El problema del submarino es su dependencia geopolítica sobre USA. Sobre el papel tenemos un buen submarino, con sus correspondientes problemas en los plazos y sobrecoste para redimensionarlo, que no fue poco. PERO...
- El sistema de combate del S-80 (el cerebro) fue integrado por Lockheed Martin.
- Si España decidiera unilateralmente usar el submarino para atacar un objetivo que afecte directamente a los intereses nacionales de EE. UU., Washington no necesitaría enviar barcos: le bastaría con bloquear el software, cortar el suministro de repuestos de mantenimiento o negar los códigos de navegación satelital (GPS militar).
- Esto ya le pasó a Argentina en la Guerra de las Malvinas con armamento francés y a la propia España en el conflicto de Sidi Ifni en los años 50 (donde EE. UU. prohibió usar los aviones que había cedido a España).
Incluso, si lo armaras con otro tipo de armamento que no fuera estadounidense, existe el problema de que USA vetase el código fuente.
Para que un misil (sea español, francés o noruego) funcione en el S-80, hay que "enchufarlo" a las consolas de Lockheed Martin. EE. UU. custodia celosamente el
código fuente de sus sistemas informáticos y no permite que cualquiera meta mano para integrar armas ajenas sin pasar por sus ingenieros y sus cajas de pago.
- El cambio del misil antibuque: Originalmente, el S-80 iba a llevar el misil Sub-Harpoon norteamericano. Sin embargo, tras decisiones de la US Navy de dar de baja ciertas versiones, España dio un volantazo soberano: ha descartado el misil de EE. UU. y ha encargado la integración del misil NSM (de la empresa noruega Kongsberg). Al ser un misil europeo, disminuye un escalón la dependencia de Washington, aunque todavía obliga a pagar a Lockheed Martin para que abra el software y permita la integración en sus pantallas.
- El dilema del misil de crucero: Si España decidiera mañana tener misiles de largo alcance (para no depender del Tomahawk de EE. UU.), la única alternativa real en el mercado sería el MDCN (Scalp Naval) francés. El problema es que Francia cobra tarifas multimillonarias por adaptar sus misiles a sistemas informáticos norteamericanos, lo que genera un conflicto geopolítico entre empresas de ambos países.
Al pagar a Lockheed Martin para integrar el misil noruego NSM, se les está dando acceso a información sensible.
Para abrir las consolas americanas, la empresa noruega Kongsberg y la Armada Española tienen que entregar a los ingenieros de Lockheed Martin lo que se llama la
"matriz de datos de vuelo", las firmas de radar, los pesos, los algoritmos de guía y las frecuencias de comunicación del misil. Sin esos datos precisos, el ordenador del S-80 Plus no podría calcular cómo se comporta el misil al salir del tubo ni cómo guiarlo.
USA gana un conocimiento absoluto de los puntos fuertes y débiles de un misil europeo de última generación que, de hecho, compite directamente en el mercado con sus propios productos (como los Harpoon mejorados). Aunque existen contratos de confidencialidad estrictos, a nivel de inteligencia militar, Washington se asegura de que ninguna tecnología occidental de primer nivel escape a su supervisión y control de software.
La hipótesis de que
Estados Unidos bloquearía el uso de tecnología propia en un conflicto entre España y Jovenlandia es un riesgo geopolítico histórico y muy real. Jovenlandia es un "Aliado Principal No-OTAN" de Washington y uno de sus mayores compradores de armas en la región.
Si estallara una crisis por Ceuta, Melilla o las aguas de Canarias, la efectividad del S-80 Plus se vería comprometida de dos formas muy distintas: [1, 2]
- El bloqueo informático (Lo que SÍ pueden inutilizar): Si el S-80 Plus estuviera equipado con misiles puramente norteamericanos (como el Tomahawk o el Sub-Harpoon), EE. UU. podría impedir su lanzamiento apagando remotamente los sistemas de posicionamiento GPS militar, denegando los códigos de cifrado informático o bloqueando la actualización del software de guiado de las consolas de Lockheed Martin. El software norteamericano procesa registros de balística, distancias y telemetría que podrían comprometer la efectividad operativa de los torpedos. En ese aspecto, la capacidad de ataque a larga distancia del submarino quedaría anulada.
- La propulsión y navegación (Lo que NO pueden bloquear): A diferencia de lo que ocurre con los misiles, EE. UU. no puede "apagar" el submarino por control remoto para que deje de navegar o de defenderse. El casco, los motores diésel, las baterías, el sistema de propulsión AIP-BEST de bioetanol y, muy importante, el software de los torpedos pesados alemanes DM2A4 son de fabricación y propiedad intelectual europea y nacional. Pero al necesitar la consola de Lockheed Martin para disparar, USA, si no quisiera apoyarnos del todo, podría ponerse de perfil con nosotros, además de pasarle más datos sensibles a Jovenlandia.
En las fragatas (F100) la dependencia con Estados Unidos es idéntica o incluso mayor que en el S-80, pero en las corbetas la soberanía de España es total.
El cerebro es estadounidense: Las fragatas
F-100 (Clase
Álvaro de Bazán) fueron los primeros buques europeos en incorporar el sistema
Aegis de Lockheed Martin.
El radar de las F-110,
AN/SPY-7(V)2, desarrollado de nuevo por la norteamericana Lockheed Martin. Recientemente se logró integrar con éxito el radar estadounidense con las consolas españolas SCOMBA. Pero si Washington decide "apagar" el software del radar SPY-7, la fragata F-110 queda completamente ciega.
El secuestro de las armas: Los lanzadores de misiles de las fragatas F-100 y F-110 son los
silos verticales MK-41, de fabricación estadounidense. Todo el armamento interceptor de largo alcance principal de la Armada (los misiles
Standard SM-2 y los
Evolved SeaSparrow ESSM) es de propiedad norteamericana. Al igual que con el S-80, si EE. UU. bloquea las claves, las fragatas no pueden disparar para defenderse.
La única garantía de buque moderno que tenemos en una guerra con Jovenlandia son las Corbetas.