunta a la Confederación Hidrográfica del Júcar y a la Generalitat como responsables de la falta de previsión. La polémica sobre quién avisó a quién y con cuánta antelación sigue abierta, y el hallazgo del cuerpo de Tarancón la mantiene viva.
El fundador de Luanvi se suma a la lista de víctimas de una catástrofe que, a la fecha de esta discusión, seguía generando más preguntas que respuestas. Su marca vistió a media Comunitat Valenciana. Su muerte, como la de tantos otros, no ha servido para cerrar el debate sobre las cifras. Solo para recordar que el agua no distingue entre empresarios y anónimos.